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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Según Hugo Aceituno, académico de la Universidad de Chile, los smartwatches tienen precios entre 100 mil y un millón de pesos en Chile, pero no todas sus funciones están científicamente respaldadas. La Facultad de Medicina de la U. de Chile reveló que el monitoreo del gasto calórico es una de las funciones más cuestionadas, ya que la precisión de estos dispositivos se limita a medir pasos y frecuencia cardiaca. Se alerta que mediciones como el gasto energético o las fases del sueño pueden tener desviaciones de hasta el 30%. Aceituno recomienda no depender exclusivamente de estos datos para seguimiento médico o deportivo, sugiriendo complementar con sensores más precisos.

Sus precios fluctúan en Chile entre los 100 mil y el millón de pesos, y sin embargo, no todas sus funciones están científicamente garantizadas. Esa es una de las principales conclusiones de Hugo Aceituno, académico de la Línea de Actividad Física del Departamento de Kinesiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH), quien asegura que “existen diferencias importantes entre los datos que estos relojes pueden medir directamente y aquellos que solo estiman mediante algoritmos”.

El punto lo explica un reporte publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile que puso lupa en una de las funciones más cotizadas en los relojes inteligentes: el monitoreo del gasto calórico.

“¿Cuánto puedes confiar en tu smartwatch?”, se pregunta el artículo de la Facultad de Medicina. Y la respuesta de Aceituno bien podría desmotivar a cualquier entusiasta de la tecnología. “Hoy existen relojes que pueden detectar arritmias y lo hacen bastante bien. Sin embargo, si el dispositivo alerta sobre alguna alteración, eso debe entenderse como una señal para consultar a un especialista y no como un diagnóstico definitivo”, enfatiza.

De acuerdo al experto, las únicas mediciones realizadas por los smartwatch que tienen respaldo científico son la cantidad de pasos de un usuario y la frecuencia cardiaca. Y esto porque el funcionamiento de estos dispositivos se basa principalmente en dos componentes integrados: los acelerómetros y los sensores de fotopletismografía, explica el reporte.

“El acelerómetro es una tecnología capaz de detectar patrones de movimiento. Es el responsable de identificar actividades cotidianas, como caminar —cantidad de pasos—, a partir de los movimientos del brazo en el que se lleva el reloj”, puntualiza Aceituno.

Para explicar el punto, agrega: “Los sensores de fotopletismografía utilizan luz para detectar cambios en el volumen sanguíneo a nivel de la muñeca, lo que permite medir principalmente la frecuencia cardiaca”.

Por lo mismo, precisa, la frecuencia cardiaca y la cantidad de pasos recorridos son las dos únicas métricas que los smartwatch pueden medir con precisión: “Todos los demás parámetros que nos muestra el reloj corresponden a estimaciones realizadas a partir de estas mismas variables”, cuenta.

En este punto, el profesor cita estudios internacionales que confirman que los medidores del gasto calórico, o de las fases del sueño, presentan considerables márgenes de error. “Los estudios científicos disponibles actualmente coinciden en que los relojes inteligentes muestran niveles de error elevados al estimar variables como el gasto energético, donde las desviaciones pueden acercarse al 30%”.

“Esto significa que, durante la actividad física, el reloj puede indicar que estás quemando 300 calorías cuando en realidad podrían ser 500 o 200. Es decir, el gasto energético puede estar tanto subestimado como sobreestimado. Por lo tanto, no son herramientas adecuadas para orientar intervenciones o tomar decisiones basadas en el número de calorías”, dice.

Con respecto a la medición de las fases de sueño, el problema se complejiza: “Estos dispositivos son capaces de identificar con bastante precisión si una persona está despierta o dormida, pero no distinguen adecuadamente las distintas etapas del sueño, ya que esa clasificación la realizan en base a algoritmos, no a mediciones directas. Lo mejor que hacen es medir el tiempo que tarda una persona en quedarse dormida, pero la duración e identificación de las fases del sueño presenta errores considerables”.

Los errores cotidianos de los smartwatches

Con respecto a otras mediciones, como la frecuencia cardiaca, Aceituno detalla que estos números pueden verse afectados por variables de la rutina misma.

“La frecuencia cardiaca puede alterarse según qué tan ajustada esté la correa del reloj, por la exposición al frío o por cambios en la circulación periférica. Del mismo modo, ciertos movimientos de los brazos o vibraciones externas —por ejemplo, cuando vas en una micro y los amortiguadores generan movimientos hacia arriba y hacia abajo— pueden hacer que el dispositivo registre pasos que en realidad no se han dado”, apunta.

Por todo lo anterior, Aceituno recalca que los smartwatches no son indicadores de problemas de salud, sino que, a lo sumo, materiales de alerta o consulta antes de acudir a un médico. Tanto así, que el académico señala que los deportistas no deberían fiarse de su uso.

“Para quienes siguen un plan de entrenamiento serio, nunca recomendaría confiar solamente en los datos fisiológicos del smartwatch. Es necesario complementarlos con sensores más precisos, como las bandas de frecuencia cardiaca que se utilizan a nivel del tórax. Otros datos derivados del acelerómetro, como distancia y velocidad, sí son más confiables”, concluye.

En este aspecto, el experto recomienda a los usuarios, más que tomar en consideración cifras y datos puntuales, analizar la evolución de dichos datos en el tiempo. “Lo ideal es no mirar los valores absolutos, porque generalmente tienen errores, sino seguir las tendencias”.

“Esto quiere decir que, si una variable muestra cambios sostenidos durante semanas o meses, esa información puede ser mucho más útil que un dato aislado. Por ejemplo, si mi reloj me indica durante un mes que estoy durmiendo mal, quizás sea bueno consultar a un neurólogo”, plantea.

Para Aceituno, sin embargo, no se trata de demonizar a los relojes inteligentes: también ve aspectos positivos en estos accesorios. “Interrumpir el comportamiento sedentario tiene beneficios reales para la salud. Los mensajes y recordatorios que incentivan a moverse más pueden ayudar efectivamente a aumentar los niveles de actividad física”, comenta.

Si bien no recomienda su uso en los deportistas con un plan de trabajo establecido, el profesor rescata que otros datos derivados del acelerómetro, como cifras de distancia y velocidad, sí pueden ser útiles.

“Nosotros ocupamos estos relojes conectados a otros sensores que miden directamente los parámetros fisiológicos que nos interesa evaluar. Esa combinación permite aumentar significativamente la precisión de los registros”, explicó el profesor Aceituno sobre el trabajo con relojes inteligentes en la propia Universidad de Chile.

Para el profesional, una de las principales limitaciones en la validación científica de muchas de las métricas utilizadas por los smartwatch radica en que los algoritmos empleados por las compañías son confidenciales. “Todo aquello que no es cantidad de pasos o frecuencia cardiaca se estima en base a algoritmos que los fabricantes mantienen en una ‘caja negra’. Esa información no está publicada y no podemos acceder a ella para entender exactamente cómo realizan los cálculos”, cuenta.