Notas
Macondo y Quilollay: Dos pueblos sumidos en 100 a√Īos de soledad
Publicado por: Francisco Ovalle
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El incendio de Valpara√≠so hizo aflorar lo mejor de todos los pueblos y ciudades, por eso cuando me preguntan de donde vengo, y como soy un loco sentimental, no puedo sino recordar a mi pueblo y empaparme de los recuerdos de anta√Īo, de mi ni√Īez.

Cada vez que cierro mis ojos y vuelvo a esa √©poca es como si incluso pudiera oler de nuevo los chirimoyos en flor, agitados por el fuerte viento que entra por la ribera del r√≠o. En primavera los ciruelos y los almendros, ti√Īen las calles polvorientas de un tenue color rosado con blanco.

As√≠ es mi pueblo, con gente cari√Īosa y amable de verdad, no como la de otros pueblos, que se hacen los cari√Īosos y amables.

Mi gente es de la que te saluda a√ļn sin conocerte. Si vas por la calle y se cruza un desconocido, ten por seguro que al menos te levantar√° la cabeza y te dar√° un cordial ‚Äúbuenos d√≠as‚ÄĚ acompa√Īado de un caracter√≠stico ‚ÄúQui√ļbo‚ÄĚ.

El río que bordea la ciudad fue mi primer desafío para aprender a nadar en las compuertas. Visto desde el cerro el río parecía una serpiente plateada que lentamente avanzaba por el valle. Los canales de regadío con agua color chocolate que circundaban los predios agrícolas eran como culebras angostas pero largas, también miradas desde la altura.

Los sauces dejaban acariciar sus largas cabelleras verdes por el agua de las vertientes y cu√°ntas veces esas mismas cabelleras las usamos de lianas para caer abruptamente a las pozas que se formaban con los riachuelos.

El paisaje de mi pueblo es una mezcla entre modernidad y tiempos a√Īejos.

Tiene molinos antiguos para sacar agua de los pozos y norias y tiene riego tecnificado para las plantaciones de paltos y limones en los cerros que poco a poco fueron avanzando con su manto verde hasta llegar casi a lo m√°s alto del valle.

Lo mismo pasa con los vi√Īedos y parronales, plantaciones de hortalizas que cambian el color del paisaje como si fueran cuadraditos de distintas tonalidades, como una gran manta multicolor tejida por las manos de los agricultores que se extienden kil√≥metros y kil√≥metros sobre el valle.

La estación de ferrocarriles tiene murales. Uno de ellos se mantiene en pie, los otros ya se destruyeron por el paso del tiempo. De vez en cuando uno que otro tren pasa por ahí, pero ya no de pasajeros, solo de carga.

Mi pueblo es m√°gico, el viento sopla con tal fuerza que las copas de los √°rboles est√°n inclinadas. Hay tantas napas subterr√°neas que en las noches la neblina es tan densa que no se ve a m√°s de 5 metros.

En invierno el fr√≠o es intenso, la Cordillera que est√° a unos cuantos kil√≥metros se viste de blanco y entrega una maravillosa postal sobre todo cuando amanece o llega el crep√ļsculo. Los colores son iniguales. Recuerdo cuando organiz√°bamos a muy corta edad excursiones a la monta√Īa con mis amigos del barrio. Esas largas caminatas jugando a ser exploradores, dejaron a m√°s de alguno perdido por horas.

En las noches, de invierno sobre todo, cuando no había luna y el cielo estaba despejado, era fácil distinguir las estrellas. En lo alto de los cerros acostados boca arriba se podía ver incluso como la gran bóveda giraba, o al menos esa era la sensación que nos quedaba.

Tomar once en la monta√Īa, en el cerro, es una sensaci√≥n indescriptible. Para el almuerzo infaltable el tarro de jurel ‚Äútipo salm√≥n‚ÄĚ con cebolla, el t√≠pico causeo. El tarrito se lava bien y con un alambre se le hace una manilla, con eso queda listo el tradicional ‚Äúchoquero‚ÄĚ. Tomar t√© con hierbas silvestres u hojas de espino le da un sabor caracter√≠stico a las onces en los cerros.

Así es mi pueblo, mágico, literalmente mágico.

Mi pueblo es parecido al que inmortaliz√≥ el gran Garc√≠a M√°rquez, ‚ÄúMacondo‚ÄĚ, un pueblo lleno de esperanzas, lleno de sue√Īos, lleno de magia.

Por eso cuando me preguntan de donde soy, orgullosamente digo que soy de ‚ÄúQuilollay‚ÄĚ, ese es mi pueblo, esa es mi tierra que adem√°s de ser bella, su gente es solidaria y tambi√©n lleg√≥ a Valpara√≠so a ayudar. QUI de Quillota; LO, de Los Andes; LLAY, de Llay Llay, mi pueblo m√°gico y solidario y tal como su hermano “Macondo” tambi√©n est√° quedando en cien a√Īos de soledad.

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