La sostenibilidad del futuro no dependerá exclusivamente de la calidad de los proyectos que se ejecuten, sino también de la calidad de las conversaciones que seamos capaces de generar en torno a ellos.

La propuesta de integrar los centros de montaña de El Colorado, Valle Nevado y La Parva, por parte de Mountain Capital Partners (MCP), abre una conversación que va mucho más allá de la infraestructura, la conectividad o el turismo de invierno. En realidad, plantea un desafío que hoy enfrentan muchas organizaciones: comprender que las decisiones estratégicas no solo deben ser técnicamente sólidas, sino también socialmente legitimadas.

En el ámbito de la comunicación corporativa existe una premisa básica: las organizaciones no se deben únicamente a sus clientes más visibles o rentables. Se deben a todos los públicos que interactúan con ellas, utilizan sus servicios, observan sus operaciones o se ven impactados por sus decisiones. Mientras más relevante es un proyecto para un territorio, más amplia debe ser la conversación que lo acompaña.

La montaña representa precisamente ese escenario.

Con frecuencia, la discusión sobre los centros invernales se concentra en la experiencia de los esquiadores. Es comprensible. Después de todo, se trata del principal foco de su actividad económica. Sin embargo, limitar la mirada exclusivamente a ese segmento implica desconocer que la cordillera cumple múltiples funciones sociales, deportivas, recreativas y ambientales para miles de personas durante todo el año.

Senderistas, montañistas, corredores de montaña, fotógrafos, observadores de naturaleza, agrupaciones deportivas y familias utilizan permanentemente estos espacios. Desde los sectores asociados a los centros de montaña se accede a cumbres emblemáticas de la Región Metropolitana, como el Falsa Parva, Cerro Parva, Pintor, Leonera y El Plomo, formando una red natural que constituye parte importante del patrimonio deportivo y paisajístico de Santiago.

Por lo mismo, cuando se proyectan iniciativas de integración o se ejecutan intervenciones en zonas de alta montaña, la conversación no puede limitarse a un único público objetivo.

La aparición reciente de extensos caminos en sectores cercanos al Cerro Parva, alcanzando altitudes cercanas a los 4.100 metros sobre el nivel del mar, ha generado preguntas legítimas entre quienes frecuentan la cordillera. Más allá de las explicaciones técnicas que puedan existir, el hecho demuestra que las personas quieren comprender qué está ocurriendo en espacios que consideran propios desde una perspectiva recreativa, deportiva y ambiental.

Y es precisamente allí donde la comunicación deja de ser un ejercicio de difusión para transformarse en una herramienta estratégica de construcción de confianza.

Las organizaciones que logran consolidar relaciones duraderas suelen compartir cuatro atributos fundamentales: empatía, compromiso, expertiz y transparencia. La empatía permite comprender que existen distintas formas de vivir y relacionarse con la montaña. El compromiso implica incorporar esas miradas en la conversación. La expertiz se expresa mediante información clara, oportuna y técnicamente respaldada. Y la transparencia se materializa cuando las organizaciones comunican no solo aquello que genera adhesión, sino también los procesos, cambios e intervenciones que despiertan inquietudes legítimas.

Este enfoque encuentra además un respaldo cada vez más sólido en los criterios ESG —Medio Ambiente, Sociedad y Gobernanza— que hoy orientan las mejores prácticas empresariales a nivel global. Bajo esta lógica, el éxito de una organización no se mide únicamente por indicadores financieros, sino también por su capacidad de generar valor para la sociedad, gestionar adecuadamente sus impactos ambientales y construir relaciones de confianza con sus grupos de interés.

La dimensión social del ESG exige precisamente eso: reconocer a todos los actores que forman parte de un ecosistema. En el caso de la montaña, ello supone entender que el territorio es compartido por comunidades diversas, cuyas necesidades y expectativas merecen ser consideradas.

La sostenibilidad del futuro no dependerá exclusivamente de la calidad de los proyectos que se ejecuten, sino también de la calidad de las conversaciones que seamos capaces de generar en torno a ellos.

Mountain Capital Partners tiene la oportunidad de liderar esa mirada. No solo impulsando una integración física entre centros de montaña, sino promoviendo una visión que reconozca la diversidad de usuarios que conviven en la cordillera. Porque los proyectos más sólidos no son necesariamente los que benefician a un solo grupo, sino aquellos que logran construir valor y confianza para todos quienes comparten un mismo territorio.

La montaña, al igual que la comunicación, funciona mejor cuando es capaz de conectar caminos distintos hacia un objetivo común.

Nicolás Ward Edwards
Periodista
Máster en Dirección de Comunicación Corporativa

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