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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

National Geographic estrena documental que revive el rescate de los 33 mineros atrapados en mina San José en 2010, narrado por los propios protagonistas. Omar Reygadas, minero entrevistado, revela detalles del pacto de silencio, la falta de reconocimiento en Chile y la realidad de la industria minera posaccidente. Pese al impacto internacional, en su tierra natal han sido olvidados. Reygadas denuncia incumplimiento de promesas y falta de cambios reales en seguridad minera.

A 16 años del rescate que conmovió al mundo, National Geographic estrenó un documental que vuelve a poner el foco en los 33 mineros que quedaron atrapados en la mina San José de Copiapó, en agosto de 2010.

Se trata de ‘El rescate de los mineros chilenos: Carrera contra el tiempo’, docuserie narrada por los propios protagonistas de la gesta que busca relevar aspectos desconocidos de aquellos 69 días bajo tierra; los mismos que culminaron con un rescate que mantuvo en vilo a millones de personas en todo el planeta. Los tres capítulos ya están disponibles en streaming en la plataforma Disney+.

Omar Reygadas, uno de los 33 mineros, conversó con BioBioChile sobre su participación en esta nueva producción internacional. Aquí, y en retrospectiva, Omar no sólo relata su experiencia en el subsuelo: también aborda el presente de la industria minera en relación con la seguridad y los accidentes laborales.

Sus palabras, a su vez, reflejan una paradoja: mientras en el extranjero el recuerdo de los 33 permanece vivo, en su propia tierra el olvido parece haberse instalado.

Reygadas, quien retomó su trabajo en minería tras el rescate, también explica el recordado “pacto de silencio” de los mineros en el subsuelo, la dispersión que hubo en el grupo con el pasar del tiempo y las promesas incumplidas que marcaron los años posteriores.

(P): ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en este documental de National Geographic?

(R): Lo que me gusta del documental es que refleja lo que fue la realidad dentro de la mina. No se le pone ni se le saca nada, porque está narrada por nosotros mismos. Está muy bien. Mis compañeros ahí salen hablando de lo que en realidad vivimos.

(P): ¿Le sorprende que a 16 años del hecho el mundo siga recordando este rescate? ¿O ya no?

(R): La verdad es que en el extranjero no me causa sorpresa, porque siempre nos recuerdan. Donde he ido, inmediatamente se acuerdan del tema. En cambio, en Chile, al menos en Copiapó mismo, es como que ya nosotros no existimos. Muy poca es la gente que recuerda el tema. Ni para nuestro aniversario los medios de comunicación ya casi se hablan.

(P): Usted siguió ligado a la industria minera tras el rescate, trabajando. ¿Hubo cambios en la industria tras este accidente? ¿Cree que se elevaron los estándares locales?

(R): La verdad es que no ha sido mucho el cambio. Al inicio, después de nuestro accidente, tal vez se quisieron hacer cosas, dijeron que habían bajado los accidentes. Pero lamentablemente, al día que habíamos salido nosotros, hubo accidentes con muerte y así han seguido en muchas faenas mineras. Las grandes minerías también han tenido accidentes con pérdida humana. Tal vez han querido hacer las cosas (bien), pero como yo siempre les decía, porque yo también trabajé como jefe en la minería: la experiencia se traspasa en la faena en terreno, no en la oficina. En la oficina, muchas veces se hacen charlas, se hacen muchas cosas, pero quedan ahí. La seguridad se debe trasladar a lo que es la faena misma.

(P): ¿Qué ocurrió con usted después del rescate?

(R): Después que salí, me fui a trabajar a una minera, estuve con mi hijo ahí, me acompañó para estar cerca de mí; no querían dejarme solo. Ahí iba a trabajar como jefe de mina, pero el mineral era malo, así que se cerró la faena y de ahí ya no quisieron que volviera más a las minas.

(P): Este documental muestra que también hubo momentos de distensión en la mina. ¿Cómo recuerda hoy esos momentos de convivencia al interior?

(R): El segundo día (desde que nos encontraron), ya empezó el tema de los chistes, las bromas, las risas. Nunca perdimos el sentido del humor, siempre esto nos sirvió mucho para mantener el ánimo arriba. Fue todo el tiempo así, hasta cuando salimos. Después que nos encontraron, hubo algunos momentos en que hubo algunas discusiones, pero se podían aplacar. Yo les exigía a los compañeros que se dieran la mano, un abrazo y que eso quedara terminado ahí.

(P): Siempre se dijo que hubo un pacto de silencio bajo la mina. Hoy en día, 16 años después, ¿hay hechos relevantes que ocurrieron y que la opinión pública no sepa?

(R): Se habló mucho del pacto de silencio. Lo que nosotros hicimos fue un acuerdo de que no íbamos a hablar con nadie hasta que tuviéramos la seguridad de que una persona pudiera hacer un libro o una película, como se hizo. Para que no se empezaran a divulgar cosas que iban a ser de importancia. Era un hecho que íbamos a salir y los periodistas iban a empezar a preguntar cómo fue, qué pasó, cómo estábamos dentro de la mina. Entonces, muchos de nosotros tal vez íbamos a empezar a hablar y después, a la persona que quisiera hacer un libro o una película, ya no le iba a interesar, porque ya se sabía todo. Eso fue lo que hicimos, ponernos de acuerdo de no hablar hasta que se acercara alguien y nos ofreciera algo para el futuro, porque no sabíamos si íbamos a volver a poder trabajar nuevamente en la minería, que era nuestro trabajo.

(P): Ese libro y esa película finalmente se hicieron. ¿Cómo resultó esa experiencia?

(R): La película, tiene como un 1% de la realidad. El libro tiene el 100% de lo que ocurrió. Y lo peor de todo es que con la película, aparte de que fue mala, no nos pagaron ni un peso. Nos estafaron. Fue una estafa porque no nos pagaron nada.

(P): ¿Cree que los 33 mineros de San José han sido olvidados en Chile?

(R): Sí, la verdad es que sí, más aún en Copiapó. Salvo la alcaldesa de Caldera, que se preocupa de hacer una carrera de posta con el nombre y el número de cada uno de los mineros, y el gobernador, que en algunas oportunidades ha hecho algo arriba en la mina, ya no es como en el extranjero. Cuando uno sale al extranjero y dice que es de Chile, inmediatamente se acuerdan de los mineros. De hecho, desde Francia, hace poco, me llamaron para hacer vídeos para un colegio. Acá en Chile no es así.

(P): ¿Es una sensación generalizada en e grupo?

(R): Sí, hemos conversado cuando nos reuníamos en algunas oportunidades. Ya nosotros, como los 33, estamos olvidados.

(P): ¿Siguen en contacto? ¿Se siguen reuniendo?

(R): Sí, pero después empezaron con el tema del trabajo. Uno tiene que entender también que no estamos todos en Copiapó, nos empezamos a dispersar y cada vez fueron aislándose más las reuniones que teníamos. Hay muchos, incluso compañeros, que han dicho que no quieren acordarse de nada de los 33. Algunos todavía nos mantenemos en contacto. Nos contactamos por WhatsApp o nos encontramos en alguna oportunidad en el centro, pero de juntarnos como antes, ya no.

(P): ¿Hace cuánto tiempo no se reúnen todos?

(R): La última vez que nos reunimos fue arriba, en la mina el año pasado, pero ahí llegamos como 13 o 14. Por problemas de trabajo, hace rato no nos juntamos todos. Lo otro fue cuando fueron los funerales de Mario Gómez, ahí nos juntamos algunos, tampoco todos. Somos 32 vivos, aunque seguimos siendo 33.