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El cura que salva refugiados de Libia con su móvil desde el Vaticano

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A pocos pasos de la cúpula de San Pedro en el Vaticano, el sacerdote eritreo Mosé Zerai salva vidas de refugiados africanos que huyen en barcazas de la guerra civil en Libia con un teléfono satelitar que no para de repicar.

“Esta es la angustiosa llamada del hermano de uno que está en una balsa de la que no sabemos nada desde hace varios días”, cuenta Zerai, desde la sede del Colegio Etíopico en el Vaticano, tras una de las numerosas llamadas telefónicas que interrumpieron la charla con la AFP.

Gracias a la labor de Don Mosé, eritreo de 36 años, fundador hace cinco años de la asociación humanitaria Habeshia, 285 prófugos, la mayoría eritreos y somalíes, fueron rescatados este fin de semana tras cuatro días a la deriva en el Mediterráneo.

“Estamos en emergencia e Italia es el único país que ayuda”, admite el religioso, que desde hace años solicita a la comunidad internacional el desmantelamiento de los campos de prófugos en Libia, donde vivían hacinados unos 10.000 etíopes, somalíes y eritreos que huían de guerras y conflictos en sus propios países.

Ahora su mayor preocupación son las embarcaciones con cientos de ellos, algunas de las cuales han desembarcado en Lampedusa, la isla siciliana que está colapsada por la presencia de más de 6.000 inmigrantes norafricanos.

“Europa se encierra en una barricada. Muchas veces lo hemos dicho: no es construyendo muros que se resuelve el problema”, sostiene el sacerdote, que recibe llamadas desesperadas desde las barcazas en las que piden socorro.

“Tengo que agradecer a Italia, porque puso a disposición un avión de la aeronáutica para evacuar a 110 eritreos y somalíes. Ningún país de Europa lo ha hecho pese a los llamados hechos a la comunidad internacional”, sostiene Zerai.

Gracias a sus insistentes pedidos a la guardia costera, a organismos internacionales y autoridades políticas, el religioso logró el sábado el prodigio de salvar la vida de una recién nacida en una de las balsas.

“Fue como un milagro de Dios. Ahora la niña, de nombre Yeabsera (Don de Dios), de madre etíope y padre eritreo, podrá crecer aquí. Si le conceden a los padres el estatuto de refugiados podría pedir inclusive la ciudadanía italiana en cinco años”, asegura.

Este drama conmovió a los italianos, que han donado trajes, pañales y alimentos para la bebé.

“No me siento el salvador del mundo, actúo según mi consciencia”, reconoce el religioso, que emigró hace veinte años a Italia, donde estudió teología y entró al sacerdocio.

“Sé lo que quiere decir ser emigrante, porque lo viví en carne propia”, contó Zerai, quien realizó todo tipo de trabajos humildes antes de decidir entrar al sacerdocio.

“Me fui de mi país cuando salimos de la dictadura por un deseo de libertad. Vivíamos en un clima de miedo y sospecha recíproco. Por ello buscábamos la libertad”, recuerda.

“Ahora Europa está cerrada, anuncia la construcción de muros y firma acuerdos para impedir que lleguen refugiados, por lo que terminan en países en los que están expuestos a peligros y maltrato, como en Libia y Egipto”, sostiene.

“Recibo cientos de pedidos diarios. Acabamos de lanzar una campaña a favor de 400 prófugos que se encuentran secuestrados en el desierto del Sinai en manos de traficantes”, agrega.

Para el religioso, países ricos como Estados Unidos, Canadá y Australia están en condiciones de abrir sus puertas.

“Hay que superar el egoísmo de los Estados, que defienden sus privilegios o se dejan influir por la opinión pública del momento. No se puede dar vuelta a la escala de valores en base a la opinión pública. Hay valores incuestionables”, tranzó.

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