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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Expertos aconsejan evitar marcas de lujo visibles en el trabajo para no generar interpretaciones negativas entre jefes y colegas, ya que el "espionaje financiero" puede llevar a prejuicios sutiles. Artículos de lujo pueden ser percibidos como señales de superficialidad o falta de seriedad, afectando la dinámica laboral. Estudios respaldan que la cooperación disminuye con personas que exhiben estatus visible. Recomiendan comprender el contexto de uso de moda de lujo en el trabajo para evitar malentendidos. El sesgo de género también influye, ya que las mujeres suelen enfrentar más críticas sobre su apariencia laboral.

En un mundo donde la imagen personal es uno de los elementos más relevantes, pareciera que vestir ropa de diseñador podría interpretarse como una señal de éxito o buen gusto, sin embargo, en el ámbito laboral, ese mismo gesto puede generar interpretaciones inesperadas, según expertos.

Resulta que, según aconsejan, lo mejor sería optar por evitar marcas de lujo visibles en la oficina para no enviar señales equivocadas a jefes o compañeros de trabajo, y así evitar consecuencias no deseadas.

¿Está bien usar artículos de moda en el trabajo?

Así lo planteó el medio digital estadounidense enfocado en noticias financieras y empresariales, Business Insider, donde destacan que lo mejor sería no usar ropa de diseñador en el trabajo, porque puede hacer que algunos “se sientan incómodos”.

Al mismo tiempo, sirve para evitar el “espionaje financiero”, el acto de especular sobre el nivel de ingresos o la situación económica de alguien a partir de su apariencia, sus accesorios o su estilo de vida, por parte de los compañeros de trabajo.

Según asesores profesionales consultados por el citado medio, los artículos de lujo visibles pueden activar prejuicios sutiles en el lugar de trabajo. Algunas personas podrían interpretar estos símbolos como señales de superficialidad, falta de seriedad o incluso de que el trabajador no necesita realmente un aumento de sueldo.

Si bien advierten que estas percepciones pueden parecer absurdas, los especialistas aclaran que sí influyen en la dinámica laboral, pero de manera silenciosa. Algunos estudios respaldan esta idea, como una investigación publicada en 2022 en el Journal of Personality and Social Psychology, que encontró que las personas tienden a cooperar menos con quienes exhiben señales visibles de estatus, como artículos de lujo.

Cristina Pérez de Cian, jefa de Área Candidato de la empresa de recursos humanos Adecco Chile, explicó a BioBioChile que, nuestro cerebro tiende a simplificar la información y construir juicios en base a señales visibles, especialmente en entornos donde aún no existe un conocimiento profundo del desempeño o las capacidades reales de alguien.

En ese contexto, el uso de elementos asociados al lujo puede generar percepciones ambiguas o incluso negativas, no por el objeto en sí, sino por lo que simboliza: distancia, estatus o una posible desconexión con la cultura del equipo.

Evitarlos también en entrevistas laborales

En el caso de Chile, si bien ha habido avances importantes hacia culturas organizacionales más inclusivas y diversas, las apariencias siguen teniendo un rol, especialmente en las primeras etapas de la carrera profesional. Elementos como la forma de vestir pueden influir —consciente o inconscientemente— en cómo es percibida por jefaturas o equipos.

En palabras simples, en ausencia de información suficiente, las personas suelen tender a usar lo que ven para formar juicios rápidos o sesgos.

El medio cuenta además la historia de una reclutadora que perdió una oportunidad de ascenso por el uso de un bolso Louis Vuitton que compró con su bono de fin de año. El gerente encargado de la decisión interpretó la compra como una señal de situación económica cómoda: “Irónicamente, en ese momento estaba en una situación financiera muy complicada”, recordó la fuente.

Por esa razón, muchos asesores profesionales recomiendan evitar los artículos de lujo visibles no solo en el trabajo, sino también durante procesos de selección o entrevistas laborales. “El riesgo es que las empresas piensen que no necesitas el dinero o que ya estás en una posición económica privilegiada”, explicó Durham.

Moda, lujo, mujeres y trabajo

A esto se suma el sesgo de género como otro factor que complica aún más la situación, ya que diversos especialistas señalan que las mujeres suelen enfrentar mayores cuestionamientos respecto a su apariencia en el trabajo.

“Nunca un hombre se me ha acercado para preguntarme qué señales transmite su vestimenta”, señaló Louise Thompson, asesora de liderazgo y desarrollo profesional en el Reino Unido, lo que para ella, es prueba de “lo desigual que sigue siendo esta presión”.

Al respecto, Pérez de Cian añade a BBCL que, dentro de ese contexto, existen sesgos asociados a la apariencia en el trabajo, y estos pueden influir en oportunidades laborales.

Algunos estudios en psicología organizacional muestran que las personas tienden a asociar ciertos estilos de vestimenta con atributos como compromiso, cercanía o incluso ética de trabajo, lo que puede generar ventajas o desventajas que no necesariamente reflejan el desempeño real.

El riesgo es que estos juicios iniciales condicionen oportunidades de exposición, proyectos o crecimiento.

¿Cuál es la solución?

Por eso, el desafío para las organizaciones hoy no es solo reconocer que estos sesgos existen, sino gestionarlos activamente. Esto implica avanzar hacia evaluaciones más objetivas, basadas en resultados y competencias, y formar a líderes para que sean conscientes de sus propios sesgos.

Eso sí, coinciden en que la clave no es prohibir la moda de lujo, sino entender el contexto en el que se utiliza. La vestimenta, al igual que el lenguaje o el comportamiento, forma parte de la comunicación profesional y cada elección, desde el color de la ropa hasta el tipo de accesorios, transmite ciertos mensajes.

Lo relevante aquí es entender que no se trata de evitar ciertos estilos, sino de leer adecuadamente el contexto. Cada industria, e incluso cada empresa, tiene códigos culturales distintos. Por ejemplo, en sectores más tradicionales o jerárquicos, la sobriedad suele ser interpretada como profesionalismo, mientras que en industrias más creativas o tecnológicas existe mayor flexibilidad.

Finalmente, una recomendación práctica es priorizar la coherencia con el entorno y el rol, especialmente en etapas iniciales, donde construir confianza y credibilidad es clave.