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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Kerri Cunningham y Dirk Stevens se conocieron de adolescentes en Europa en 1993, vivieron un intenso romance que se vio interrumpido por la vida adulta. Años después, tras enfrentar duras pruebas personales, se reencontraron en Irlanda y dieron una segunda oportunidad a su amor.

Hasta el verano de 1993, Kerri Cunningham y Dirk Stevens eran completos desconocidos. Ella con 14 años había emprendido el viaje con sus padres a unas paradisiacas vacaciones en Italia con una escala en Inglaterra y Francia.

En un comienzo no estaba para nada contenta de embarcarse en el viaje familiar, ya que quería pasar tiempo con sus amigos en Nueva York, pero la historia tuvo un giro cuando junto a sus padres y sus dos hermanas se subieron a un ferry a Calais, Francia.

El flechazo se dio de inmediato cuando vio a Dirk de 15 años. “Me enamoré inmediatamente. Hugh Grant era muy famoso en aquella época. Y él tenía un peinado parecido al del joven Hugh Grant. Como chica estadounidense, Hugh Grant era el hombre ideal”, relató Kerri a CNN Travel.

Para él el sentimiento no fue muy diferente, quedó encantado con su sonrisa y cabello oscuro.

Que sus familias congeniaron solo hizo que la relación entre ambos se intensificara, pues mientras sus padres conversaban de máquinas y construcción, sus madres iban juntas de compras, por lo que tenían mucho tiempo para conocerse.

Así era usual que se sentaran juntos en la cena, pasaran horas conversando y escuchando música en su Walkmann, incluso escabulléndose de fiesta.

“Hay fotos nuestras con botellas de champán que nos llevamos de la cena”, recuerda Dirk. “Estoy bastante segura de que nos robamos algunos besos cuando nuestros padres no miraban”, complementa Kerri.

Kerri Cunningham y Dirk Stevens
CNN Travel

Tras dos semanas de vacaciones llegó el momento de decir adiós y no fue fácil. “Fue horrible”, rememora él.

Dado que no solo ellos habían entablado una fuerte amistad, ambas familiares pactaron reencontrarse el verano del 1994, y así fue. En esa fecha los Stevens cruzaron el charco hasta Long Island, Estados Unidos.

Después de 12 largos meses enviándose cartas y hablando por teléfono (de esos fijos y con cables), Dirk y Kerri se reencontraron. Y el que él la saludara llamándola “cariño” la derritió, la llama seguía ahí.

“Sé que es algo típico inglés, pero cuando me llamaba “cariño”, en persona, en los correos electrónicos o por teléfono, mi corazón se derretía”, confesó ella.

Cada momento, por pequeño que fuera, lo aprovechaban para pasar tiempo juntos, él incluso la acompañaba a su trabajo de verano, solo para estar con ella.

Como ambos sabían su tiempo juntos era limitado, la despedida se acercaba y con ello el fin de su romance, más no de su amor, ya que los dos sentían que volverían a verse, aunque no sabían cómo o cuándo.

Aunque mantuvieron la comunicación por varios años, esta se terminó extinguiendo por completo cuando llegaron a la universidad. En ese entonces, solo sabían del otro por la comunicación entre sus padres, quienes seguían siendo amigos.

Sin embargo, durante ese tiempo la realidad golpeó a Kerri. Su padre enfermó de ELA y para cuando ella tenía 19 años él había fallecido. La noticia devastó a los Cunningham y los Stevens.

La joven quedó tan destrozada que canceló el viaje a París que había planificado con sus amigas, pero esto la llevó a reencontrarse con Dirk.

Kerri Cunningham y Dirk Stevens en el Moulin Rouge en París
CNN Travel

A la madre del joven de ya 20 años se le ocurrió que sería buena idea que se volvieran a reunir en la capital francesa con el fin de recuperarse tras la pérdida de su padre.

Tras una semana agridulce entre reencontrarse con el amor de su vida y la ausencia de su padre, ambos volvieron a despedirse, esta vez con decisiones vitales por delante que cambiaron sus caminos.

Por un lado, Dirk tuvo tres hijos y Kerri se había casado con Dean, un amigo de Long Island. Parecía que estaba todo dicho por el destino.

En 2015 a la hija de él le diagnosticaron un trastorno genético neurológico y un año más tarde su madre falleció. El mismo año, al marido de Kerri le diagnosticaron un tumor cerebral terminal. Un año y medio después murió.

Aunque Dirk había intentado contactarla para prestarle apoyo, ella estaba enfocada en las citas médicas de su marido, y cuando él partió su mundo se puso “patas arriba” recuerda. Por ello, una de sus tías le sugirió viajar a Irlanda con ella, para “escapar” de una mala relación. Él no tardó en preguntar si se podían reunir allí.

Kerri Cunningham y Dirk Stevens
CNN Travel

En solo dos días abrieron sus corazones y se confesaron. Ella admitió su infelicidad y él le contó de su divorcio.

Pero se acercaba una nueva despedida en la historia de Kerri y Dirk, aunque ambos querían que no fuera para siempre. Fue así que él se arriesgó y le confesó su amor.

“¿Quizás podamos hacer que esto funcione?”, le preguntó. “Sabía que tenía que darnos una oportunidad real, porque algo mucho más grande nos había vuelto a unir”, recordó Kerri.

A seis años de ese encuentro en Irlanda se han consolidado como una pareja que a sus 40 años viven juntos, intentando compatibilizar sus vidas entre Estados Unidos y el Reino Unido.

Kerri, quien no tuvo hijos con Dean, admitió que conocer a los pequeños fue “un verdadero regalo”.

Kerri Cunningham y Dirk Stevens en la actualidad
CNN Travel