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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La tradición de la última comida de los condenados a muerte en Estados Unidos ha despertado curiosidad y controversia. Aunque los reclusos pueden solicitar platos variados, la regla inquebrantable es que no pueden pedir bebidas alcohólicas ni tabaco. Un estudio revela que la mayoría elige alimentos ricos en grasas, proteínas y calorías, como bistec, pollo frito, hamburguesas, pizza y postres. Esta elección se atribuye a la comida reconfortante en momentos de estrés extremo. Aunque algunos estados permiten la última comida especial, Texas eliminó esta tradición tras el rechazo de Lawrence Russell Brewer a su banquete.

Una pizza familiar, un bistec a término medio, dos litros de helado o una hamburguesa doble con queso y tocino. Antes de ser ejecutados, algunos condenados a muerte en Estados Unidos aún pueden elegir cuál será la última comida que probarán en su vida. La tradición, heredada de antiguas costumbres europeas, sobrevive solo en algunos estados y está regulada por estrictas normas penitenciarias que incluso establecen un alimento —o, más bien, una bebida— que nadie puede pedir.

Esta práctica, que causa tanta curiosidad como controversia, todavía se mantiene en algunos estados que conservan la pena capital. Sin embargo, aunque los reclusos del llamado “pabellón de la muerte” pueden solicitar platos muy variados, existe una regla que prácticamente nunca cambia: no pueden pedir alcohol.

¿Qué suelen pedir los condenados?

Más allá de algunos pedidos extravagantes, las preferencias son sorprendentemente parecidas.

De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell y publicado en la revista científica Appetite, tras analizar 193 últimas comidas de condenados a muerte en Estados Unidos, la mayoría eligió alimentos ricos en grasas, proteínas y calorías.

Los investigadores encontraron que el 84% pidió algún tipo de carne, el 68% incluyó alimentos fritos, un 66% solicitó postres y el 60% pidió bebidas gaseosas.

El estudio calculó además que estas comidas contenían, en promedio, 2.756 calorías, con aproximadamente 2,5 veces la cantidad diaria recomendada de proteínas y grasas.

Lo más pedido por los reclusos del pabellón de la muerte

De acuerdo al estudio, entre lo más pedido está:

– Bistec
– Pollo frito
– Hamburguesas con queso y tocino
– Pizza, generalmente de carne o pepperoni.
– Papas fritas
– Puré de papas
– Aros de cebolla
– Helado y postres
– Bebidas gaseosas o saborizadas

Pero, ¿por qué eligen comida tan calórica? Los investigadores creen que la respuesta va mucho más allá del hambre.

Según los autores del estudio de la Universidad de Cornell, estos alimentos corresponden a lo que en psicología se conoce como comfort food o comida reconfortante, es decir, platos asociados a recuerdos familiares, celebraciones o momentos de bienestar.

En situaciones de estrés extremo, como enfrentar una ejecución, las personas tienden a elegir alimentos ricos en grasas, azúcar y sodio porque evocan familiaridad y pueden proporcionar una sensación de alivio emocional.

Por lo mismo, no es casualidad que la palabra “frito” aparezca una y otra vez en las listas analizadas por los investigadores: pollo frito, bistec frito, y papas fritas fueron algunos de los pedidos más repetidos.

El único “capricho” que está prohibido

Aunque cada estado establece sus propias normas para las ejecuciones, el alcohol está vetado prácticamente en todos los sistemas penitenciarios estadounidenses.

La razón es sencilla, las bebidas alcohólicas son consideradas contrabando dentro de las cárceles, por lo que no pueden ser entregadas a los internos, incluso si se trata de su última comida.

Lo mismo ocurre con cigarrillos, puros y otros productos derivados del tabaco, aunque ha habido salvedades. Uno de los últimos condenados en recibir una excepción fue Manuel Fernández, ejecutado en 1835, quien habría podido beber un poco de brandy y fumar un cigarrillo antes de morir.

Última comida de Ted Bundy
Última comida de Ted Bundy

No todos los estados permiten elegir la última comida

La famosa tradición tampoco existe en todo Estados Unidos.

Según el Death Penalty Information Center (DPIC), organización dedicada al análisis de la pena de muerte en Estados Unidos, algunos estados permiten que los condenados soliciten una comida especial antes de la ejecución, mientras otros la eliminaron hace años o simplemente sirven el menú habitual de la prisión.

Entre quienes aún mantienen esta tradición, algunos fijan límites de presupuesto. En Florida, por ejemplo, el costo máximo permitido es de 40 dólares (unos 36 mil pesos chilenos), mientras que en Oklahoma asciende a 25 dólares (poco más de 23 mil pesos chilenos).

El banquete que terminó con la tradición en Texas

Uno de los casos más conocidos ocurrió en Texas. En 2011, el supremacista blanco Lawrence Russell Brewer, condenado por un asesinato motivado por odio racial, pidió un enorme banquete compuesto por dos filetes de pollo frito, una hamburguesa triple con tocino, una pizza de carne de Pizza Hut, fajitas, asado, helado, bebidas gaseosas y otros alimentos.

Cuando la comida llegó, Brewer simplemente dijo que no tenía hambre y rechazó todo el pedido.

De acuerdo con el diario británico The Guardian, el episodio provocó una fuerte reacción pública y llevó al estado de Texas a eliminar definitivamente la tradición de las últimas comidas especiales.

Desde entonces, los condenados reciben el mismo menú que cualquier otro preso el día de su ejecución.

Las últimas comidas más recordadas

Algunos pedidos se hicieron famosos por lo particulares que fueron. El asesino serial John Wayne Gacy, conocido como el “Payaso Asesino”, pidió un balde de pollo frito original de KFC, 12 camarones fritos, papas fritas y medio kilo de frutillas.

Última comida de John Wayne
Última comida de John Wayne

En contraste, Timothy McVeigh, responsable del atentado contra el edificio federal Alfred P. Murrah, en Oklahoma City, en 1995, eligió una opción mucho más simple: dos litros de helado de menta con chispas de chocolate.

Aunque estos pedidos suelen generar curiosidad, la tradición de la última comida especial ha ido desapareciendo con el tiempo. Varios estados han decidido eliminarla por razones económicas, de seguridad o para evitar polémicas como la que desencadenó Lawrence Russell Brewer.

Para algunos, permitir que un condenado elija su última comida representa un gesto simbólico de humanidad antes de la ejecución. Para otros, se trata de un privilegio injustificado para personas condenadas por delitos extremadamente graves.

Lo cierto es que, incluso en los estados donde esta tradición aún existe, la libertad de elección tiene límites. Sin importar cuán elaborada o extravagante sea la petición, el alcohol continúa estando fuera del menú.