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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El Presidente José Antonio Kast generó controversia al cuestionar la extensión del humedal Rocuant-Andalién en el Gran Concepción, vinculando la protección ambiental con la necesidad de impulsar infraestructura portuaria. Diversas organizaciones y autoridades locales destacaron la importancia ecológica del humedal, albergando más de 120 especies y actuando como una esponja natural para mitigar inundaciones.

“¿Vamos a tener un humedal de 1.500 hectáreas que nadie usa? ¿O vamos a tener un buen humedal que podamos conocer y todo de 500 hectáreas? ¿Cómo vamos a mejorar la ruta interportuaria?” Con esas palabras, el Presidente José Antonio Kast volvió a poner en la palestra la discusión sobre el equilibrio entre protección ambiental e inversión en infraestructura al cuestionar la extensión del ecosistema Rocuant-Andalién ubicado en el Gran Concepción.

Durante su exposición en el marco de IMPULSA 2026, encuentro empresarial organizado por la CPC Bío Bío, el Jefe de Estado vinculó la intervención en humedales con la necesidad de impulsar infraestructura portuaria, antepuertos y mejoras en la conectividad de la zona.

Tras los dichos de Kast, diversas organizaciones, alcaldes de la zona y autoridades opositoras cuestionaron sus palabras al recordar que el humedal de más de 1.300 hectáreas, ubicado entre Talcahuano y Penco, actúa como una esponja natural fundamental para mitigar inundaciones y proteger a las familias locales.

Rocuant-Andalién: el humedal que sí tiene habitantes

El humedal alberga más de 120 especies, entre aves acuáticas, peces, anfibios y reptiles. Entre ellas destaca el pilpilén, un ave playera que encuentra en Playa Isla de los Reyes Rocuant un sitio especialmente relevante para su ciclo de vida. El lugar cuenta con reconocimiento internacional por su importancia para esta especie, que utiliza estos ambientes para alimentarse, descansar y reproducirse.

Pero la importancia ecológica de Rocuant-Andalién va más allá de una especie determinada. El Dr. Pablo González, biólogo marino del Centro Regional de Estudios Ambientales (CREA) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explica que el humedal constituye un “hábitat crítico para aves residentes y migratorias, ya que les proporciona áreas de alimentación, refugio, descanso y reproducción en medio de un paisaje urbano cada vez más intervenido”.

El académico destaca que “conservar estas especies también permite mantener funciones ecológicas como el transporte de nutrientes, la dispersión de semillas y la regulación de las redes tróficas. A esto se suma que las aves pueden actuar como indicadores del estado de los ecosistemas, entregando señales sobre las condiciones ambientales del territorio”.

La importancia de estos ecosistemas para la biodiversidad y personas

La relevancia de estos espacios, sin embargo, no termina en la biodiversidad. Los humedales también cumplen un papel fundamental frente a uno de los problemas que más afecta a las ciudades durante los sistemas frontales: las inundaciones.

“Los humedales son ecosistemas donde el agua determina las características del suelo y la vegetación. Generalmente, se forman en zonas bajas o depresiones naturales, por lo que durante lluvias intensas reciben y almacenan temporalmente parte del agua que escurre desde sectores más altos”, explica el Dr. González.

Asimismo, Claudia Hidalgo, investigadora del laboratorio BIOMA-Usach y estudiante de Doctorado en Cambio Global y Medioambiente-Usach, señaló a Diario Usach los múltiples beneficios que tienen los humedales para el ser humano.

“Son “servicios ecosistémicos”, en donde pueden ayudar a regular el clima (lugares con grandes cuerpos de agua tienden a tener temperaturas más estables durante el año). A su vez, pueden protegernos de desastres naturales como tsunamis o marejadas en zonas costeras (al funcionar como barreras de amortiguación ante los impactos de estos), y nos protegen de inundaciones, ya que funcionan como una esponja de absorción de agua (sobre todo por la vegetación que suele tener a su alrededor)”, explica.

La experta también declara que “pueden regular la fuerza del agua cuando ocurren eventos de mucha precipitación (eventualmente detiene o amortigua los deslizamientos de barro o desbordes de ríos) y previenen también la erosión del suelo y recargan acuíferos, mitigando así eventos de sequía. Son conocidos también como grandes sumideros de carbono (pueden capturar grandes cantidades de CO2, lo guardan como carbono (C) y liberan posteriormente O2, vital para el ser humano), ayudando así a mitigar el cambio climático”.

Intervenir humedales: consecuencias que van más allá de la pérdida de superficie

Por otro lado, el académico de la UCSC advierte que intervenir estos espacios puede generar consecuencias que van más allá de la pérdida directa de superficie. “Es fundamental evaluar no solo la superficie que se afectará, sino también la fragmentación del hábitat y la pérdida de conectividad ecológica”, señala, ya que dividir el sistema puede disminuir su funcionalidad incluso cuando algunos sectores permanezcan intactos.

La misma lógica se aplica al agua. Cuando un humedal es rellenado o degradado, se pierde parte de su capacidad natural para recibir y almacenar agua. Sin embargo, el relieve continúa conduciendo las precipitaciones hacia esas zonas bajas. Si la urbanización no cuenta con sistemas de evacuación de aguas lluvias adecuadamente dimensionados, pueden producirse acumulaciones, anegamientos e inundaciones.

“Si la urbanización no cuenta con obras de evacuación de aguas lluvias adecuadamente dimensionadas, el agua puede acumularse, saturar el terreno y provocar anegamientos o inundaciones, incluso sobre las áreas construidas en el antiguo humedal”, advierte el investigador.

“Su valor no se limita al control de inundaciones: también regulan el ciclo del agua, conservan biodiversidad, moderan las temperaturas y aportan espacios de bienestar para las comunidades”, cierra.