Hace ya 4 años que Vincent Ocasla, urbanista filipino y exbudista, presentó al mundo Magnasanti, la ciudad de 6 millones de habitantes que puede considerarse el límite posible de SimCity 3000, la obra maestra de simulación de Will Wright. Magnasanti no es un mero récord o una curiosidad: forma parte de un amplio proyecto por parte de su creador, llamado Entendiendo los Secretos de la Psicología Humana y Social, que busca descifrar la relación entre la conducta de los individuos y el macrocosmos, y eventualmente “construir una ciudad de investigación de alta tecnología, convertirnos en cyborgs y alcanzar la vida eterna”.

Città ideale, Fra Carnevale, 1480

Città ideale, Fra Carnevale, 1480

Al menos desde el Renacimiento, los hombres occidentales han diseñado utopías: estructuras arquitectónicas y sociales que reflejen un orden ideal, pero humanamente posible. El concepto de ciudad ideal puede rastrearse visualmente en pintores como Francesco di Giorgio, Fra Carnevale y Luciano Laurana, quienes se inspiraron en el redescubrimiento de la obra del romano Vitrubio y en los intereses urbanísticos de las ciudades Estado.

Ciudad voladora, Georgii Krutikov

Ciudad voladora, Georgii Krutikov

En el siglo XX, arquitectos como Le Corbusier revivieron dicho ideal, con diseños como la mítica Ville Radieuse, la Ciudad Resplandeciente basada en la forma humana. Más tarde, la vanguardia soviética diseñaría sus propias utopías (incluyendo ciudades voladoras), malogradas por la represión estalinista y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las verdaderas raíces de Magnasanti están en Oriente: los mundos abstractos de los mandalas fueron la inspiración para la traza urbana y el concepto del imponente Magnasanti, cuyo diseño básico es el Dharmacakra, la rueda cósmica del budismo. El objetivo era maximizar la variante esencial del juego, la población, a través de un diseño urbano óptimo. La planeación tomó 1.5 años de desarrollo teorético, con cálculos matemáticos y el método de ensayo y error. La ciudad no utiliza trampas o cheats, alteración del código, hack, software malicioso o variables alteradas: su crecimiento es completamente natural y, de hecho, puede descargarse desde el sitio del autor.

http://youtu.be/NTJQTc-TqpU

La ciudad consiste en miles de secciones modulares, con servicios y tipos de zona (industrial, comercial, residencial) distribuidas de manera uniforme para alcanzar una eficiencia máxima. No hay grandes carreteras ni avenidas en Magnasanti: el metro es la prioidad, con una rejilla cuadricular de 12 × 12 y unas 400 estaciones. El objetivo es claro: ningún habitante necesita viajar más allá de una distancia caminable para acceder a todos los lugares esenciales (trabajo, recreación, servicios). De todos modos, no tiene caso salir de tu cuadra: “dondequiera que vayas, es el mismo lugar”.

La ciudad no tiene edificios abandonados. No existe en ella contaminación acuífera. No hay congestionamientos. La electricidad y el agua son alimentadas por ciudades satélite, por lo que el espacio habitable está completamente magnificado. El crimen es nulo. El valor de la tierra es estable. Sin embargo, para alcanzar el valor máximo de la población, su objetivo principal, Magnasanti esconde una pesadilla detrás de su inmensidad ideal.

Urbanismo y locura

Urbanismo y locura

La característica principal de Magnasanti es una monstruosa fuerza policíaca que vigila completamente a la población para asegurar un crimen nulo. No hay escuelas, bomberos ni hospitales: la educación y la salud no son prioridad para esta distopía, pues son obstáculos para alcanzar la máxima población. ¿Cómo lo toleran? Parece que la salud es tan pobre que nadie vive más de 50 años, por lo que no tienen medios para rebelarse contra una policía estatal híper eficiente: “Han sido embrutecidos, enfermos, esclavizados y controlados mentalmente para que el sistema siga durante miles de años; 50,000 para ser exactos. Están atrapados en el tiempo y el espacio”, asegura Ocasla en una entrevista con Vice. “La salud de los sims no era una prioridad en relación con el objetivo principal. Podría haber hecho varios decretos de salud que incrementaran el promedio de vida, pero decidí no hacerlo por razones prácticas. Esto nos muestra que, si te enfocas en un sólo objetivo, puedes terminar descuidando o incluso sacrificando otros elementos importantes. Del mismo modo, en el mundo real, si queremos maximizar las ganancias como objetivo absoluto, dejamos de lado las consideraciones sociales y ambientales”.

