Bajando en las encuestas y con un deterioro de su capital político, quienes llegaron a encabezar el Estado y el gobierno portando sus críticas como banderas y plenos de ideas generales, con sus actos han dejado en evidencia que muchos de ellos llegaron a aprender, a improvisar, sin saber que manejar los asuntos desde adentro es mucho más difícil que hacerlo con la mera prensa y la propaganda desaforada.
Menos de dos meses
El gobierno de José Antonio Kast, a menos de dos meses de haber asumido experimenta disensos, descoordinaciones y fisuras que en otros gobiernos se han presentado más tarde. La prensa, a veces de modo jocoso, agrega los llamados “errores no forzados”, que han sido declaraciones muy desafortunadas de personeros del nuevo Gobierno.
Alguien sostuvo, como explicación y para llamar a la calma y la paciencia, que si bien es cierto que debían afinarse los procesos, también es preciso que se tenga paciencia porque los nuevos funcionarios, desde ministros para abajo, deben tener un tiempo de “aprendizaje”.
Durante la campaña presidencial, José Antonio Kast sostuvo que ellos no llegarían al gobierno a improvisar, sino con todo previsto, debidamente estudiado, con los proyectos preparados y un plan que cambiaría la cara del país en los primeros 90 días.
En el mismo período de campaña electoral, se insistió en la idea del gobierno fracasado para referirse a Boric y se criticó con dureza a los “gobiernos anteriores”. Del gobierno saliente se agregó que era un gobierno ineficiente pues quienes estaban gobernando no tenían ninguna experiencia que los avalara para dirigir el país.
La verdad es que después de la campaña presidencial y estos discursos, sobre todo con la expectativa de los 90 días, se podría haber esperado algo mejor que lo que estamos viviendo.
Del discurso fácil a la ejecución real
Quienes llegaron a encabezar el Estado y el gobierno, portando sus críticas como banderas y plenos de ideas generales que los inspiran en todos los temas, con propuestas de lo que debería ejecutarse en cada una de las áreas del quehacer nacional, han dejado en evidencia que muchos de ellos llegaron a aprender, a improvisar, sin saber que manejar los asuntos desde adentro es mucho más difícil que hacerlo con la mera prensa y la propaganda desaforada.
Los otros, los que están en los cargos claves del poder y constituyen el núcleo duro de los partidarios del Presidente, tienen un plan que no se ha revelado por completo, pero se va dejando sentir. Teniendo como eje a Kast y su segundo piso, acompañado del ministro del Interior y del ministro de Hacienda, se sigue un riguroso proyecto que nos acerca al pinochetismo.
Tratan de ser sutiles, pero los traiciona su propia voluntad, el deseo de no tener cortapisas, en lo que el ministro García está siendo muy útil pues dialoga con todo el mundo, aunque se enojen los diputados de la UDI. La estrategia es sencilla: entretener a los diputados y senadores, lanzar sondas para ver la receptividad general de las medidas y aplicar a “raja tabla” las políticas diseñadas para establecer el control total.
Una mirada desde el fanatismo
El diputado Agustín Romero, que no tiene empacho en expresarse de la manera más directa y de paso vulgar, a propósito del nombramiento de Jeanette Vega en un cargo de subdirección de un hospital, sostuvo que en las elecciones el país votó para que “los zurdos” se fueran y no terminaran trabajando en cargos del Estado. Propone que no quede nadie de los que él califica de esa manera, en cargos públicos, aunque ellos sean de competencia profesional o técnica.
Es decir, se trata de arrasar sin respeto alguno por quienes tienen ideas distintas en materia política. El diputado, sosteniendo que lo hace con mucho respeto al referirse así a estas personas, expresa sin restricciones el pensamiento de quienes hoy gobiernan: todos deben irse y no volver más. Ellos repondrían el artículo octavo dela Constitución de 1980 donde las personas de pensamientos diferentes no podrían tener cargos en la administración pública.
¿Qué dirán los fanáticos como el diputado frente a las críticas de los personeros que apoyan al gobierno, pero discrepan de muchos aspectos?
¿Cómo calificarán las críticas de Squella, presidente de los Republicanos, al segundo piso de la Moneda?
¿Qué pensarán del hecho de que dos ministros de Bachelet hoy sean ministros de Kast?
No estaba todo preparado
Se prometió soluciones en los primeros 90 días de mandato, porque venían con todo preparado, según las palabras del propio líder. Ha quedado en evidencia – al haber transcurrido la mitad de ese período – que en verdad llegaron para aprender a conducirse en estas esferas y a desempeñarse como funcionarios del Estado.
No basta con haber trabajado algunas vez para el Estado, como la Ministra de Seguridad que era Fiscal Regional, sino que es necesario tener sentido político y conocer bien la realidad del área en que deberá actuar y resolver.
La desprolijidad se nota desde los nombramientos.
Llama la atención que hubo personas que no alcanzaron a asumir el cargo para el cual estaban nominadas. Un caso fue el de un ministro que celebró públicamente –sus amigos le dieron un almuerzo, ¡vaya con los almuerzos!– antes del anuncio y eso le significó que su cargo fuera para otro ministro que, haciendo honor a su apellido (Mas), tomó dos ministerios.
Se ha destacado que casi 20 secretarios regionales de diversos ministerios antes de cumplirse dos meses han renunciado a sus cargos. Hubo el caso de dos de ellos, que fueron nombrados para el mismo cargo y renunciaron ambos antes de 24 horas de haber asumido; en otro caso el nombrado nunca llegó a su oficina.
