El éxito de este nuevo ciclo no dependerá solo de las administradoras. La nueva administración enfrenta desafíos estructurales ineludibles.

En las últimas semanas, las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) han tenido resultados alentadores en las inversiones que realizan. Las cifras de rentabilidad obtenidas durante 2025, sumadas a los complejos desafíos que impone la implementación de la reforma previsional, configuran un escenario clave para el futuro de la seguridad social en el país.

Según la Superintendencia de Pensiones, el rendimiento de las inversiones durante el último año alcanzó hitos significativos, destacando el 14,8% de retorno en el Fondo A hasta un 8% en el fondo E, la cifra más alta de los últimos seis años.

Sin embargo, hay que analizar estos datos con prudencia: tratándose de inversiones de largo plazo, es fundamental evitar el exitismo momentáneo y comprender que la estabilidad se construye en décadas.

Las AFP mantienen un rol protagónico en la reforma en curso, que incluye la transición hacia el modelo de “fondos generacionales”. Bajo este esquema, los afiliados serán asignados a carteras cuyo nivel de riesgo se ajustará automáticamente según su edad.

El éxito de este modelo dependerá de su capacidad para generar rentabilidades adecuadas que se traduzcan, efectivamente, en mejores pensiones para los futuros jubilados. Dados los resultados conocidos, el desafío en la implementación se hace más complejo, ya que no se entendería que el cambio de multifondos a “fondos generacionales” trajese una baja en las rentabilidades. La mayor seguridad buscada no puede ser a costa de la rentabilidad.

También vemos que el actual desempeño de los fondos parece estar vinculado a una reactivación económica gradual y a las expectativas de inversión generadas tras la elección del nuevo gobierno. Recordemos que los mercados se anticipan, por lo que será fundamental que los hechos sean coincidentes con las expectativas.

La reforma también ha despertado el interés de nuevos actores que buscan ingresar al sector. En este escenario, la labor de la Superintendencia de Pensiones se vuelve crítica.

El regulador debe garantizar una fiscalización rigurosa, asegurando que cualquier nuevo competidor cumpla estrictamente con los requisitos legales de capital y funcionamiento. La historia del sistema nos recuerda que, si bien en sus inicios existieron múltiples administradoras, el mercado decantó naturalmente hacia aquellas compañías capaces de ofrecer rentabilidad, servicio y solvencia técnica.

Finalmente, el éxito de este nuevo ciclo no dependerá solo de las administradoras. La nueva administración enfrenta desafíos estructurales ineludibles: procurar una buena implementación de la reforma, transformar a la Superintendencia en un ente colegiado, que permita una permanencia en el tiempo de las políticas, incentivar el ahorro voluntario y, fundamentalmente, fomentar el empleo formal, pilares para un buen funcionamiento del sistema.