Internacional
Martes 15 octubre de 2019 | Publicado a las 19:56
"Quedarme en Venezuela o morir de sida como en los 80": Chile entre los destinos para un tratamiento
Por Paola Alem√°n
La información es de Deutsche Welle
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A Manuel todav√≠a le tiembla la voz cuando habla de aquello. Este caraque√Īo de 25 a√Īos ten√≠a solo 21 cuando se fue de Venezuela para salvar la vida. La l√≥gica de su partida fue tan simple como aterradora: sencillamente un d√≠a acudi√≥ al hospital y le dijeron que no pod√≠an darle el tratamiento que necesita para seguir viviendo. No quedaban.

La historia de este joven, que prefiere ocultar su verdadero nombre bajo el de Manuel, dista de ser una excepción.

Venezuela fue el segundo pa√≠s de Am√©rica Latina, despu√©s de Brasil, en garantizar el acceso universal a la terapia antirretroviral (TARV), a finales de 1998. “Desde entonces y hasta 2012, tuvimos todos los tratamientos, hasta los m√°s novedosos‚ÄĚ, dice a DW Mart√≠n Carballo, m√©dico especialista de la Sociedad Venezolana de Infectolog√≠a. Luego vino la escasez y, seguidamente, el infierno. “En 2018 pasamos casi todo el a√Īo con ausencia absoluta de medicamentos‚ÄĚ, contin√ļa el m√©dico.

Hace décadas, una infección con el virus de inmundeficiencia humana (VIH) que tarde o temprano la persona casi con toda probabilidad desarrollaría el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), como consecuencia de la destrucción de su sistema inmunitario.

Llegados a ese punto, hasta un resfriado podría matarla. En la actualidad, sin embargo, los avances científicos en terapia antirretroviral han logrado lo que en los ochenta parecía una utopía: el VIH ya no necesariamente mata y los pacientes pueden llevar una vida perfectamente normal.

En Venezuela, no obstante, la pandemia -de alcance mundial- de VIH/sida ha vuelto a cobrarse vidas, cada vez m√°s. “El deterioro viene ocurriendo desde hace unos ocho o diez a√Īos y agrav√°ndose desde hace unos seis‚ÄĚ, subraya en una entrevista con DW C√©sar Pacheco, de la ONG local Acci√≥n Solidaria.

DW
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El activista apunta que a la falta de medicamentos antirretrovirales se suma el éxodo del personal sanitario especializado por culpa de la grave crisis económica y política que atraviesa el país.

Carballo a√Īade que en realidad el deterioro en el sistema de salud es generalizado. No es solo que falte esta terapia. Es que faltan s√°banas, comida, hematolog√≠a, antibi√≥ticos y hasta lavander√≠a.

Recientemente, la situaci√≥n ha experimentado una ligera mejora temporal gracias a una donaci√≥n internacional en la que participaron, entre otros, la Organizaci√≥n Panamericana de la Salud y Naciones Unidas. Sin embargo, advierte Carballo, “esto solo cubre el tratamiento antirretroviral, no el tratamiento para infecciones oportunistas‚ÄĚ. Seg√ļn las estimaciones de la ONU, alrededor de 120.000 personas viven con el VIH en Venezuela.

En este contexto, la salida -si no es eufem√≠stico usar ese t√©rmino- es la √ļnica alternativa que muchos venezolanos con VIH tienen para intentar garantizar su propia supervivencia.

