Spoiler: En la columna de hoy no hablaremos tanto de economía, sino de la realidad social de nuestro país, más allá de la seguridad. Por lo que si no tiene mucha sensibilidad social, lo invito a no leerla.

Después de la elección de este domingo, es posible que el panorama político cambie y se provoque un reordenamiento de las mayorías políticas con un triunfo de quienes han usado la mayor seguridad como principal eslogan de campaña.

Hace un par de semanas el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Ricardo Mewes, afirmó que “sin seguridad no hay inversión y sin inversión no hay creación de puestos de trabajo. La seguridad es el factor habilitante para el crecimiento”.

Hemos dicho que la economía es una ciencia humana; por lo tanto, sus cambios, favorables o desfavorables para el país, afectan las emociones y sentimientos de los seres humanos. Por ello, para que los inversionistas confíen, el país debe entregar seguridad jurídica, pero también social, a la vida de las personas.

En nuestra sociedad, que tiene un origen en valores del cristianismo, se señala que con la misma vara que uno mide será juzgado. Por eso son tan importantes virtudes como la piedad y el amor al prójimo. Si se habla de cristianismo, inmediatamente se asocia con una persona con postura de derecha y es aquí donde un porcentaje de las personas comienza a ver inconsistencias de dicho pensamiento.

Se ha hecho popular para representar el pensamiento de derecha la frase “el pobre es pobre porque quiere” y que solo importa el mérito, sin considerar las circunstancias de la vida de cada uno. Se ponen como ejemplos a personas particulares que vienen desde abajo, pero ellas lo logran porque son excepciones, son seres humanos extraordinarios, no porque el sistema les colabore.

En el Chile actual, si una persona es de escasos recursos y por su capacidad intelectual es extraordinaria, sus aspiraciones de ascender terminan chocando con la realidad de no tener un apellido rancio, por lo que no existe realmente un premio al mérito. Es decir, hasta aquí llega la meritocracia.

Luego de que se supere el tema de la inseguridad o las personas lo normalicen, los otros problemas sociales seguirán: la educación y salud pública con problemas, la falta de viviendas, de trabajo, la migración, la falta de oportunidades.

Vamos a ejemplificar con un profesor que trabaja en una población vulnerable. ¿Cómo motiva a sus alumnos a ser mejores? Si después llega otra persona y le quita una buena oportunidad, sólo por ser amigo o hijo de. La gente humilde sabe eso, son pobres, no estúpidos.

Las personas saben que el Estado no gasta bien sus impuestos. Mis estudiantes hicieron el ejercicio de conocer la opinión de las personas en varios temas relacionados con impuestos y, en una gran mayoría, consideran que el Estado no utiliza bien lo que recauda, lo que va generando una sensación de abandono en los ciudadanos.

La dignidad y la justicia social debieran ser los conceptos anclas de nuestra sociedad, pese a haber sido malamente entendidos, nulamente explicados y sometidos a burla desde octubre del 2019. Pero la gente no los identifica con la derecha y ese es el riesgo de lo que viene luego de pasado el tema de seguridad.

Ahora, ante el problema de seguridad, las soluciones han sido: aumentar las penas, más balazos, más violencia. Sin embargo, ¿qué saco con aumentar el número de personas en la cárcel? Eso solo genera más enojo, peor aún considerando que las cárceles no son espacios de rehabilitación, sino más bien escuelas del delito.

Mucho se ha hablado también de la libertad de elegir, ¿pero hasta dónde llega? Hasta lo que el dinero permite. Sin él no se puede escoger ni un sistema de salud, ni educación, y tal libertad se convierte en utopía. Por eso que es importante la economía, para mejorar la calidad de vida de las personas, pero parece que el gobierno actual la está abandonando a su suerte.

La solución de los problemas sociales debe venir de un enfoque integral, considerando la economía, pero también la dignidad del ser humano, para así cumplir lo que dice el art. 1 de nuestra actual carta magna: “Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

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