El conductor de televisión Fernando Solabarrieta confirmó que viajará a Cancún, México, para someterse a un tratamiento contra la adicción con ibogaína, una sustancia extraída de las raíces de un arbusto africano.
Se trata del mismo controvertido tratamiento al que se sometió Presley Gerber, hijo de la modelo Cindy Crawford, quien falleció meses después en un centro de rehabilitación en Los Ángeles.
La sustancia psicodélica para la adicción de Fernando Solabarrieta
La historia de la ibogaína como tratamiento contra las adicciones nació en 1962, casi por casualidad, cuando un joven que consumía heroína notó que, tras tomar una dosis de esta sustancia, los síntomas de abstinencia desaparecían casi por completo.
Desde entonces, distintos estudios han repetido ese hallazgo según una revisión publicada en 2023 por la Revista de Psiquiatría del Uruguay.
En uno de ellos, un 80% de los participantes con dependencia a opioides reportó una reducción drástica o total de los síntomas de abstinencia tras el tratamiento. En otro, personas dependientes de cocaína pasaron en promedio 5,5 meses sin consumir después de una sola sesión, y hasta 8,4 meses si repetían el tratamiento.
De igual forma, la ibogaína también parece aliviar síntomas de depresión y ansiedad, algo frecuente en personas con adicciones.
En experimentos con ratas, una sola dosis de la sustancia logró un efecto antidepresivo similar al que la fluoxetina (un antidepresivo común) solo consigue después de tres dosis.
Aún no saben con precisión por qué funciona
Los científicos aún no saben con precisión por qué funciona. Se sabe que la sustancia interactúa con varios receptores del cerebro a la vez, y que promovería la generación de proteínas que ayudan a las neuronas a “repararse” y adaptarse, un fenómeno llamado neuroplasticidad.
Se cree que la ibogaína podría ayudar al cerebro a reconectar circuitos que quedaron alterados por el consumo crónico de drogas, algo que los tratamientos actuales —enfocados solo en calmar síntomas— no logran hacer.
Curiosamente, también provoca un estado de vigilia con características parecidas al sueño REM (la fase del sueño donde soñamos más intensamente), lo que explicaría por qué quienes la consumen describen experiencias similares a sueños vívidos, incluso con los ojos abiertos.
Sin embargo, la sustancia tiene un lado oscuro, ya que puede provocar arritmias cardíacas graves, incluso mortales. Esto ocurre porque bloquea unos canales del corazón encargados de regular su ritmo eléctrico, lo que puede desencadenar un trastorno llamado síndrome de QT largo, capaz de producir latidos peligrosamente irregulares.
No generaría adicción
Así, se han registrado alrededor de 37 muertes asociadas al consumo de ibogaína, la mayoría en clínicas alternativas sin control médico ni monitoreo cardíaco adecuado. Ese uso “casero” o poco regulado es justamente lo que ha complicado que avancen estudios clínicos más grandes y rigurosos.
Por eso, los investigadores insisten en que su administración solo debería hacerse bajo supervisión médica estricta, con monitoreo constante del corazón y evaluaciones previas de salud del paciente.
A pesar de su potencia y de los efectos casi alucinatorios que produce, la evidencia hasta ahora sugiere que la ibogaína no genera adicción en sí misma, algo poco común entre las sustancias psicoactivas.