¿Por qué el petróleo se ha convertido en un factor tan determinante para la economía global? ¿Cuáles son los principales riesgos de esta dependencia y de continuar basando el consumo energético en el petróleo?
La reciente interrupción del suministro de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, provocada por la guerra en Oriente Medio, ha golpeado con fuerza a los mercados energéticos, impulsando un fuerte aumento de los precios del crudo y generando temores de un shock económico global.
Los expertos advierten posibles “consecuencias catastróficas” para la economía mundial si el conflicto se prolonga. Este paso marítimo constituye un punto crítico geopolítico y uno de los principales cuellos de botella del sistema energético global, ya que por él transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo.
Aunque la Agencia Internacional de la Energía ha señalado que el conflicto ha provocado “la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial”, las crisis del petróleo no son un fenómeno nuevo.
La historia registra episodios como la crisis de Suez de 1956, la crisis del petróleo de 1973 y la Guerra del Golfo de la década de 1990, entre otros, que generaron fuertes aumentos de la volatilidad de precios y efectos significativos sobre la economía mundial. No es casual que un reciente artículo de The New York Times resuma con claridad la crisis actual: “El viejo juego ha vuelto: el petróleo vuelve a ser una poderosa herramienta geopolítica.”
El petróleo sigue siendo la principal fuente de energía de consumo, representando aproximadamente el 40% del total mundial. De esta proporción, cerca del 46% se destina a gasolina, principalmente para el transporte, mientras que el 54% restante se transforma en productos petroquímicos utilizados en medicamentos, cosméticos, plásticos, caucho sintético, productos de limpieza y asfalto.
Esta amplia presencia en múltiples sectores lo convierte en un componente central de las cadenas globales de suministro. Además, el crudo genera por sí solo más de 2 billones de dólares anuales de valor económico, lo que lo convierte en el commodity más comercializado del mundo, superando incluso el valor combinado de los diez principales mercados de metales, incluidos hierro, cobre, oro y aluminio.
La limitada disponibilidad de sustitutos en el corto plazo aumenta significativamente esta dependencia y hace que la demanda de petróleo sea relativamente inelástica. Por ello, la idea de un mundo sin petróleo está lejos de ser simple.
La pregunta, entonces, es por qué el petróleo se ha convertido en un factor tan determinante para la economía global. ¿Cuáles son los principales riesgos de esta dependencia y de continuar basando el consumo energético en el petróleo?
Los inicios de la Revolución Industrial se caracterizaron por el uso de la madera y el carbón como principales fuentes de energía; sin embargo, el carbón se convirtió rápidamente en el combustible dominante, permitiendo expandir significativamente la escala de la industrialización durante los siglos XIX y XX. El principal crecimiento de la economía mundial, especialmente a partir de la década de 1950, coincidió con la consolidación del petróleo, cuyo uso se extendió a casi toda la estructura de la economía global. El crudo se convirtió así en un elemento clave del rápido crecimiento y de la globalización económica.
Aunque su uso inicial estuvo asociado principalmente a la iluminación, el punto de inflexión más importante en su masificación llegó con la difusión del motor de combustión interna, que impulsó una verdadera revolución del transporte. Automóviles, barcos, camiones y aviones transformaron la movilidad de bienes y personas, convirtiéndose en uno de los principales motores de la globalización.
El petróleo marcó además otro hito relevante al incrementar significativamente la demanda de productos refinados, cuando la industria petroquímica comenzó a transformarlo en plásticos y numerosos productos químicos que sustituyeron materiales tradicionales en múltiples aplicaciones a gran escala.
La razón por la que el petróleo se convirtió en el combustible dominante de la economía mundial está asociada a sus favorables propiedades físicas. Posee características únicas que le otorgan una ventaja significativa frente a otras fuentes energéticas.
En primer lugar, su alta densidad energética mejora la eficiencia económica y productiva. Además, su estado líquido facilita la producción, requiere menos espacio de almacenamiento y permite una distribución a gran escala, contribuyendo a que se convierta en el commodity más comercializado internacionalmente. Su gran versatilidad y la escalabilidad de su producción le otorgaron aún más ventajas frente a otras fuentes de energía. Estas propiedades hicieron del petróleo un recurso clave en la economía global, gracias a su capacidad de generar economías de escala crecientes. Según Daniel Yergin en The Prize, el lema central de la economía petrolera era: “Más grande es mejor”.
