Chile, por sus características y ubicación planetaria, es un territorio que une las bondades de su geografía y la posibilidad de enfrentar una variedad de desastres naturales. En efecto, nuestro territorio ha sido por millones de años el espacio de interacción entre fenómenos atmosféricos, oceánicos y terrestres. Ese paisaje natural, desde la cordillera a la costa, ha sido intervenido por el quehacer humano. En muchos casos se ha ignorado el conocimiento científico sobre las posibilidades y restricciones existentes y, en consecuencia, sin políticas y una planificación para un uso racional del espacio.
En años recientes ha habido una secuencia de incendios que han abarcado amplias áreas urbanas y rurales, terremotos, tsunamis, sequías prolongadas, temporales de vientos y precipitaciones extraordinarias. Cada una ha afectado vidas humanas, servicios básicos, infraestructura, conectividad, patrimonios productivos y culturales.
Sin duda, hay mucho que avanzar en cultura ciudadana y perfeccionar la acción pública en planificación, recursos y coordinación, pero es justo reconocer que también hay progresos y mayores capacidades para abordar estas calamidades, como ocurre en el ámbito sísmico, donde Chile goza de alto prestigio y reconocimiento a nivel internacional.
Hoy se dispone de mayores conocimientos sobre el comportamiento de los cursos de agua continentales, los fenómenos oceánicos, atmosféricos y la cubierta vegetal, la base geológica y la propensión sísmica. En algunos casos, tales insumos han sido considerados en las políticas públicas y los instrumentos de ordenamiento territorial, tanto a nivel ministerial, regional y comunal.
Asimismo, hay mayores conocimientos de los grupos humanos, las realidades en que se desenvuelven y cómo incorporarlos en iniciativas de prevención y reacción ante situaciones adversas. Sin embargo, la información científica sólo cobra valor cuando es asumida por los integrantes de la comunidad y la administración pública.
Así, emerge un segundo desafío fundamental, como es la formación de cuadros técnicos y profesionales que, dotados de los conocimientos disponibles, puedan cubrir las muy diversas áreas vinculadas al tema. Si bien algunos programas de pre y posgrado están directamente vinculados a la prevención, reacción y reparación de los efectos materiales de las catástrofes, otros abordan el impacto en la salud mental de las personas y grupos sociales.
Así, las acciones vinculadas –ex ante, durante y después- a las catástrofes interpelan una gran diversidad de ámbitos, que siempre demandarán recursos humanos calificados que apliquen el acervo societal acumulado.
El conjunto de conocimientos y recursos humanos calificados disponibles adquirirán su plena potencia cuando ellos estén a disposición de la institucionalidad pública y, especialmente, de la comunidad. La experiencia internacional evidencia que nada reemplaza una población informada y preparada. Esto requiere implementar iniciativas que hagan el puente con las diversas formas de organización existentes como juntas de vecinos, gremios productivos, medios de comunicación, ONG, entidades comunitarias y culturales diversas.
Esto implica reconocer que las capacidades públicas –centrales, regionales y locales-, si son en muchas áreas insuficientes en situaciones normales, lo serán más aún en momentos de catástrofes. Para que los diversos sectores ciudadanos asuman responsabilidades es necesario entregarles herramientas –información y capacitación-. Tal pedagogía social les permitirá enfrentar mejor los problemas y desarrollar sus potencialidades.
Al momento de escribir esta opinión, en medio de los eventos que afectan a muchas localidades y familias, hay miles de personas que están protagonizando las dimensiones indicadas: generando conocimientos, formando recursos humanos y trabajando codo a codo con organizaciones de base para superar emergencias.
Este es el aporte que realizan las universidades regionales a las comunidades de su entorno, contribución que explica la alta valoración que se tiene de ellas.
Enviando corrección, espere un momento...
