Los críticos usan a Sri Lanka como ejemplo de la "trampa de deuda" a la que China está sometiendo a varios países del mundo, sobre todo los africanos, obligados según ellos a efectuar exageradas concesiones comerciales o diplomáticas para retrasar las devoluciones.

Un flamante aeropuerto internacional sin tráfico, un centro de conferencias inactivo o un puerto cedido a una empresa china son algunas de las colosales inversiones que agravaron la deuda exterior de Sri Lanka, un 10% de la cual contraída con China.

La isla, de 22 millones de habitantes, se endeudó de forma masiva para superar años de déficit presupuestarios y comerciales. Desde hace meses, la población padece una grave escasez de alimentos, combustible y medicamentos y culpaba al presidente Gotabaya Rajapaksa de esta histórica crisis. Rajapaksa huyó este sábado del palacio presidencial en medio de una revolución popular por la crisis económica.

Durante la etapa de Mahinda Rajapaksa como presidente (2005-2015), la región de Hambantota, feudo ancestral del clan, se benefició de un torrente de inversiones destinadas a grandes obras de infraestructuras, salpicadas de sospechas de corrupción.

Para la construcción del aeropuerto internacional Mattala Rajapaksa, China le prestó al país 200 millones de dólares pero la terminal se utiliza tan poco que sus ingresos no bastan ni para cubrir las facturas de electricidad.

Pero en 2017, Colombo fue incapaz de pagar su deuda de 1.400 millones de dólares contraída con Pekín para la construcción del puerto en aguas profundas de Hambantota.

“Estamos endeudados hasta el cuello”, se lamentó Krishantha Kulatunga, propietario de una pequeña papelería de Colombo.

Su tienda está cerca de un rascacielos en forma de flor de loto, la “Torre Lotus”, financiado con fondos chinos pero que no ha sido abierto al público.

“¿Cómo estar orgulloso por esta torre cuando nos dejan mendigando para comer?”, se pregunta, indignado, el comerciante.

“China hizo lo que pudo”

China, principal prestamista bilateral del gobierno, posee al menos el 10% de su deuda exterior, evaluada en 51 millones de dólares, aunque los analistas consideran que en realidad es mucho mayor.

El gobierno intentó negociar el calendario de pagos con China, pero Pekín prefirió ofrecer más créditos bilaterales para rembolsar los préstamos existentes.

Al final, Sri Lanka recurrió al Fondo Monetario Internacional (FMI) el mes pasado, para disgusto de Pekín, que probablemente se verá afectado por un descuento en sus préstamos, como el resto de acreedores.

“China hizo cuanto pudo para ayudar a Sri Lanka a evitar el impago pero, desgraciadamente, el país acudió al FMI y eligió el impago” el 12 de abril, declaró el embajador chino Qi Zhenhong en Colombo el mes pasado.

El FMI exige que Sri Lanka reestructure su deuda antes de cualquier rescate, y esto “seguramente [tendrá] un impacto en los futuros préstamos bilaterales” de Pekín a Colombo, advirtió el embajador.