Este modelo no es una invención ideológica, sino un estándar que tienen la mayoría de los países de la OCDE con tasas de sindicalización similares a las nuestras.

Las relaciones laborales en Chile han sido históricamente el reflejo de un modelo pensado para fragmentar y debilitar a quienes sostienen nuestra economía: los trabajadores.

Durante décadas, el Plan Laboral de José Piñera operó bajo la premisa de que la atomización de la negociación colectiva generaría mayores niveles de productividad. Sin embargo, esta promesa fracasó estrepitosamente, convirtiéndose en una herramienta que ha debilitado a los sindicatos y afectado gravemente las condiciones laborales.

Hoy, con la entrada al Congreso del Proyecto de Ley de Negociación Colectiva Multinivel, se abre una oportunidad histórica para superar esta herencia y avanzar hacia un sistema moderno de relaciones laborales que beneficie a todos, tal como existe en las mejores economías del mundo.

Este proyecto establece tres niveles coordinados de negociación: sectorial, intermedio y de empresa. El nivel sectorial fijará estándares mínimos obligatorios para todos los trabajadores y empresas de un sector, garantizando condiciones básicas que luego podrán mejorarse a nivel de empresa. Este modelo no es una invención ideológica, sino un estándar que tienen la mayoría de los países de la OCDE con tasas de sindicalización similares a las nuestras.

La evidencia internacional es contundente: los sistemas coordinados de negociación colectiva están asociados con mayor empleo, menor desempleo y una productividad superior en comparación con aquellos donde solo se negocia a nivel de empresa. Durante la pandemia, países con sistemas de negociación sectorial robustos mostraron una notable capacidad para adaptar protocolos sanitarios y preservar puestos de trabajo de manera más eficaz.

Es importante destacar que este proyecto no surge de una imposición gubernamental, sino del resultado de meses de diálogo con la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), organizaciones de empleadores y académicos, con el apoyo técnico de la OIT. Además, se inspira en experiencias exitosas ya existentes en Chile, como el acuerdo CTC-AGEMA en minería y el pacto bancario sobre feriado.

A pesar de esto, la crítica conservadora argumentará que esta iniciativa “ahuyenta inversión” o “perjudica a las PYMES”. Sin embargo, estas afirmaciones son infundadas.

El proyecto contempla una gradualidad en su implementación, adaptándose al tamaño y capacidad económica de cada empresa. Más importante aún, vincula mejores condiciones laborales con incentivos tributarios para la productividad y la innovación.

El Proyecto de Ley de Negociación Colectiva Multinivel es un paso hacia la justicia laboral y el reconocimiento de los derechos de los trabajadores. Hago un llamado a todos los actores políticos y sociales a unirse en este esfuerzo, a dialogar sin ideologismos, con base en la evidencia y construir un futuro donde la dignidad laboral sea una realidad.