Purim no es únicamente una festividad que invita a observar el pasado. Es una lección vigente: la historia puede cambiar cuando alguien se atreve a alzar la voz o cuando una comunidad decide defender la vida.

Purim se celebró, hace algunos días, bajo la sombra del conflicto bélico entre Irán e Israel, un contexto que recuerda crudamente el origen de esta festividad: la supervivencia del pueblo judío frente a la amenaza de exterminio.

Desde hace siglos, Purim es una fiesta de alegría, memoria y resistencia. Enseña a transformar el peligro en celebración y la incertidumbre en esperanza. Cada año, en el mes hebreo de Adar, las comunidades judías leen en voz alta el Libro de Ester.

Allí se relata cómo la reina Ester y su tío Mardoqueo lograron frenar el plan de aniquilación ideado por Amán, ministro del rey persa, quien había fijado mediante un “sorteo” (purim significa suerte) el día para destruir al pueblo judío. Su derrota dio origen a esta conmemoración.

La trama es intensa: el rey Jerjes eligió a Ester como reina, sin saber que era judía. Mardoqueo descubrió el complot de Amán. Y Ester, arriesgando su vida, reveló su identidad al monarca para salvar a su pueblo, logrando que el rey permitiera los judíos defenderse (tal como Israel lo hace hoy).

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Aunque es literaria, la historia transmite temas universales: los peligros que enfrentan las minorías, el coraje individual, el derecho a la autodefensa y los giros inesperados del destino.

Las tradiciones de Purim son tan simbólicas como festivas: la lectura pública del Libro de Ester, el ruido con matracas al pronunciar el nombre de Amán para “borrar” su recuerdo, el envío de alimentos a amigos y familiares y, sobre todo, los disfraces y parodias que evocan el ocultamiento y la revelación presentes en la historia. Por eso se la conoce como el “carnaval judío”.

Esta festividad es así un recordatorio de que la alegría no es evasión, sino resistencia. La risa y el festejo se convierten en formas de afirmar la vida frente a quienes buscan negarla.

Además, en tiempos de discursos de odio y aumento del antisemitismo, Purim muestra no solo la urgencia de proteger a las minorías, sino tambiém la trascendencia de valorar y respetar a quienes son y piensan diferente y a no subestimar el poder de la propaganda y los prejuicios.

La cercanía de esta fiesta judía con el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, ofrece, a su vez, un ángulo distinto. Ester encarna la figura de una mujer que, desde un lugar aparentemente secundario, se convierte en protagonista de la historia. Su decisión de hablar y desafiar el silencio impuesto es un recordatorio de que las voces femeninas han sido y siguen siendo esenciales para la supervivencia y la dignidad de los pueblos.

Purim, de esa forma, no es únicamente una festividad que invita a observar el pasado. Es una lección vigente: la historia puede cambiar cuando alguien se atreve a alzar la voz o cuando una comunidad decide defender la vida.

En medio de amenazas y ataques actuales, Purim nos invita a mirar a Ester y aprender de su coraje. Nos recuerda que incluso en los momentos más oscuros, la esperanza puede abrir caminos de salvación.