Señor Director:

Desde los tiempos de Poncio Pilato y la liberación de Barrabás, la humanidad discute una misma cuestión. La legitimidad de que solo un hombre, por el cargo que ostenta, pueda perdonar una condena impuesta por toda una sociedad. Esta polémica facultad, ejercida primero por emperadores romanos, luego monarcas y hoy presidentes, ha sobrevivido a los siglos como una manifestación del poder soberano asociado a un cargo.

En el caso de nuestro país, el indulto, herencia de la monarquía española, constituye una prerrogativa excepcional del Presidente de la República, cuyo ejercicio pocas veces había alcanzado el nivel de controversia pública observado en los últimos años.

Podemos discutir si una facultad de esta naturaleza sigue teniendo sentido en pleno siglo XXI. Sin embargo, lo cierto es que su utilización en los últimos tiempos refleja el clima político y social que llevó al poder a cada gobernante.

En el caso del expresidente Boric, cuya votación histórica lo convirtió en el mandatario más joven de nuestro país, su triunfo estuvo estrechamente ligado a la crítica social expresada durante las manifestaciones del 18 de octubre.

En ese contexto, los indultos concedidos a algunos de los denominados presos del estallido social fueron interpretados por muchos como una devolución de mano a quienes representaron ese movimiento.

Algo similar podría ocurrir con el actual presidente José Antonio Kast, electo también por una histórica votación, por el mismo Chile que cuatro años antes apoyó a Boric y que observa hoy con distancia y crítica aquellos hechos ocurridos el 18 de octubre, considerados por parte importante de la ciudadanía como simples hechos de violencia y vandalismo.

En ese escenario, resulta coherente que eventuales indultos se orienten hacia funcionarios de las fuerzas de orden que participaron en su control y que hoy se encuentran condenados.

Así, estemos o no de acuerdo, tanto los indultos otorgados por Boric como los que eventualmente podría conceder Kast parecen coherentes con el clima político que llevó a cada uno al poder.

La pregunta de fondo, sin embargo, sigue abierta. ¿Debe una institución tan excepcional como el indulto terminar convertida en una respuesta al clamor popular, tal como ocurrió hace más de dos mil años con Barrabás?