El agua con gas saborizada, como una alernativa a las típicas bebidas abre una duda cada vez más común: realmente puede afectar la salud de los dientes.
Aunque muchas personas la consideran una opción más ligera o “inofensiva”, especialistas en odontología advierten que la respuesta depende de un factor clave: qué tipo de bebida se consume y con qué frecuencia.
Según expertos consultados por The New York Times, el agua carbonatada simple, sin azúcar ni aditivos, implica un riesgo bajo para la salud bucal.
Así lo explicó Kenneth Allen, vicepresidente de odontología general de la Universidad de Nueva York, quien señaló que el agua con gas pura representa un riesgo bajo para la salud dental. Sin embargo, el escenario cambia cuando se trata de versiones saborizadas, endulzadas o incluso bebidas alcohólicas con gas, ya que en esos casos se suman compuestos ácidos y azúcares que sí pueden perjudicar el esmalte.
¿El agua con gas daña los dientes?
La explicación a un daño en los dientes está en su composición. El agua con gas básica contiene dióxido de carbono disuelto, que al mezclarse con el agua forma ácido carbónico. Se trata de un ácido débil, menos agresivo que los presentes en refrescos azucarados o bebidas cítricas, pero que igualmente reduce el pH en la boca. Ese efecto, aunque menor, puede favorecer con el tiempo la erosión del esmalte si la exposición se vuelve constante.
Los especialistas remarcan que el problema no pasa solo por la bebida en sí, sino también por la manera en que se consume. Tomarla en sorbos pequeños y repetidos durante largos periodos prolonga el contacto del ácido con los dientes y favorece la desmineralización. Eso, a largo plazo, puede traducirse en sensibilidad dental, caries y desgaste del esmalte.
Por eso, las recomendaciones apuntan a preferir aguas con gas naturales, sin azúcar ni aditivos, y revisar siempre las etiquetas. También aconsejan consumir estas bebidas junto con las comidas para reducir el tiempo de exposición ácida en la boca.
A esto se suman medidas prácticas para bajar el riesgo. Los odontólogos sugieren usar bombilla para disminuir el contacto con los dientes, enjuagarse la boca con agua corriente después de beber y evitar el cepillado inmediato tras ingerir bebidas ácidas. En este último caso, recomiendan esperar al menos 30 minutos, para dar tiempo a que la saliva restablezca el equilibrio y ayude a proteger el esmalte.