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Mineros visitan campamento Esperanza para participar de actividad religiosa
Publicado por: Felipe Delgado
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Trece de los 33 mineros se reunieron el domingo en el campamento Esperanza, en las afueras de la mina chilena donde estuvieron atrapados, para conocer cómo vivieron sus familias los 69 días que demoró su rescate y participar en una misa, en medio del asedio de la prensa.

En medio del campamento, que poco a poco se va desarmando, tuvo lugar esta ceremonia de car√°cter ecum√©nico, ya que no todos los rescatados son cat√≥licos. Tres de los mineros tomaron la palabra: el boliviano Carlos Mamani, Omar Raygadas y el jefe de turno Luis Urz√ļa, que agradecieron a Dios por el desenlace del rescate.

“Oiga, caballero, yo he orado mucho por usted”, cont√≥ Urz√ļa que una ni√Īa le dijo en los √ļltimos d√≠as, detalle que le emocion√≥ mucho.

Los mineros narraron que todos los días leían la Biblia y oraban, y aseguraron que muchas veces sintieron que tomaban la mano de Dios.

Algunos de los rescatados, como Ariel Ticona, se excusaron de participar, y avisaron que la noche previa en sus hogares y barrios los habían recibido con fiestas que se prolongaron hasta altas horas de la madrugada.

La llegada de los mineros al campamento fue semejante a la de estrellas de cine. Un mar de periodistas se les vino encima, por lo que algunos tuvieron que abordar vehículos policiales para ingresar hacia un recinto custodiado, donde normalmente las familias recibían detalles del rescate por parte de las autoridades. A partir de allí no hubo acceso a la prensa.

“Estuvo bien la misa, estuvo bien el reencuentro”, cont√≥ el minero Claudio Acu√Īa. Al t√©rmino de la celebraci√≥n, la mayor√≠a de los 13 que asisti√≥ prefiri√≥ hablar escuetamente, y privilegi√≥ estar junto a su familia y conocer el campamento, emplazado 800 km al norte de Santiago.

El sol golpea en esta porción del desierto de Atacama. Un tenue viento sacude las carpas ahora vacías de las familias. Alguna vez, el campamento Esperanza llegó a albergar a más de 3.000 personas, entre familiares, trabajadores y periodistas.

“Estamos juntando las cosas para colocarlas en la camioneta”, dijo Omar Raygadas, quien adem√°s pidi√≥ espacio para estar con su familia. As√≠ como Raygadas, como un s√≠mbolo del fin de la historia, los mineros acompa√Īaron a su familia a desarmar sus carpas y volver a sus casas.

El minero Mario Gomez recorri√≥ el campamento junto a su familia. “Estoy muy cansada, ahora nos llevamos todas las cosas. Esperamos que ahora empiece nuestra vida… ya no doy m√°s”, dijo Liliana, la esposa de Mario, a la AFP.

“Esta fue una ciudad”, coment√≥ escuetamente el minero Claudio Ya√Īez, al t√©rmino de la ceremonia que ofici√≥ el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Chilena, Gonzalo Duarte, y de la que particip√≥ un pastor evang√©lico.

“Todos sufrieron aqu√≠ afuera lo que est√°bamos sufriendo adentro”, coment√≥ por su parte Dar√≠o Segovia.

En uno de los cerros a√ļn flameaban las 33 banderas –32 chilenas y 1 boliviana– que los representaron durante el rescate y que empezaban a ser retiradas.

Omar Raygadas se encontr√≥ con el payaso Rolly, que jugaba con los ni√Īos durante la espera, y le agradeci√≥ por todo lo que hizo por sus nietos.

Hasta la mina tambi√©n lleg√≥ un grupo de trabajadores de la minera San Esteban, propietaria del yacimiento San Jos√©, reclamando la falta de atenci√≥n hacia los m√°s de 300 de empleados que quedaron sin trabajo tras el accidente. “San Esteban no somos 33, somos 300″, rezaba un cartel.

Durante las labores del rescate, los due√Īos de San Jos√© -cuya empresa est√° inmersa en un proceso judicial que podr√≠a terminar en quiebra- no se mostraron por el yacimiento.

No obstante, en declaraciones al diario El Mercurio publicadas este domingo, el due√Īo de la minera, Alejandro Bohn, dijo que llam√≥ al ministro de Miner√≠a, Laurence Golborne, para felicitarlo por el rescate del mi√©rcoles.

Algunos mineros como Yonni Barrios o Juan Illanes ya hablan de la posibilidad de crear una fundación que permita transmitir sus experiencias y prevenir accidentes mineros.

Mientras, el campamento Esperanza abre paso nuevamente al desierto. “Esta fue una ciudad en miniatura, con colegio, comedores, comisar√≠a, bomberos, alcaldesa (Mar√≠a, la hermana del minero Dar√≠o Segovia)”, dice el param√©dico Wilfredo Morales.

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