Seg√ļn la Red Venezolana de Gente Positiva (RVG+), se estima que unas 10.000 personas seropositivas han abandonado el pa√≠s en b√ļsqueda de mejores condiciones para tratar esta condici√≥n. En la regi√≥n, los principales destinos son Colombia, Per√ļ, Chile, Argentina.

abc.es
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Manuel, no obstante, decidi√≥ irse m√°s lejos. Con 21 a√Īos, despu√©s de haber sido despedido de la tienda de Caracas en la que trabajaba tras descubrir sus jefes que ten√≠a VIH, prob√≥ suerte en Colombia con los pocos ahorros que ten√≠a. “Pero all√≠ no tomaba los antirretrovirales, porque necesitaba un seguro m√©dico para poder acceder a los medicamentos, y a veces yo no ten√≠a c√≥mo pagarlo‚ÄĚ, explica a DW el joven, ahora en Madrid despu√©s de tres a√Īos en Colombia. “Hab√≠a le√≠do que aqu√≠ en Espa√Īa no me iban a dejar morir. As√≠ que me vine‚ÄĚ.

Cada vez son más las personas seropositivas que cruzan el océano tras dejar atrás Venezuela.

“Desde hace un tiempo hemos notado un notable aumento de usuarios y usuarias de nacionalidad venezolana que acuden a nuestros recursos solicitando ayuda”, dice una responsable de la ONG espa√Īola Apoyo Positivo.

Desde Kifkif, una asociaci√≥n dedicada a ayudar a las personas migrantes del colectivo LGBTI (lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales) en Espa√Īa, son incluso m√°s concretos: “El 32,25% de los casos de personas que acuden solicitando tratamiento antirretroviral viene de Venezuela‚ÄĚ, cuenta Jorge Beltr√°n, responsable de salud de Kifkif.

En su mayor√≠a, un 89%, son hombres que tienen sexo con otros hombres. En general, Beltr√°n estima que el n√ļmero de personas venezolanas es entre tres y cuatro veces superior al de 2018.

amnistia.org
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“Aqu√≠ s√© que no voy a morir por tener VIH”

Organizaciones como √©sta son de gran ayuda para los reci√©n llegados, cree Reynaldo, otro venezolano de 45 a√Īos emigrado a Madrid que tambi√©n pide proteger su nombre real. La serofobia que experiment√≥ en su pa√≠s -siempre acompa√Īada de los prejuicios hom√≥fobos que vinculan a la homosexualidad con el VIH/sida- la ha visto tambi√©n en la comunidad venezolana en el exilio.

“No he recibido ning√ļn tipo de apoyo, me he sentido absolutamente solo‚ÄĚ, confiesa a DW. Manuel ha tenido una experiencia similar: “De hecho, por temor, ni siquiera le he dicho a muchos venezolanos de mi entorno aqu√≠ en Madrid que tengo el virus‚ÄĚ.

En Espa√Īa, ambos creen que acceder al tratamiento antirretroviral es mucho m√°s f√°cil, incluso para las personas migrantes, aunque la falta de informaci√≥n puede ser un importante obst√°culo para los reci√©n llegados.

“Aqu√≠ s√© que no voy a morir por tener VIH‚ÄĚ, afirma Reynaldo. “Quedarme en Venezuela era morir de sida como en los ochenta‚ÄĚ, agrega, haciendo referencia a los a√Īos m√°s crudos de la epidemia.

Ambos entrevistados culpan al r√©gimen de Nicol√°s Maduro de la situaci√≥n cr√≠tica de la salud p√ļblica en Venezuela. Pero tambi√©n responsabilizan a la clase pol√≠tica en general de que a√ļn imperen tantos prejuicios respecto del VIH: “Ellos son los que tienen que propagar la informaci√≥n al pueblo. Realmente es como si no les importara‚ÄĚ, critica Manuel.

Para el joven, que apenas lleva un a√Īo en suelo espa√Īol, el r√©gimen en que est√° atrapado su pa√≠s es una condena a muerte para las personas seropositivas. “Hace poco se muri√≥ una persona que conoc√≠‚ÄĚ. La voz se le quiebra y se hace el silencio, pero tras unos segundos encuentra fuerzas para continuar. “No encontr√≥ tratamiento casi en seis meses. Su VIH pas√≥ a etapa de sida y una meningitis lo mat√≥‚ÄĚ.

Agencia France-Presse
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