El juicio contra Lindsay Clancy, la mujer de Massachusetts, Estados Unidos, acusada de matar a sus tres hijos en enero de 2023, ha vuelto a poner bajo la lupa las horas previas a los crímenes, su deterioro de salud mental y la atención psiquiátrica que recibió durante los meses anteriores.
Clancy no niega haber causado las muertes, pero se declaró inocente y su defensa sostiene que no era penalmente responsable porque atravesaba una psicosis asociada al periodo posparto. La Fiscalía, en cambio, busca demostrar que actuó de forma consciente, racional y calculada.
La mujer enfrenta tres cargos de asesinato en primer grado por las muertes de Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de apenas 8 meses. De acuerdo con la BBC, si el jurado la declara culpable, podría recibir cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Si concluye que no tenía responsabilidad penal debido a su condición mental, deberá permanecer internada en un centro estatal de salud mental.
Los problemas de Lindsay Clancy comenzaron meses antes de los asesinatos
Los testimonios presentados durante el juicio han reconstruido los meses anteriores al 24 de enero de 2023. Según CNN , Clancy trabajaba como enfermera de parto y nacimiento y desde septiembre de 2022 consultaba a profesionales por ansiedad, dificultades para dormir y problemas relacionados con el posparto.
La psiquiatra Jennifer Tufts declaró que atendió a Clancy cerca de una docena de veces entre septiembre de 2022 y enero de 2023. Durante las primeras consultas, la mujer negó ideas suicidas, homicidas o alucinaciones, aunque manifestó sentirse sobrepasada con la crianza y ansiosa al separarse de su hijo menor.
En octubre pidió extender su licencia de maternidad por “ansiedad/depresión posparto”. “No me siento mentalmente suficientemente bien como para volver a cuidar pacientes con un bebé en casa que todavía no acepta la botella”, escribió entonces a Tufts, según antecedentes expuestos por la Fiscalía.
Su estado empeoró hacia diciembre. Clancy acudió a urgencias por ideación suicida y, a comienzos de enero de 2023, permaneció varios días en un centro psiquiátrico. La doctora Alia Goodheart explicó ante el tribunal que allí presentó ansiedad y sensación de “entumecimiento”, aunque mantenía un pensamiento organizado y orientado a objetivos.
Goodheart la describió como una mujer involucrada con sus hijos. “Ella estaba orientada hacia el futuro, estaba claramente comprometida con sus hijos, era una madre que se preocupaba”, declaró, según CNN.
The Guardian señala que durante esos meses los médicos le recetaron 13 medicamentos psiquiátricos diferentes. La atención que recibió también forma parte del debate que rodea el caso: Clancy y su exmarido mantienen una demanda por negligencia médica contra profesionales que la trataron.
El día antes dijo que estaba “bien”
Clancy volvió a reunirse con Tufts el 23 de enero de 2023, un día antes de la muerte de sus hijos. La psiquiatra declaró que Lindsay dijo sentirse “bien”, aunque algo más ansiosa, y negó nuevamente ideas suicidas u homicidas.
“Nada de lo que Clancy dijo indicaba que era un peligro para nadie”, afirmó Tufts. La especialista también sostuvo que nunca detectó signos de psicosis durante sus sesiones.
Horas antes de los crímenes, el 24 de enero, Clancy llevó a Cora a una consulta médica rutinaria. La pediatra Lindsay Rosshirt aseguró que tampoco detectó algo fuera de lo común. “Hasta donde yo recuerdo, fue una visita de lo más normal”, declaró, según The Guardian.
La tarde que terminó en tragedia
Ese mismo día, Patrick Clancy, entonces esposo de Lindsay, salió de la casa familiar en Duxbury, Massachusetts, Estados Unidos, para buscar comida. Cuando regresó encontró un silencio que le pareció extraño.
Según relató ante el tribunal y recogió la BBC, revisó distintas habitaciones hasta llegar al dormitorio matrimonial, cuya puerta estaba cerrada con llave. “Fue entonces cuando supe que algo andaba mal”, declaró.
Al entrar aseguró que vio sangre. Luego salió de la vivienda y encontró a Lindsay en el patio, después de que ella cayera desde una ventana del segundo piso. Presentaba cortes en las muñecas y el cuello y había sufrido una grave lesión en la columna.
Patrick llamó al número de emergencias. Cuando Lindsay le indicó que los niños estaban en el sótano, corrió hasta allí.
Primero encontró a Cora. “Tenía una banda alrededor del cuello”, relató. “Estaba boca abajo”. También encontró a Callan y Dawson con bandas elásticas de ejercicio alrededor del cuello. Patrick intentó reanimarlos hasta la llegada de los equipos de emergencia.
La Fiscalía sostiene que Lindsay estranguló a los tres niños y posteriormente intentó quitarse la vida. La caída desde la ventana la dejó paralizada de cintura para abajo.
“La voz de un hombre”
Una de las piezas centrales de la defensa apareció días después. Patrick declaró que aproximadamente una semana después de los hechos Lindsay le contó que había escuchado “la voz de un hombre” que le ordenaba matar a los niños.
Sus abogados utilizan este antecedente para sostener que Clancy atravesaba un episodio psicótico que alteró su percepción de la realidad.
La Fiscalía intenta instalar la interpretación opuesta. Sostiene que Clancy “actuó intencionalmente, racionalmente y con rapidez” y durante el juicio ha destacado que los psiquiatras que la atendieron antes de los asesinatos no detectaron alucinaciones ni síntomas evidentes de psicosis.
Los fiscales también han cuestionado la magnitud de sus heridas autoinfligidas. Médicos que la atendieron describieron los cortes en el cuello y las muñecas como superficiales, aunque las lesiones de la caída resultaron graves y Clancy incluso sufrió posteriormente un paro cardíaco, según CNN.
¿Qué está ocurriendo en el juicio?
El proceso ha avanzado con testimonios de Patrick Clancy, psiquiatras, médicos, familiares, amigos, investigadores y especialistas forenses. También han aparecido los diarios personales de la acusada.
“Quiero ayuda. Quiero estar bien”, escribió Lindsay en una de sus anotaciones. En otra entrada describió su agotamiento: “Es como si estuviera tan desesperada por tener un descanso mental de cuidar a todos que mi mente está tratando de hacer que algo físicamente esté mal conmigo”.
Durante la segunda semana del juicio, especialistas que la trataron declararon sobre su estado antes y después de las muertes. Dos psiquiatras forenses señalaron que, durante los días posteriores, Clancy parecía lúcida, comprendía las preguntas y mostraba un pensamiento organizado.
La defensa, por su parte, intenta demostrar que esa aparente funcionalidad no descarta una enfermedad mental grave. En medio de testimonios especialmente duros, Clancy ha seguido las audiencias en silla de ruedas. Ha llorado durante declaraciones sobre sus hijos y reaccionó con especial angustia cuando un médico forense explicó la autopsia de Callan.
El jurado de 12 integrantes tendrá finalmente que resolver la pregunta que atraviesa todo el proceso: no si Lindsay Clancy causó la muerte de sus tres hijos —algo que su defensa no discute—, sino cuál era su estado mental cuando ocurrió y si podía comprender y controlar sus acciones.
Aunque eljuicio contempla todavía nuevos testigos y fue proyectado para extenderse durante varias semanas.