Notas
Los verdaderos y osados pronunciamientos del Ch√© Papa ¬Ņmeros gritos en el mar?
Publicado por: Oscar Vega
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Ajeno a la pompa, sin acrobacias teol√≥gicas in√ļtiles, Jorge Mario Bergoglio, (Ch√© Papa, Ch√© Francisco) sorprende a tirios y a troyanos. Sus palabras rezuman valent√≠a. Sus gestos apuntar√≠an a cambiar, por fin, a esa gigantesca instituci√≥n, la Iglesia Cat√≥lica. Sin embargo cabe una reflexi√≥n: en la escandalosa dimensi√≥n del mundo que habitamos y compartimos, en este mundo atiborrado de fraudes y delincuentes de cuello y corbata, todos aquellos pronunciamientos osados y acaso verdaderos, ¬Ņno correr√°n el riesgo de convertirse en saludos a la bandera, en meros gritos en el mar?

El Papa rompe normas y protocolos, se embolsica viejas normas y convenios sociales enmarcados en la reverencia untuosa, en el besamanos ante el Poder. Sin coche oficial ni parafernalia, utilizando all√° un jeep viejo y prestado, como un honesto peregrino, recorri√≥ Lampedusa, la peque√Īa isla al sur de Sicilia. Dio la mano a cristianos y musulmanes. A estos √ļltimos le deseo venturas con ocasi√≥n del mes del Ramadam.

Viniendo del Africa, del Medio Oriente o del Asia, Lampedusa, apenas 20 kilómetros cuadrados, es punto de entrada al territorio de la Unión Europea. Es, al mismo tiempo, un sitio donde el dolor y la muerte se han cebado con los desposeídos de la Tierra. Una región jurídicamente italiana atiborrada de inmigrantes y naufragados. El Papa no solo rezó sino que habló sin cortapisas. Se postró de dolor ante la magnitud de la injusticia.

A Lampedusa han llegado, llegan y seguir√°n llegando, despavoridos, maltrechos, enfermos, huyendo de pobrezas y de guerras tribales sin fin. Nadie sabe cu√°ntos fueron, son y ser√°n. Vienen encaramados, api√Īados, hacinados en fr√°giles y endebles embarcaciones (pateras). Cambuchos a merced del oleaje, fletados previo pagos abusivos que exigen siniestros traficantes. Bandidos que negocian con el dolor y la esperanza. Forzados al destierro esos viajeros vienen encandilados, so√Īando con disfrutar (tambi√©n) de un mundo ‚Äúfeliz‚ÄĚ, con pan y trabajo. Indocumentados. Sus gobiernos los han dejado a la deriva, los coimean, persiguen y azotan, les disparan y cuando huyen clandestinos sus autoridades miran para otro lado. Los gobiernos de ac√°, del Primer Mundo, ¬†hacen lo mismo. A esas an√≥nimas mujeres, hombres y ni√Īos se les llama ilegales. Cabe preguntarse ¬Ņacaso existen seres humanos ilegales?

Hombres, mujeres y ni√Īos, fetos en gestaci√≥n, vienen hambrientos y sedientos, huyendo de la maldici√≥n de haber nacido en zonas mis√©rrimas. Un alto porcentaje sucumbe al oleaje. En los √ļltimos diez a√Īos el mar de Lampedusa se ha convertido en un cementerio. Seg√ļn las cifras m√°s conservadoras ya se contabilizan m√°s de 25 mil cad√°veres.

Ubicada entre Malta y T√ļnez, aquella isla mediterr√°nea es preciosa. En esta √©poca y como todos los veranos europeos, llegan, a pu√Īados, turistas ufanos, mezquinos y alegres. Lucen indiferentes, tapados con pomadas para que el sol no les da√Īe sus pieles blancas delicadas y lustrosas, o estropee esas pandorgas groseras o aquellos bustos desafiantes. ¬ŅQu√© ha dicho all√≠ Che Francisco?

Mirando el mar, recordando a tantos desaparecidos ha sentenciado: Estamos anestesiados ante el dolor de¬†los dem√°s. ¬°Que verg√ľenza¬° Somos una sociedad indiferente. Hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos ca√≠do en comportamientos hip√≥critas. Inmersos en la cultura del bienestar solo pensamos en nosotros mismos. Nos hemos convertido en seres insensibles ante el grito de los dem√°s. Con nuestros recursos, anchos, satisfechos, nos miramos el ombligo y continuamos viviendo en una pompa de jab√≥n, hermosa pero in√ļtil.

‚ÄúYo no soy responsable‚ÄĚ es la frase, la disculpa recurrente. Y otra:¬†¬Ņyo qu√© puedo hacer? O sea, tal como afirma el jefe mundial de los cat√≥licos, estamos ante otro fen√≥meno horroroso, la globalizaci√≥n de la indiferencia. Y se pregunta a continuaci√≥n ¬Ņqui√©n, cual de nosotros, ha llorado ante tantos hermanos y hermanas ca√≠dos en el mar de Lampedusa?

El Papa ha se√Īalado a buena parte de los causantes. No solamente salen al baile curas ufanos, hip√≥critas o ped√≥filos que invocan falsamente al cielo. Tambi√©n, sobre todos, quienes toman decisiones a nivel mundial. Los que, en la pr√°ctica, han creado y siguen multiplicando el espantoso drama de la miseria.

Europa con sus valientes políticos tan campanudos, elegantes y sebosos, se muestra fuerte con los más débiles (curdos, gitanos, sudacas, etc.) y débil ante los más fuertes, (USA, China, etc.). Estamos ante un Viejo Continente destemplado, horadado por drogas, prostitución, abusos, cesantía y un creciente y peligroso control ilegal de todas las comunicaciones. Países sumidos en escándalos surtidos olvidando que hay (por lo bajo) unos mil millones de seres humanos que hoy pasan hambre. Que el 30 por ciento de los alimentos de los grandes supermercados sobran y se arrojan a la basura. Que el derecho a la alimentación es un derecho humano, no un negocio.

Allá en las hendijas del Vaticano Ché Francisco asume otros escándalos. Altos prelados con millones de euros en la maleta huyendo a Suiza. La policía investigando. El Banco de la Iglesia todavía enfrascado en lavados de dinero y con un terrible historial donde, suma y sigue, se mezclan, asesinatos, traiciones, robos, sexo y mentiras.

El fr√°gil Papa anterior, Ratzinger, termin√≥ acorralado por una pandilla de g√°rrulos y timadores con sotanas, o sea la Curia poderosa. ¬ŅPodr√° el actual Pont√≠fice ordenar la Casa de Dios? ¬ŅLograr√° abrir ventanas a la transparencia, escuchar a la ciencia, volver los ojos al Jes√ļs hist√≥rico y, entre tantas urgencias, sepultar el patriarcado para que las mujeres puedan ¬°por fin! acceder a todos los ministerios eclesiales?

Limpiar sentinas y pozos negros siempre ha sido una tarea peligrosa. Tanto así que hoy, en el entorno de Che Francisco, y cada día que pasa, se teme (y cada vez más) por su seguridad.

Oscar ‚ÄúEl Monstruo‚ÄĚ Vega
Periodista, escritor, corresponsal, reportero, editor, director e incluso repartidor de periódicos.
Se inici√≥ en El Sur y La Discusi√≥n, para continuar en La Naci√≥n, Fortin Mapocho, La √Čpoca, Ercilla y Cauce.
Actualmente reside en Portugal.

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