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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La relectura de \'Las señoritas de Avignón\' de Picasso por el artista estadounidense Henry Taylor, expuesta en el Museo Picasso de París, resalta la influencia del arte africano que el pintor español negó. La pintura original de 1907, que conmocionó a críticos y artistas de la época por su radicalidad, refleja cuerpos deformes de mujeres en un burdel.

Una de las obras más enigmáticas de Picasso vuelve a generar controversia a más de un siglo de su debut. Hablamos de ‘Las señoritas de Avignón’, pintura alabada y despreciada que ahora cuenta con una reinterpretación del afamado artista estadounidense Henry Taylor.

En su lectura, Taylor cuestiona la icónica obra en uno de los pasillos centrales del Museo Picasso de París, donde una exposición honra el hito.

La historia de ‘Las señoritas de Avignón’, reconstruida a través de un artículo de la BBC, se sitúa en el París de 1907, cuando Pablo Picasso invitó a un pequeño grupo de artistas y amigos a su estudio. “Quería mostrarles un cuadro en el que llevaba trabajando seis meses. La reacción de sus colegas fue casi unánime: conmoción, horror y repugnancia. Se dice que el pintor francés Georges Braque comparó la experiencia con beber gasolina, y Henri Matisse calificó a las mujeres del cuadro de ‘horribles"”, detallan.

Tal fue la conmoción, que el pintor español no expuso la pieza hasta 1916, volviendo a generar opiniones divididas.

En el óleo, se aprecia cómo cinco mujeres desnudas captan la atención de un espectador en un burdel de Barcelona. Mientras dos de ellas mantienen rostros inexpresivos, tres miran fijamente al observador. Todas, en el cuadro, poseen cuerpos deformes. “Marcó un punto de inflexión en la trayectoria creativa de Picasso y una ruptura radical con las normas artísticas de la época”, apunta BBC.

"Conmoción, horror y repugnancia": La pintura más polémica de Picasso vuelve al debate
hdelartebach.wordpress.com | ‘Las señoritas de Avignón’

Por estos días, Henry Taylor recoge la posta relevando un aspecto fundamental de la pintura: su fuerte influencia del arte africano, algo que Picasso nunca quiso admitir.

“Picasso se alejó de la pintura figurativa y emocional para centrarse en la fragmentación de las formas y en la redefinición de cómo se representan el espacio y los cuerpos”, contó a la publicación británica Joanne Snrech, curadora del Museo Nacional Picasso. “Este cambio fue clave para el desarrollo del cubismo y del arte moderno en general”, añadió.

“Parte de lo que provocó una reacción tan fuerte es que Picasso no solo cambió una cosa: lo cambió todo a la vez… Incluso para los artistas que ya experimentaban con nuevos estilos, esto les pareció un paso demasiado lejos”, dijo.

De acuerdo al artículo, meses antes de su creación, Picasso había desarrollado un interés particular por las máscaras y esculturas africanas, todo esto gracias a un regalo de su amigo Matisse: una figura pequeña proveniente del Congo. Tras esto, el artista se interiorizó en el tema, y se hizo asiduo a la sección africana del Museo de Etnografía del Trocadero, donde hizo bocetos de ‘Las señoritas…’.

Para que causara menos polémica, Picasso incluso modificó el nombre del cuadro. ‘Les Demoiselles d’Avignon’ (‘Las señoritas de Avignón’), antes se llamó ‘Le Bordel d’Avignon’ (‘El burdel de Aviñón’).

La relectura de Henry Taylor, titulada ‘From Congo to the Capital and Black Again’ (2007), se exhibe en París como parte de su primera gran retrospectiva en Europa, ‘Henry Taylor. Where Thoughts Provoke’.

En ella, se destaca la estructura básica de la obra, así como las poses de las cinco mujeres desnudas y los dos rostros enmascarados. La modificación, es más bien racial: en vez de caucásicas, las protagonistas son afrodescendientes, en un gesto por un guiño más explícito al arte africano.

En vida, Picasso se desmarcó de cualquier tipo de influencia africana en el cuadro. “Nunca había oído hablar de él”, dijo en 1920 a un crítico de arte, en declaraciones que luego le valieron una acusación de “apropiación cultural”. Al europeo, se le acusa de contribuir a la invisibilización del arte africano en el siglo 20, entonces considerado “primitivo” por los círculos de arte.