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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Andrea McRostie, es una influencer que promueve la vida sana y el deporte, señala que en EE.UU. la competencia laboral es más intensa. También observa que ciertas costumbres como saludar de beso, no se realizan en en su país natal. McRostie que decidió mudarse a Chile en 2016, destaca las oportunidades laborales que ha tenido en el país.

Andrea McRostie (32) es una chilena-estadounidense que conoce muy bien ambos países. Andi, como es conocida en Instagram, es hija de un chileno radicado en Estados Unidos.

Nacida en Miami, desde sus primeros años, viajaba a Chile por sus vacaciones hasta que en 2016, decidió mudarse a nuestro país. Andi que estudió políticas públicas y ecología, se ha fijado en las diferencias que hay entre los dos países.

En conversación con BioBioChile, la influencer que promueve la vida sana y el deporte, devela que aspectos de Chile le llama la atención.

Las costumbres típicas

“Yo nací y me crié en Estados Unidos, pero en mis vacaciones de verano, las pasaba en las Rocas de Santo Domingo”. Con siete hermanos, Andrea visitaba el balneario durante el verano, para tener clases de música, siendo un espacio valorado por ella, ya que le permitía desconectarse del colegio en Estados Unidos, que era definitivamente más “cuadrado”. “En cambio en Chile, la gente es más abierta, a mi me encanta conversar”.

Así pues, la chilena-estadounidense también hizo octavo básico a segundo medio en Chile. En aquel tiempo, ya observaba que algunas costumbres típicas en Chile, no tenían nada que ver con Estados Unidos.

“Me acuerdo que en octavo básico, iba entrando a la sala y los niños te saludaban de beso. Yo pensé que la estaba rompiendo ja,ja,ja”, parte diciendo Andrea. “En Estados Unidos, no se saluda de beso”, complementa. Es por ello, que McRostie recuerda ese shock cultural, a veces la gente piensa que soy maleducada, pero me cuesta saludar de beso”.

En ese sentido, una situación que le llama profundamente la atención es que la gente la felicita a menudo por lograr las metas que consigue siendo una mujer. “La semana pasada, me fui en bici con una amiga a Buenos Aires (hay una distancia de 1,389 km) y me aplauden un poquito más por hacerlo”, comenta a la presente redacción.

De ese modo, reflexiona que en Estados Unidos “no es un tema”, ya que los espacios ocupados tradicionalmente por hombres, se acepta sin problemas a las mujeres, por ejemplo, en los famosos “campamentos de soccer”.

También cuenta que con el deporte, se ha podido demostrar que puede realizar cualquier actividad física. “A veces haciendo mountain bike pienso que me voy a morir en el cerro, pero después te fijas que no es tan terrible”, reflexiona. “Ese proceso es muy empoderador, porque con disciplina uno puede atravesar los miedos”, agrega.

La alta competencia en Estados Unidos

Por otra parte, Andrea afirma que en Estados Unidos, hay una alta competencia con los puestos de trabajo, “es un poco más difícil destacarse”, puntualiza. En cambio, en Chile, señala es posible “hacerla” con una ética de trabajo relativamente buena.

Al respecto, señala que en Estados Unidos, el ambiente competitivo se percibe en los colegios, con los rankings de notas, además de que ingresar a la universidad es sumamente exigente. Por ejemplo, cada niño debe tener ciertas horas de voluntariado, tener formación de líder y tener a disposición las cartas de recomendación de sus profesores.

“Yo llevé eso toda mi vida”, recalca Andi. Aunque reconoce que esta exigencia, le ha permitido desenvolverse con naturalidad en el mercado laboral. “Yo soy supertrabajólica y ahora vivo de mis inversiones y de las redes sociales”, afirma.

El regreso a Chile

Andi cuenta que vino a Chile después que un pololo le propuso organizar un circuito de tenis playa, por lo que hizo sus maletas para venir a trabajar en este proyecto que duró un año y medio.

A través de este deporte, la “gringa” como le dicen, conoció las diferentes playas de nuestro país. “Yo antes tenía trabajo en una universidad prestigiosa, hasta mi familia se preguntaba cómo iba a renunciar por algo que no estaba segura”, recuerda.

Igualmente Andrea, detalla que se atrevió pensando en que era su oportunidad para regresar al país que conoció en su infancia. “Desde ahí, que he hecho mil cosas, trabajé en un local de motocicletas, en marketing, además que terminé emprendiendo en un servicio de traducciones”, indica.

“Se han ido presentando muchas oportunidades”, afirma. Una de ellas es que hace poco viajó a Hornopirén y Cochamó, quedando maravillada por los paisajes sureños. “En Estados Unidos, no me había pasado que echará de menos los estados del sur, pero aquí el sur tiene una magia”, expresa emocionada. “En Miami uno no anda a caballo, ja, ja,ja”, cierra.