Tenía 46 años, pero el pasado lunes se apagó cual estrella oscureciendo aún más el panorama de una atormentada Venezuela. La crisis la alcanzó irónicamente por no tener alimento al alcance de su trompa.

El sentimiento hacia la paquiderma se resumía en los gritos de los niños llamándola por su nombre en recientes imágenes que los visitantes realizaron, sin saber que era la última oportunidad para verla con vida. “Sería todo” como dicen los venezolanos cuando no hay más que hacer ante una situación que es más complicada que superable.

Su peso daba el aviso urgente de lo mal que andaba su salud. A penas podía moverse. Una cuidadora del lugar reveló al corresponsal de Univisión en Venezuela, Francisco Urreiztieta que Ruperta pesaba menos de 4 toneladas, cuando su peso normal en 2015 alcanzaba los 7 toneladas. Sobrevivía no solo sin alimento, sino con menos de la mitad de su peso. Otra de las personas a cargo de la debilitada elefanta, aseguró que una caída aceleró su muerte.

El S.O.S de Ruperta que no fue escuchado.

Era un emblema en el zoológico de Caracas, su esplendor daba cuenta no solo de su peso (7 toneladas) sino de los movimientos de felicidad que realizaba, según lo descrito en el video de Univisión.

Ruperta, era tan querida como visitada por venezolanos de todas las edades en una época en la que comer no era un lujo en ese país, sino parte de una necesidad básica cubierta por sus habitantes.

La noticia de la muerte de la elefanta, venía precedida por otras crónicas de muertes anunciadas en animales venezolanos, con tigres en otros zoológicos como el de Zulia que pasaron de ser imponentes felinos a escuálidos gatos, comprobando que la crisis alcanzó a todo ser viviente.