La familia Hormazábal fundó el restaurante en 1962.
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Miguel Hormazábal, empresario gastronómico, ha dedicado su vida a los porotos con rienda desde su infancia en La Serena. Transformó la casa familiar en "El palacio del poroto con rienda", convirtiéndolo en un ícono de la comida casera, después de un popular chascarro protagonizado por la periodista Catalina Edwards.
Miguel Hormazábal es empresario gastronómico y, desde que tiene memoria, su vida ha estado ligada al plato típico nacional, los porotos con rienda.
Desde su infancia en La Serena, cuando le preparaban la receta casera, hasta la antigua casa que se convirtió en “El palacio del poroto con rienda”, Miguel ha progresado en la vida, gracias a las emblemáticas legumbres.
Fue su madre, María Moreno, quien levantó con esfuerzo y dedicación, hace 64 años, el restaurante familiar, ubicado en General Amengual 494, en la comuna de Estación Central.
Aunque durante varias décadas fue una tradicional “picada”, conocida por los vecinos y trabajadores del sector, desde el 2009, Hormazábal lo rebautizó como “El palacio del poroto con rienda”, así que muy pronto, el lugar se transformó en un icono por lo pegajoso del nombre.
De todas formas, los porotos son la perfecta carta de presentación de “El Palacio”, que mantiene ocupado a Miguel, que en conversación con BBCL, se niega a decir su edad, porque “cree que solamente es un número” y que usualmente suele provocar incomprensión en la gente.
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Una vida en los escenarios
En ese sentido, Miguel, aclara, que su vida la imaginaba en los escenarios, pues es cantante y tiene su banda Los Viejos Porfiados. “Cuando la gente pierde el propósito, se acaba la vida”, reflexiona en una esquina de su restaurante.
“Es [preferible] que los adultos mayores no se dejen estar”, menciona Miguel, que explica que la cantante Cecilia, fue su productora musical. “Me dijo: ‘Te voy a lanzar’, pero en esos tiempos Chile era otro”. “Fue una gran maestra, muy buena, me llevaba a todas partes, me enseñó muchas cosas”, recuerda.
Una vez, en una presentación en Concepción, Miguel había terminado su show interpretando dos canciones, pero Cecilia le dijo que al público había que hacerlo esperar, para generar expectativa en medio de la presentación.
Así pues, una vez que terminó la colaboración con la intérprete de “Baño de Mar a Medianoche”, por diferencias personales, pronto inició una carrera en solitario, emigrando a Buenos Aires, pero en 1978, tuvo que irse por el conflicto político entre Chile y Argentina. “Siempre me pasaba algo”, confiesa Miguel. Después de intentar incursionar en la música y de vivir en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, a inicios de los años 90, Hormazábal regresó a Chile, para hacerse cargo del negocio familiar.
El Palacio del poroto con rienda
Al no lograr su primer objetivo, que era vivir de la música, Miguel Hormazábal, buscó un plan b, por lo que decidió enfocarse en el local de su madre. “La gente me decía: ‘Qué buenos son los porotos’ y encontraban rica la onda de la comida casera”, señala a la presente redacción.
De hecho, desde que le vino la “inspiración” y le cambió el nombre de “San Miguel” a “El Palacio del poroto con rienda”, la clientela ha aumentado con los años. “A mí me llegó lo del nombre, que para mí es muy importante. En la historia de este tipo de cosas, el nombre influye mucho”, remarca Miguel.
Incluso el dueño de “El Palacio” recibió en una oportunidad, a la primera dama, Cecilia Morel, para el lanzamiento del programa “Elige vivir Sano”. Por otro lado, el negocio también ha sido el escenario de un icónico chascarro protagonizado por Catalina Edwards y José Luis Reppening, durante un despacho en vivo para Mega.
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En las imágenes, Gonzalo Jiménez, el periodista de Mega, exhibió el clásico plato “Pancho Villa” y después otra versión llamada “La Panchita”. “¿Sabes cómo es? ¿Es igual, pero sin…?”, le comentó el reportero antes de la inesperada respuesta de Catalina. “Sin longaniza”, respondió Edwards. “No, sin huevo”, afirmó el reportero.
Ante todo, de manera espontánea y debido al momento televisivo que es recordado hasta hoy, los comensales no han dejado de ir al restaurante.
“Yo nunca busqué la publicidad, llegó sola”, cuenta Hormazábal.
Sin embargo, pese a que tuvo planes de abrir más locales, como la sucursal de Santiago, en la calle Lira, al final, el estallido social y la pandemia, afectaron económicamente al local. “Mis hijos se dieron cuenta de que tener una casa central es lo mejor, yo creo que la gente busca el original siempre”, reflexiona el empresario.
Por otro lado, Hormazábal relata que siente mucho agradecimiento por los porotos, que le han dado el sustento para sus tres hijos y a su mujer, Mónica Acuña. “Yo siempre comí poroto desde chico y cuando estaban los platos a las doce del día, yo era el primero que comía el primer plato. Después lo tomé como cábala”, agrega a BBCL.
Así pues, Hormazábal revela que su éxito se debe a que “los garzones tienen la camiseta puesta, en la cocina igual, aunque sea frase cliché, eso que dicen que las cosas se hacen con amor es verdad, porque si tú haces la pega con amor, te sale todo mejor”.
Finalmente, Miguel expresa con naturalidad, que cuando el local estaba surgiendo y le tocaba cocinar, a veces les cantaba a los porotos, un ingrediente místico, para que los porotos sepan mejor.
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