El desafío superior consiste en comprender que estos territorios forman parte de un núcleo estratégico del país.

En las últimas semanas se dieron a conocer dos noticias de relevancia estratégica. El gobierno decidió impulsar un plan para mejorar la conectividad de la región de Aysén y el Ministerio de Defensa Nacional evaluará la rehabilitación del refugio Eduardo García Soto en Campos de Hielo Sur. Ambas iniciativas reflejan la persistencia de brechas para ejercer una soberanía efectiva en territorios estratégicos.

Estas medidas adquieren sentido en conjunto. Un espacio fragmentado y con brechas en distintos ámbitos no solo entorpece su desarrollo, sino que pone en riesgo nuestros intereses nacionales. Esto resulta sensible en Campos de Hielo Sur, donde persisten vacíos relativos de presencia estatal y porque constituye un eslabón crítico en la continuidad territorial hacia Magallanes.

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A esto se suma su condición de reserva estratégica de agua dulce, cuyo valor futuro podría incrementar el interés de otros países por la zona. En este contexto, la reciente discusión sobre minerales y recursos críticos no puede desvincularse del territorio, pues sin presencia efectiva del Estado en zonas extremas, cualquier estrategia orientada a proyectar estos activos pierde potencial.

Así, la denominada “soberanía efectiva” sigue siendo insuficiente en esta zona. Este concepto se refiere a la capacidad del Estado para ejercer control real en espacios aislados, apoyar a la comunidad, reaccionar ante condiciones adversas, resguardar los recursos naturales y garantizar condiciones básicas de seguridad y bienestar.

Por sus capacidades especializadas, en este esfuerzo, las Fuerzas Armadas cumplen un rol predominante en la zona. La Armada asegura el control de accesos marítimos y sostiene la logística en canales australes. La Fuerza Aérea garantiza el transporte estratégico y la capacidad de respuesta ante emergencias en una de las zonas más aisladas del país.

Sin embargo, el despliegue permanente en Campos de Hielo Sur recae en el Ejército de Chile a través de la Compañía Andina Divisionaria N° 20 “Cochrane”, como parte de la IV División de Ejército, a la cual se integran otros medios distribuidos permanentemente en la región, que incluyen capacidades logísticas, de ingeniería, telecomunicaciones, montaña y medios aéreos.

Y esto responde a una lógica bien sencilla: la soberanía se ejerce con las botas puestas sobre el terreno.

Si bien el empleo más visible del Ejército en la actualidad se ha concentrado en el norte y en la macrozona sur, lo que responde a prioridades nacionales evidentes, estas misiones deben convivir con otras menos conocidas, pero igualmente críticas. Su presencia en Campos de Hielo Sur es una muestra de ello, en donde, pese a las dificultades operacionales y logísticas inherentes al terreno, han logrado sostener una soberanía efectiva en un área de responsabilidad que, por sus condiciones, opera como una verdadera frontera interior.

Esta Compañía representa una punta de lanza del despliegue estratégico del Ejército, que por casi 15 años ha proyectado soberanía en la zona, con un alto grado de alistamiento y personal entrenado para operar en condiciones extremas de alta montaña, manteniendo una importante capacidad disuasiva.

Sus expediciones implican desplazamientos de entre 20 y 70 kilómetros, en marchas con crampones y esquís, sobre nieve, hielo y grietas, enfrentando vientos de hasta 100 km/h, temperaturas bajo cero y con cargas de equipo superiores a 60 kilos.

Desde su cuartel de avanzada en Villa O’Higgins realizan inserciones lacustres y aéreas hacia Campos de Hielo Sur y sus inmediaciones, brindando apoyo ante emergencias a las familias de Cochrane, Puerto Yungay, Villa O’Higgins y de las riberas del Lago O’Higgins. Además, contribuyen a tareas de interés nacional, apoyando la investigación científica, la instalación de estaciones meteorológicas y la conservación del Parque Nacional Bernardo O’Higgins.

En la medida que las urgencias nacionales lo permitan, esta presencia debe fortalecerse. La incorporación de tecnología, siguiendo la experiencia del norte, aparece como una evolución lógica, la que tendrá que articularse con las capacidades institucionales de ciencia, tecnología e innovación para la defensa, resguardando al mismo tiempo el financiamiento y sostenimiento de los medios actuales.

Sin embargo, la tecnología no reemplaza al componente humano, como principal factor de capacidad. Pues, para mantener un grado creíble de disuasión, garantizar el bienestar de la población y, en definitiva, ejercer una soberanía efectiva, la presencia física sobre el terreno, como hoy la materializa el Ejército, sigue siendo insustituible.

El desafío superior consiste en comprender que estos territorios forman parte de un núcleo estratégico del país, lo que nos obliga a aceptar que la soberanía en Campos de Hielo Sur dejó de ser una tarea periférica y se transformó en una condición para la seguridad y la proyección futura de Chile.