Han sido embrutecidos, enfermos, esclavizados y controlados mentalmente para que el sistema siga durante miles de años; 50,000 para ser exactos. Están atrapados en el tiempo y el espacio.

Magnasanti es el resultado de varios intentos arquitectónicos, cada vez más ambiciosos: originalmente se llamaba Populatria. Su diseño tomó 1.5 años; su construcción lo mismo, y los planos existentes muestran extensos cálculos matemáticos y la necesaria dinámica de ensayo y error. La primera ciudad fue Armadasanti, inspirada en la Armada Invencible española, que brindó la base del orden policíaco posteriormente implementada: una ciudad fortaleza. Posteriormente vino Parasanti, la ciudad parangón, el orden arquitectónico ideal que introdujo la geometría radial y la optimización del espacio a través de octágonos y trigramas. Magnasanti, que deriva de magnitud, es la culminación del proyecto arquitectónico, inspirada en la geometría del Dharmacakra o rueda de la vida y la muerte. Es la mezcla entre un Estado policíaco completo y un diseño arquitectónico perfecto, que incrementa la capacidad habitacional al máximo.

Ocasla tuvo 2 grandes inspiraciones. La primera es la llamada ciudad amurallada de Kowloon. Era un asentamiento ilegal y sin gobierno en Hong Kong, basado en un fuerte militar abandonado, que creció dramáticamente después de la guerra mundial hasta convertirse en el asentamiento más densamente poblado en la historia humana: 1,255,000 habitantes por kilómetro cuadrado. Kowloon era un agujero negro arquitectónico: la acumulación de construcciones impedía el paso del Sol. Se trataba prácticamente de una ciudad cyberpunk, similar a los megabloques de Judge Dredd o los paisajes de Blade Runner o Akira (de hecho, Kowloon fue el referente real de esas obras), la distopía urbana final, donde las Tríadas (mafia china) gobernaban sin ley. El asentamiento es tan memorable que unos magnates japoneses lo recrearon mediante un parque temático.

Corte transversal de Kowloon

Corte transversal de Kowloon

La otra gran influencia de Magnasanti fue el filme de Godfrey Reggio de 1982, Koyaanisqatsi. Se trata de una película contemplativa de 82 minutos, que consiste en largas tomas slow motion de ciudades, naturaleza y centenares de escenarios a lo largo de Estados Unidos. No hay diálogo ni narración: es un retrato objetivo de cómo era la humanidad en esa época desde el punto de vista del cosmos. Largas secuencias muestran la vida diaria de la posmodernidad a través de la industria, el trabajo y el ocio, todo musicalizado por Phillip Glass. Koyaanisqatsi es una palabra de la lengua hopi, grupo indígena del suroeste estadounidense, lejanamente emparentado lingüísticamente con los aztecas, y significa “vida fuera de equilibrio”. Según los mitos de los hopi, hubo varios mundos antes que el nuestro, mundos subterráneos. Cuando se llenaron de caos, desorden y sobrepoblación, los antepasados del hombre escaparon escalando por el subsuelo; encontraron nuevos niveles y mundos hasta que eventualmente llegaron al nuestro. Sin embargo, éste también acabará cuando la vida entre en el estado de Koyaanisqatsi.

http://youtu.be/1jM2WA2WbDc

Vincent Ocasla ha pasado a la oscuridad de la red, donde continúa sus estudios de arquitectura, urbanismo, geometría sagrada, cibernética, psicología y sociología. Para él, SimCity 3000 es mucho más que un juego: es un medio de expresión. Su objetivo con Magnasanti era reflejar la mezcla aterradora entre megalomanía y urbanismo: “magnificar las ambiciones enfermas de dictadores, élites y arquitectos desquiciados, planificadores urbanos e ingenieros sociales”. Por ahora, Ocasla sigue investigando temas relacionados con su ambicioso y extraño proyecto: sueños lúcidos, el universo como un gigantesco objeto matemático autoconsciente, mandalas, neurociencia, simbología e imágenes mentales. ¿Logrará su meta? ¿Magnasanti será una realidad? No lo sabemos, pero en este momento su creador podría ser la nueva cara de la raza de los utopistas contemporáneos y, ¿quién sabe?, inspirar uno de los miles futuros posibles del hombre.

Alonso Zamora
Tarreo.com