Se puede imaginar un futuro donde Chile pase de ser un vendedor de commodities a pararnos de frente y plantear las exigencias que nos permitirán establecer una industria avanzada que genere más recursos, y al mismo tiempo, nos prepare para los cambios vertiginosos de la humanidad.
El escenario actual es ideal para activar una estrategia que nos permita acelerar nuestro desarrollo. El negocio ya no es vender cobre o litio, sino asegurar suministros y capturar valor para nuestra industria.
En el marco de la Semana de los Minerales en Canberra, la ministra de Recursos de Australia, Madeleine King, verbalizó la posición estratégica que han adoptado como proveedores de minerales críticos: “Muchos países simplemente no están acostumbrados a involucrarse en la minería y en el financiamiento relacionado con la minería, pero tendrán que hacerlo si quieren tener ese suministro seguro”.
Sus palabras no son solo una muestra de intenciones, sino que reflejan la estudiada estrategia australiana que apunta a potenciar el desarrollo de su industria interna con los recursos de países extranjeros. Naciones que, a fin de asegurar el acceso a suministros que son clave para el futuro, están dispuestas a desembolsar más de lo acostumbrado.
Con ese horizonte, el país oceánico ya firmó un acuerdo por minerales críticos con Estados Unidos, que incluye una cartera de inversiones por 8.500 millones de dólares, a lo que se suman convenios de cooperación con Japón, Corea del Sur, India, Francia, Alemania y Reino Unido. “Desde el acuerdo marco con Estados Unidos, ese trabajo ha adquirido una nueva urgencia por parte de otros socios, que se aseguran de tener también acceso a minerales críticos”, dijo King, entregando una señal que Chile debe escuchar.
Como evidencia la narrativa australiana, la ansiedad de diversos países no radica solamente en tener acceso a recursos críticos hoy, sino que en asegurar una cadena de suministros que se mantenga en el tiempo. Y como en todo contrato de seguros, quien quiera estar cubierto ante la adversidad, debe acatar condiciones.
Este escenario es ideal para que Chile active su propia estrategia de negociación política y comercial, fije los márgenes de nuestras posibilidades de producción y trace una ruta que nos permita potenciar la industria interna.
Una pregunta habitual en almuerzos de domingo es ¿por qué si producimos cobre le compramos las cañerías a China? Y si bien sería extremadamente optimista pensar en desarrollar una industria manufacturera que le pueda competir al gigante asiático, sí hay espacios intermedios que podemos potenciar vía la negociación de suministros.
Junto con exigir el justo pago del precio de nuestros minerales críticos, Chile puede asegurar contratos de largo plazo que consideren, por ejemplo, porcentajes mínimos de compra de productos intermedios con valor agregado derivados del cobre o litio. Es decir, potenciar lo que se denomina industrialización aguas abajo.
Esto nos permitiría dejar de sostenernos solo en la extracción y pasar hacia la creación de una industria real a través de recursos frescos, asegurados y sostenibles en el tiempo. Por lo demás, nos puede preparar para un contexto futuro donde -toca madera- las tecnologías cambien y nuestros minerales críticos, ya no sean tan críticos.
Pero no solo de oro vive la mina. A la exigencia de compra de productos intermedios se podrían sumar acuerdos de acceso a tecnología, instalación de centros de I+D, formación de capital humano e incluso traslado de inversiones hacia áreas clave para los propios bienes que se pretenden asegurar: desarrollo de proyectos de almacenamiento energético, desalación, puertos, infraestructura ferroviaria, entre muchos otros.
¿Cuál es el poder de Chile?
Pero, a cambio de todo esto, ¿qué podemos ofrecer? Chile cuenta con 190 millones de toneladas de reservas de cobre, equivalentes a más del 19% de las reservas mundiales, y con 9,3 millones de toneladas de reservas de litio, que representan más del 30% del total global. En producción, las cifras muestran más de 5 millones de toneladas de cobre fino y más de 300 mil toneladas métricas de compuestos de litio.
Como bien sabemos, el cobre será indispensable para la expansión de las redes eléctricas, la electromovilidad y las energías renovables, pero también para los centros de datos y la inteligencia artificial.
El litio, por su parte, es clave para la fabricación de baterías, sistemas de almacenamiento energético y buena parte de la infraestructura necesaria para sostener la transición hacia tecnologías más limpias.
Además del cobre y el litio, Chile también posee una posición estratégica en otros minerales críticos como el molibdeno, el renio, el yodo y el boro, varios de ellos con alta relevancia en el mercado global, siendo indispensables para aplicaciones en áreas como tecnología y electrónica, energía, medicina y producción alimentaria.
A esto se suma el desarrollo del proyecto de tierras raras de Penco, impulsado por la empresa Aclara Resources, que se encuentra en fase de evaluación ambiental avanzada. Este proyecto apunta a producir elementos clave para imanes permanentes utilizados en vehículos eléctricos, turbinas eólicas y, muy relevante para el mundo de hoy, tecnologías de defensa militar.
En concreto, hablamos del aseguramiento de recursos que servirán para separar a los países que tendrán poder de decisión, adaptación y desarrollo, de los que no. Y qué mejor que pactar por estos recursos con Chile, que cuenta con el respaldo de ser catalogado como un Estado serio, estable políticamente, que privilegia la vía institucional y cumple sus compromisos. Cualidad de altísimo valor en el mundo actual y que no cualquiera se puede atribuir.
Se puede imaginar un futuro donde Chile pase de ser un vendedor de commodities a pararnos de frente y plantear las exigencias que nos permitirán establecer una industria avanzada que genere más recursos, y al mismo tiempo, nos prepare para los cambios vertiginosos de la humanidad. Para ello, debemos dejar de pensar en que vendemos solo minerales y asumir que el escenario actual nos convierte en exportadores del que es sin duda el bien más preciado: el poder.
El que lo quiera, que invierta.
Camilo Carreño
Periodista
Máster (c) Global Energy Technology Policy, Hanyang University
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