Kate Farmer es una joven británica que iba a viajar por tres meses a Chile, pero al final se quedó a vivir en el país, debido a su conexión con el campo chileno.

La búsqueda de un propósito, puede llevar a una persona recorrer miles de kilómetros, para hallar las respuestas a sus inquietudes personales. Y así de un modo particular, cada hombre y mujer trata de satisfacer esta necesidad. Aunque el camino nos lleve por un camino insospechado que nunca pensamos en transitar.

Antes de dejar la ciudad de Winchester, ubicada en el condado de Hampshire, al sur de Inglaterra, la vida de Kate Farmer era la de una joven normal, pero con una sed de nuevas experiencias.

Con 19 años, en el año 2013, dejó su país para vivir durante tres meses en la localidad de Quebrada de Paihuano, ubicada en la Región de Coquimbo. En medio de cerros y plantaciones, Kate tomó contacto con la naturaleza, y se maravilló del lugar. En ese instante supo que iba a vivir en la zona.

De este viaje transcurrieron once años, y la vida de Kate Farmer continúa como una paihuanina. De hecho, de manera indirecta hizo honor a su apellido “Farmer” que en español significa granjero.

Hoy en BioBioChile contaremos la historia de Kate Farmer, la vida de una agricultora británica en tierras chilenas.

Una agricultora en el fin del mundo

La fascinación por el cultivo partió de forma inesperada para Farmer, que en sus primeros meses en la localidad de Paihuano, aprendió a trabajar un terreno de cuatro hectáreas bajo los principios de la agroecología, una práctica que permite conservar el conocimiento de los agricultores respecto “al riego y la preparación de compost, el abono natural que se recicla de los residuos orgánicos”, cuenta en perfecto español que lo mezcla con un ligero acento británico.

Con estas diferentes labores, Kate mantiene las cosechas de zapallos, tomates y porotos. Y por medio de los almácigos, el espacio donde los hortaleros siembran distintos tipos de semillas, la inglesa prepara los cultivos de la temporada.

Pero sin dudas, es un trabajo que empezó a valorar con los años, cuenta a BBCL, ya que debido a las diferentes prácticas que ha tenido que desempeñar, se hacía difícil entender la época de cosecha. “Vine bien arrogante y desconectada de esta vida campesina. No se trata de un oficio, es una forma de vivir. Para mí es una vida fascinante y lenta, porque siempre hay algo por hacer”.

Por ejemplo, Farmer suele realizar el compostaje a partir de las cáscaras de huevo, restos de pescado y ramas secas.

Bajo estos cuidados, la inglesa sostiene que su jornada puede variar según la tarea que le aguarde. Un día le puede tocar trasplantar sus huertas o en cambio en otro, deberá comenzar con la recolección de semillas, remarca.

Una sabiduría ancestral proveniente de la naturaleza

Una vez que aprendió el ritmo de la siembra, se percató que la naturaleza rige el tiempo de los agricultores. Según recuerda, cada acción, se hace a partir “de lo que dice el árbol o la época del año, para nosotros la cosecha no se divide en meses normales, sino que dividimos los meses en estaciones”, afirma con emoción.

Al respecto en primavera se empieza a sembrar y en el verano son los días en que los agricultores cosechan. Y así sucesivamente, Farmer cree que en su trabajo tienen ocho calendarios en uno, donde las actividades son constantes a lo largo del año.

Pero, ¿cómo es la vida campesina todos los días del año? la británica cuenta que en el campo hay un ambiente de hospitalidad, porque es tradición que “llegues a la casa de un vecino y puedes tocar la puerta y la gente te recibe sin tener una cita previa”, comenta entre risas.

Y sobre todo la ayuda que puede brindar una comunidad es esencial, en estos momentos en que el déficit hídrico golpea con fuerza a la zona. “Es una muerte lenta, nunca he vivido algo así, es una real angustia porque uno no puede hacer mucho”, expresa.

En este sentido el sistema frontal que llegó a la comuna de Paihuano en abril pasado, y que acumuló los 20 milímetros de agua acumulada, afirmó la Dirección Meteorológica de Chile, fue un alivio para los agricultores de la zona, que suelen almacenar en estanques, el agua necesaria para rociar los cultivos.

Enseñar a los otros

Actualmente entre sus múltiples trabajos, Kate Farmer, realiza clases didácticas en colegios de Paihuano, como en el Liceo Mistraliano, donde explica a los estudiantes la importancia de recuperar la conexión con la naturaleza.

Es esta relación que permite tener una mejor salud mental,“cuando nosotros empezamos a volver a tener una conexión y comprender estos ritmos, tendemos a tener menos ansiedad”, recalca.

De hecho, un estudio en 2019, de la Universidad de Konkuk, en Corea del Sur, advirtió que los estudiantes en una sala de clases con plantas, tenían mejores niveles de concentración.

Según explicó el psicólogo Julio Carrasco en una publicación anterior de BioBioChile, las plantas y las diferentes hortalizas permiten “liberar fitoncidas, compuestos volátiles que tienen propiedades antimicrobianas y pueden influir positivamente en nuestra salud. Estos compuestos pueden ayudar a fortalecer nuestro sistema inmunológico y reducir la ansiedad”, detalló.

También con el aroma de los cultivos y el contacto con la tierra, las personas pueden vivenciar los efectos relajantes de “jardinear” y mejorar su estado de ánimo, puntualiza el experto.

La vida es mejor en verde

Kate Farmer habla que el espacio no debiera ser una dificultad para empezar con un huerto personal, puesto que en un balcón o en almácigos, las personas pueden empezar a cultivar sus alimentos.

Sin embargo, sostiene que podemos aprovechar lo que usualmente botamos a la basura, como “las cáscaras de papa que podemos usar como nutrientes.También estos residuos pueden ser los recursos para trabajar la tierra”, recuerda a la presente redacción.

Además expresa que “el trabajo de hacer germinar una semilla, no sobrevive con el esfuerzo de una sola persona”. Por esta razón, dice que una“semilla se cuida entre las comunidades”. A la vez que actividades como el trueque de semillas, permite que ellas se adapten a un nuevo clima para poder subsistir al paso del tiempo.

“Para el trabajo que cuesta, el precio de la comida no es el monto real que debemos pagar. Es un esfuerzo regar y cultivar, además no hay feriados en el campo”, reflexiona Kate Farmer.

Con una atareada agenda que involucra la realización del podcast Cuatro Huertas con un programa nuevo cada dos semanas y la publicación del libro “Huerto: un universo desconocido”, la británica comparte su experiencia en el campo chileno, la misma que la vio empezar a sus 19 años, cuando vino por primera vez a Chile hace más de una década.