En el estado de Vermont, en el noreste de Estados Unidos, miles de baterías instaladas dentro de casas comunes y corrientes se convirtieron en la mayor fuente de energía de la región.
No hay chimeneas, turbinas ni grandes instalaciones: la “central eléctrica” está repartida entre más de 5.500 hogares conectados entre sí por software.
El sistema se llama “planta eléctrica virtual” y funciona agrupando baterías domésticas, paneles solares, autos eléctricos y otros dispositivos de miles de casas para que actúen juntos, como si fueran una sola planta de generación tradicional.
Así lo describe un reportaje de la BBC que recorrió el programa impulsado por la empresa Green Mountain Power (GMP), la mayor eléctrica del estado.
La empresa instala dos baterías en la casa de cada cliente a cambio de un pago mensual de 55 dólares (casi 54 mil pesos chilenos) durante un contrato de 10 años. Cuando se necesita, GMP puede usar la energía almacenada en esas baterías para abastecer la red general, aunque cada usuario siempre conserva una reserva para sí mismo.
De los apagones constantes a no perder luz nunca más
Resulta que Vermont ha sufrido en las últimas décadas un aumento de tormentas y fenómenos climáticos extremos, lo que ha disparado los cortes de electricidad. Según la fuente, siete de las diez tormentas más dañinas en la historia para GMP ocurrieron en la última década, con más de 225 millones de dólares en daños.
Pollyanna Bladyka, vecina de la zona rural de Springfield (no la de “Los Simpsons”), solía quedarse sin luz hasta una docena de veces al año. Estaba a punto de comprar un generador a gasolina por 12.000 dólares (casi 12 millones de pesos) cuando un electricista le habló del programa de baterías de GMP, que terminó costándole mucho menos.
“No me importa pasar frío… pero quiero mi café en la mañana y poder ver las noticias”, cuenta Bladyka. Desde que instaló el sistema en 2024, asegura, no ha vuelto a perder electricidad ni una sola vez.
Otra usuaria, Megan Browning, relató que durante una tormenta reciente que derribó un cable cerca de su casa, muchos vecinos quedaron a oscuras, pero ella “ni siquiera notó un parpadeo” de luz.
Ahorro y menos contaminación
Las plantas eléctricas virtuales no generan electricidad por sí mismas: su función es usar software para administrar de forma más inteligente la energía que ya existe, de modo que alcance mejor justo en los momentos de mayor demanda.
Esto permite reemplazar las llamadas “plantas pico”, instalaciones que tradicionalmente se construyen —a combustibles fósiles, caras y contaminantes— solo para cubrir los pocos días al año en que el consumo eléctrico se dispara.
El programa de GMP ya aporta unos 110 megavatios de potencia, similar a una planta de gas natural de tamaño pequeño a mediano, y es hoy la mayor fuente de energía del estado.
La compañía, que atiende a más del 75% de los habitantes de Vermont, se propuso eliminar por completo los cortes de luz para 2030.
“Creemos en una red de dos vías. Con la tecnología actual podemos crear un modelo distribuido y descentralizado, mucho más barato y seguro. Los clientes se convierten realmente en consumidores y productores”, explicó Mari McClure, directora ejecutiva.
El ahorro también es económico: el programa permitió a los clientes ahorrar 11 millones de dólares el año pasado, según la empresa. A nivel nacional, un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos estima que este tipo de sistemas podría ahorrarle al país más de 10.000 millones de dólares al año hacia 2030.
Un modelo que crece en Estados Unidos, pero con trabas
Actualmente, Estados Unidos tiene más de 40 gigavatios de capacidad en plantas eléctricas virtuales, una cifra aún pequeña frente a los cerca de 600 gigavatios que provienen del gas natural, pero que podría llegar a 160 gigavatios hacia 2030 —equivalente a un 20% de la demanda máxima esperada del país— según cálculos oficiales citados por la fuente.
Pese al potencial, persisten obstáculos. Según Jen Downing, exfuncionaria del Departamento de Energía estadounidense, muchas empresas eléctricas no tienen incentivos para adoptar este modelo porque ganan más dinero construyendo infraestructura nueva que aprovechando la flexibilidad de la demanda de los propios clientes.
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