El cáncer de mama no espera. Y cuando el Estado llega tarde, las consecuencias las terminan pagando las mujeres y sus familias.

Hablar de cáncer de mama no puede seguir siendo un tema que aparezca solo en octubre o en campañas puntuales. En Chile, esta enfermedad sigue cobrando vidas y muchas veces el gran problema no es la falta de tratamientos, sino que seguimos llegando tarde.

Según un informe de la Biblioteca del Congreso Nacional, hoy el cáncer de mama mata a una mujer cada ocho horas en nuestro país.

Además, durante 2024 el sistema público alcanzó apenas cerca de un 20% de cobertura en mamografías para mujeres entre 50 y 69 años. Eso significa que solo una de cada cinco mujeres se realiza este examen preventivo, pese a que puede marcar una diferencia vital.

Lo digo también desde una experiencia personal. Tuve cáncer de mama y actualmente sigo en tratamiento, por eso sé lo importante que es llegar a tiempo.

La detección temprana salva vidas, pero en la práctica todavía existen enormes barreras para acceder a una mamografía.

Muchas mujeres trabajan durante los horarios en que se realizan los exámenes, viven lejos de los centros médicos o simplemente no logran obtener una hora a tiempo. Por eso es urgente bajar la edad de acceso a la mamografía gratuita a los 40 años, ampliar los horarios de atención e incorporar jornadas los sábados.

Lo mismo ocurre con los mamógrafos móviles, que deben contar con una calendarización clara para llegar efectivamente a sectores rurales y alejados, especialmente en regiones como Los Ríos.

El cáncer de mama no espera. Y cuando el Estado llega tarde, las consecuencias las terminan pagando las mujeres y sus familias. Reforzar la detección temprana no es solo una política pública necesaria: es una responsabilidad urgente.