Señor Director:

Las cifras sobre el mal uso del 133 evidencian un problema de seguridad pública que no admite indiferencia.

En Aysén, en 2025 se registraron 36.580 pitanzas y reportes falsos: el 59% de las llamadas no correspondió a emergencias reales.

En O’Higgins, el 70% de los contactos son inoficiosos; de 8.562 llamadas mensuales, 6.586 no derivan en procedimientos, y al año suman 78.513 llamados mal utilizados frente a 22.729 procedimientos reales.

Puerto Montt confirma la tendencia. En 2025 hubo 234.434 llamadas al 133, de las cuales 165.083 fueron inoficiosas, cerca del 70%.

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Incluso con 31 funcionarios en la central, la saturación reduce la capacidad de respuesta. Cada llamada falsa puede retrasar la atención de violencia intrafamiliar, un robo o un accidente grave.

Por eso, el proyecto que crea un número único de emergencias —un “911 chileno”— debe mirarse con urgencia. Integrar a Carabineros, Bomberos, SAMU y equipos municipales simplificaría el acceso, mejoraría la coordinación y reduciría tiempos con geolocalización.

Pero ninguna tecnología funcionará sin responsabilidad ciudadana. Usar bien el 133 —y mañana un eventual número único— es nuestro deber y responsabilidad.

Chiara Barchiesi
Diputada de la República (REP)