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Quirófanos en Venezuela se llenan ante el pánico por los implantes PIP

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En una clínica privada de Caracas, una madre y su hija están a punto de pasar por el quirófano para sustituir los implantes franceses PIP, como muchas otras venezolanas que se operaron en las últimas semanas alarmadas por los riesgos sanitarios que pueden acarrear esas prótesis.

“Sientes que tienes que pasar por esto porque no te queda otra”, dice llorosa a la AFP, Mari, una diseñadora de 51 años, que regresa al quirófano luego de un lustro porque una de las prótesis de la marca francesa que se implantó entonces se rompió y le provocó una inflamación en un seno.

Afuera, su hija Georgeanna, treinta años menor, aguarda más “tranquila” su turno para someterse a la misma operación, aunque en su caso los implantes están intactos. La suya será la tercera intervención de este tipo en el día en esta clínica, donde antes no superaban ese número en un mes, explica Peter Römer, cirujano plástico que operará a madre e hija.

A finales de 2011 la compañía francesa Poly Implant Prothese (PIP) fue acusada de fabricar implantes mamarios con un gel de silicona “no conforme” a las normas sanitarias, irritante y propenso a romperse. Luego de desatarse la polémica a nivel internacional, el gobierno francés recomendó retirarlos “a título preventivo”.

La noticia sacudió al mundo médico y a muchas de las más de 30.000 mujeres venezolanas portadoras de estas prótesis, preocupadas por las sospechas de que éstas puedan generar cáncer, si bien este riesgo no fue probado hasta ahora.

Es así que hoy la actividad de las clínicas de cirujía se disparó.

Bajo las luces del quirófano y envuelto en una relajante música ambiental, Römer, con 15 años de experiencia en cirugía plástica, extrae las siliconas de Mari a través de una abertura por sus pezones y las sustituye por otras nuevas en una operación de poco más de una hora.

De su seno derecho extrae una agujereada bolsa amarillenta, donde apenas es visible el logo grabado de PIP. De la prótesis brota silicona, lo que le ha provocado una inflamación interna, que debería ceder tras una rápida limpieza y suministro de antibióticos.

En esta clínica privada de Caracas, esas operaciones de reposición tienen actualmente un costo de 24.000 bolívares (unos 5.580 dólares), casi la mitad del monto normal, una oferta especial que, aseguran sus médicos, se debe a la emergencia causada por el caso PIP.

“Las llamadas han sido infinitas, de 50 a 80 diarias, con los teléfonos colapsados y las pacientes averiguando qué prótesis tenían (…) Para los cirujanos plásticos ha sido un evento tipo tsunami”, narra Römer, que espera sustituir un centenar de implantes en los próximos dos meses.

La Sociedad Venezolana de Cirugía Plástica (SVCP) constata un incremento de las consultas médicas en los centros públicos y privados, así como el inicio de extracciones de implantes a consecuencia de esta polémica, aunque no ofrece cifras exactas.

Las prótesis PIP se comercializaron en Venezuela hasta 2010, cuando el gobierno prohibió su venta coincidiendo con el cierre de la empresa en Francia ante reiteradas denuncias de rupturas de implantes.

“Hay un estado de pánico generalizado, pero el llamado es a la calma. Que una paciente desarrolle cáncer de mama y tenga los implantes no significa que la causa haya sido el implante”, dice Römer.

Este cirujano sugiere de todas formas a sus pacientes retirar los implantes PIP, porque son “una bomba de tiempo” ya que se pueden romper y su efecto corrosivo es “severo”, aunque aclara que debe hacerse con planificación y tranquilidad.

En cambio, para el secretario general de la SVCP, Ramón Zapata “la extracción preventiva de las prótesis no es recomendable” mientras no estén rotas, aunque entiende que las “pacientes sientan miedo y quieran quitárselas”.

PIP producía 100.000 implantes al año y exportaba casi el 84% de su producción, sobre todo a Sudamérica, España y Gran Bretaña.

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