¿Qué pasó? ¿Improvisación, como se acusaba a Boric? Eso de escupir para el cielo es poco aconsejable, sobre todo en gente tan religiosa, pues Dios no es de fácil perdón con los soberbios.
Hay personeros de anteriores gobiernos derechistas (Bayer, Cruz-Coke y Mañalich por ejemplo) que miran con recelo y formulan agudas críticas a muchos aspectos de la viga maestra del proyecto Kast. No son opositores, incluso votaron por él. Pero no están contentos con lo que se dice, con lo que se propone, con lo que se hace y cómo se hace.
Los errores no forzados
La señora ministra de Seguridad, cargo al que el nuevo presidente señor Kast atribuyó la máxima importancia, partió con errores del tipo “no forzados” al decir “yo puedo”, cuando se le preguntó por qué había enviado determinado oficio. En los días siguientes se fue enredando con otras declaraciones, dando explicaciones y vacilando ante las cámaras de televisión para reclamar por el daño que se le hace como madre de familia al formularle críticas por los medios de comunicación.
Junto a eso, tal vez porque su propio exmarido y socio en una empresa (no declarada en su patrimonio) alguna vez defendió como abogado a personas por tráfico de drogas, eligió como su subsecretaria de Prevención del Delito a una abogada con más de un cliente en ese mismo ámbito delictual.
Esta subsecretaria fue la que dijo en uno de sus viajes al norte, cuando se le preguntó por lo que ella podría decirle a las personas para prevenir delitos en su contra, que ella no se metía en esas cosas (prevención del delito) y que cada uno tenía que ser capaz de organizar su propia defensa y protección. ¿Recomendaba autotutela? ¿Qué parte de lo que es su cargo no logró entender?
Lo concreto es que en materia de “seguridad”, salvo de informar ordenadamente las estadísticas semanales de delitos, no hay mayores novedades. ¿Poco tiempo de gobierno? Sí, claro, pero se prometió que en ese poco tiempo las cosas cambiarían.
Tiempo de callar
Hace ya casi 20 años Sergio Melnick y yo escribimos un libro llamado “¿Por qué no te callas?”, haciendo alusión a los decires de los políticos chilenos. Hoy ese libro podría tener ya varios tomos más y en este gobierno uno especial para los primeros 40 días.
La ministra Secretaria General de Gobierno, que entre sus funciones tiene la de ser vocera oficial del gobierno, nos sorprende semana a semana con declaraciones evasivas, equivocadas, confusas, claramente erróneas, todo lo que revela de su parte poca experiencia y pocas aptitudes para el cargo.
Esto último queda en total evidencia, no sólo cuando huye subiendo las escaleras de a dos escalones para evitar responder, sino cuando se aclara que algunas de sus afirmaciones fueron pauteadas en esos términos por el asesor de comunicaciones del Presidente. A lo que se agrega como notoria guinda (más parece sandía) de la torta la orden de Contraloría de hacer un sumario por las declaraciones suyas y de otros funcionarios en el sentido de que Chile sería un país en quiebra.
Ellos parecen suponer que sólo es cosa de hablar, lanzar acusaciones diarias contra el gobierno anterior, que sería culpable de todos los males de Chile y luego seguir tan campantes.
Hay un plan
Pero sucede que no todos son errores: hay un plan. Se trata de ir desacreditando el funcionamiento de las instituciones democráticas para fortalecer la idea de que, si hay satisfacciones económicas para el pueblo, se pueden conculcar los derechos sociales y quizás otros sin vacilar, porque lo que importa es la economía. Ése es el punto de encuentro valórico entre los marxistas y los liberales y neoliberales: la materia.
Es la misma lógica del pinochetismo, aquella de Quiroz expresa con claridad cuando dice: “La mejor política social, y ojalá algún día sea la única, es el pleno empleo”. En ningún país del mundo (tal vez en Andorra o Islandia) existe pleno empleo y sin embargo en muchas partes hay mayores niveles de protección de derechos y de justicia social, mejor distribución del ingreso y bienestar. Porque finalmente el problema no es la economía de largo plazo (Dijo Keynes: en el largo plazo estaremos todos muertos), sino una sociedad en la que se combine participación, satisfacción de necesidades básicas y espacio para el desarrollo integral de las personas.
Quiroz, el segundo piso y los políticos
El ministro de Hacienda ha debido lidiar con algo más que su pasado como organizador de colusiones: sus propios compañeros de gabinete le están poniendo problemas. Y cuando no son ellos, son los dirigentes de los partidos de gobierno, incluido el presidente del partido del Presidente de la República, su delfín.
Ya la ministra de Seguridad se confrontó con Hacienda y ahora lo hace el ministro de la Vivienda. En Salud y en Educación hay un toque más de obediencia a Quiroz, el hombre fuerte de Kast, pero las ministras se van dando cuenta que por mucho que ordenen no será posible alcanzar las metas de reducción presupuestaria sin afectar los programas y derechos sociales.
La disputa es directa, pública, lo que vuelve a dejar al desnudo la falta de claridad sobre lo que es la orientación de un gobierno, develando las verdaderas intenciones de esta administración que ha llegado simplemente para asegurar que otros no tengan el poder. No son errores, es el diseño de Guzmán y Pinochet que hoy Kast quiere reeditar.
Sacar a “los zurdos” y quedarse con el poder político. Porque los grupos gobernantes ya tienen todos los otros poderes en su mano. Incluso el militar.
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