Durante las últimas décadas, el petróleo ha transformado prácticamente todos los aspectos de la sociedad; sin embargo, la creciente dependencia mundial ha generado vulnerabilidades en múltiples dimensiones y difícil situaciones de salida.
Uno de los principales riesgos para la mayoría de las economías globales, relacionado con la geopolítica, proviene de las interrupciones en el suministro y de la alta volatilidad de los precios. Durante décadas, las cadenas de suministro de petróleo a nivel global se han optimizado para maximizar la eficiencia económicas, concentrando la producción y el abastecimiento en regiones que minimizan los costos.
Este modelo ha generado grandes beneficios económicos, pero también ha creado vulnerabilidades estructurales y dependencia de algunas regiones y los países particulares. Por ejemplo, el costo promedio de producir un barril de petróleo en Oriente Medio está entre los más bajos del mundo, generalmente por debajo de $10, mientras que en Norteamérica los costos pueden oscilar entre $30 y $70 por barril, dependiendo de la ubicación y la tecnología empleada.
Además, la producción se concentra en un número limitado de países. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), en 2023 la economía global consumió más de 100 millones de barriles de petróleo por día, de los cuales solo el 44% provino de tres países: Estados Unidos (22%), Rusia (11%) y Arabia Saudita (11%). Además, el 75% de la población mundial vive en países importadores netos de combustibles fósiles.
La concentración de la cadena global de suministro de petróleo en unos pocos países y regiones geográficas ha convertido al recurso en un factor central de tensiones geopolíticas, ya que su control y flujo se consideran cuestiones de seguridad nacional y supervivencia económica. Por ello, los mercados de petróleo son altamente volátiles, politizados y propensos a conflictos.
El otro principal riesgo asociado a la dependencia y el alto consumo de petróleo se relaciona con una serie de costos económicos, en particular las distorsiones del mercado.
Para proteger a los consumidores de precios elevados y volátiles, bajo presión política, los gobiernos han destinado durante mucho tiempo miles de millones de dólares a subsidios al petróleo, convirtiendo estas ayudas en una herramienta política importante.
Según el Fondo Monetario Internacional, en 2024 los subsidios explícitos a los combustibles fósiles alcanzaron 0,73 billones de dólares. Los subsidios al petróleo a menudo son la raíz de problemas crónicos en muchos países atrapados en esta dependencia.
El argumento económico clásico en contra del uso de subsidios es que provocan un desajuste entre los precios y los costos de producción. Una vez implementados, son muy difíciles de eliminar, ya que retirar subsidios es políticamente complicado.
Sin embargo, estos subsidios conllevan importantes costos a la economía: generan cargas fiscales persistentes, crean ineficiencias, distorsionan los mercados al mantener los precios artificialmente bajos y desincentivan la inversión en energías más limpias y eficientes.
En resumen, esta crisis muestra, una vez más, la necesidad de acelerar la transición hacia fuentes de energía limpias y de aumentar la electrificación. La dependencia de los combustibles fósiles no solo es intensiva en carbono, sino también estructuralmente riesgosa desde el punto de vista económico y geopolítico.
Si bien la transición hacia energías más limpias puede reducir muchos de los riesgos asociados a la dependencia del petróleo, estas fuentes también presentan desafíos geopolíticos propios, incluida una mayor dependencia de China, que domina la producción de todo, desde paneles solares y turbinas eólicas hasta baterías recargables. Sin embargo, a diferencia del petróleo y el gas, cuya provisión es necesaria de manera continua, asegurar el acceso a los equipos solares y eólicos constituye un riesgo puntual.
Shahriyar Nasirov
Académico e investigador de CENTRA – Centro de Transición Energética de la Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI.
Director académico Magíster en Tecnologías y Gestión de Energías Renovables.
Investigador Principal en El Solar Energy Research Center (SERC Chile).
Enviando corrección, espere un momento...