Notas
Néstor Kirchner: Velatorio del hombre fuerte de Argentina se convierte en una catarsis popular
Publicado por: Gabriela Ulloa
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

Una incesante oleada de gente grita su devoción por la presidenta argentina Cristina Kirchner, quien los abraza uno tras otro frente a la mirada atónita de sus homólogos extranjeros: el velatorio de su marido, Néstor Kirchner, es un momento de catarsis popular.

“¬°Coraje Cristina, estamos con vos, hay que ser fuertes!”, exclama una joven con l√°grimas en los ojos. La presidenta va hacia ella y la aprieta largamente entre sus brazos, luego le sostiene la mano y la vuelve a abrazar.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, mira la escena estupefacto. Es un ballet de gente de la calle y de jefes de Estado, pero no parece haber diferencias entre ellos.

Llega su hom√≥logo venezolano, Hugo Ch√°vez, que a su turno toma en sus brazos a Cristina, de 57 a√Īos, y no le suelta la mano.

Todas las barreras parecen haber ca√≠do. Un militante en trance se golpea el pecho: “¬°N√©stor no est√° muerto, vive en nuestros corazones!” Cristina le env√≠a un beso con su mano.

La escena parece tan irreal como la muerte del hombre m√°s poderoso y el m√°s temido del pa√≠s, abatido por una cr√≠sis card√≠aca a los 60 a√Īos.

N√©stor Kirchner estaba en conflicto con todo el mundo: los medios, la Iglesia, la Corte Suprema, los productores agrarios, los industriales, el Congreso. Se sab√≠a que detr√°s de cada nueva crisis estaba √©l. ¬ŅC√≥mo pudo desaparecer de golpe? “Todav√≠a no lo creo”, dicen los ministros en voz baja.

De vez en cuando, Cristina se acerca al cordón de seguridad, se deja agarrar, abrazar. Luego regresa a su lugar cerca del féretro, visiblemente emocionada.

El presidente paraguayo y ex obispo, Fernando Lugo, pelado y con saco Mao, se mantiene a su lado mientras la multitud sigue pasando, deteniéndose para dirigirse directamente a la presidenta que recibe cada mensaje, cada flor.

Algunos minutos m√°s tarde es el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, quien posa su mano durante largo rato sobre el hombro de la mandataria argentina.

Est√°n ahora todos juntos: Santos, Lula, Lugo, Ch√°vez, y la gente sigue pasando y se dirigen a la presidenta: “¬°Gracias! ¬°No se muri√≥! ¬°Aguante Cristina!”.

Cristina Kirchner se mantiene all√≠ desde hace casi once horas, nunca se sac√≥ sus lentes oscuros. Su hija Florencia, de 19, se eclips√≥ pero su hijo M√°ximo, 32 a√Īos, sigue detr√°s de ella.

Afuera, una multitud cada vez más numerosa se extiende sobre más de dos kilómetros. La noche cae, la Casa Rosasa, la del legendario balcón de Evita y Juan Perón, ahora está iluminada y la gente sigue avanzando lentamente.

Saben lo que le dir√°n a la presidenta cuando accedan a la capilla ardiente. Para algunos, ser√° apenas una palabra, otros pronunciar√°n un discurso y otros le entregar√°n una peque√Īa bandera escondida en un bolsillo. Es un d√≠a en que todo parece posible.

El destino trágico de los dirigentes peronistas está en la memoria de todos: el de Evita Perón, en 1952, y la de su marido Juan Perón, fallecido en 1974.

Hay lágrimas pero también alegría entre los militanes.

“O-l√©, O-l√©, Ol√©…, N√©s-tor…N√©s-tor…”, se escucha. Parece una cancha de f√ļtbol. Los c√°nticos se elevan sobre la Plaza de Mayo. “Soy argentino, soy soldado, soldado del ping√ľino..”, entona una columna de j√≥venes peronistas.

A N√©stor Kirchner, lo llamaban “ping√ľino” porque hab√≠a nacido en R√≠o Gallegos, en la Patagonia austral. Es en esa ciudad donde ser√° enterrado este viernes.

Tendencias Ahora