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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La evidencia científica respalda una crisis mundial de conexión social, pero no que los hombres sean universalmente más solitarios que las mujeres. En Chile, 9,6% de los adultos se siente solo y especialistas explican por qué muchos hombres tienen pocos vínculos íntimos y piden menos ayuda.

La idea de una “epidemia de soledad masculina”, asociada a hombres jóvenes y de mediana edad que tienen pocos amigos cercanos, pasan más tiempo solos o carecen de personas con quienes hablar de sus problemas, circula con fuerza en redes y medios desde hace algún tiempo. Sin embargo, la evidencia científica obliga a introducir algunos matices.

Hay abundante evidencia de una crisis de conexión social en el mundo, aunque no está establecido que los hombres sean, como grupo, más solitarios que las mujeres. Lo que sí muestran los datos es que muchos hombres tienen vulnerabilidades particulares en la forma de construir sus vínculos.

En Chile, el tema tiene cifras propias: la Encuesta de Bienestar Social 2025 del Ministerio de Desarrollo Social y Familia detectó que un 9,6% de personas mayores de 18 años se siente solo “casi siempre” o “siempre”, unas 1,5 millones de personas. La muestra fue de 13.600 casos, consultados por teléfono entre julio y octubre de 2025.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2025 el informe de su Comisión sobre Conexión Social, que advierte que la soledad y el aislamiento son problemas extendidos con consecuencias para la salud.

El organismo estima que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad.

Una crisis de conexión que ya es tema de salud pública

La OMS distingue dos conceptos que suelen confundirse. El aislamiento social se refiere a una falta objetiva de conexiones, relaciones o interacciones con otras personas.

La soledad es subjetiva: aparece cuando hay distancia entre los vínculos que una persona tiene y los que quisiera tener.

Por eso se puede estar solo sin sentirse solo, o sentirse muy solo rodeado de gente.

En Chile, la encuesta ministerial clasificó a la población según su soledad percibida y el tamaño de su red de contactos: 78,8% está integrado, 18,5% en riesgo y 2,7% se encuentra aislado. Esto último equivale a unas 420 mil personas.

El dato que encendió las alarmas sobre la soledad en hombres

Hablando específicamente de los hombres y la denominada crisis masculina, la estadística más citada viene de Estados Unidos.

El Survey Center on American Life comparó las amistades de los estadounidenses con las de hace tres décadas: en 1990, 55% de los hombres decía tener al menos seis amigos cercanos; tres décadas después, solo 27%.

En el otro extremo, quienes no tenían ningún amigo cercano pasaron de 3% en 1990 a 15% en 2021, es decir, se multiplicaron por cinco. Las mujeres también perdieron amistades, pero en menor medida.

El autor del análisis, Daniel Cox, atribuye parte de este fenómeno a una menor participación religiosa, menos matrimonios y cambios en los lugares de trabajo, espacios que antes ayudaban a hacer amigos.

Esto permite entender por qué el problema puede pasar inadvertido. No necesariamente estamos hablando de hombres completamente aislados de la sociedad, sino de hombres que carecen de vínculos realmente íntimos.

Conocidos no siempre son una red de apoyo

Un hombre puede conversar con compañeros de trabajo, jugar fútbol cada semana o tener miles de seguidores y, aun así, no tener a quién contarle que está deprimido.

Así lo plantea a BioBioChile la psicóloga Margarita Gómez, del Centro de Salud Mayor RedSalud, que explica que la socialización masculina se construye en torno a “hacer cosas juntos”, el deporte, el trabajo o un panorama, lo que genera “camaradería”, pero “rara vez espacios de confidencia”.

“Las mujeres, en cambio, suelen ser socializadas en vínculos donde se conversa sobre lo que se siente, lo que les facilita construir redes de contención para enfrentar las crisis”, indica la especialista.

El psiquiatra Rodolfo Ramírez, de Mindplace de Clínica Bupa Santiago, coincide: “Tener con quién salir, jugar o conversar por redes sociales no siempre significa tener a quien decirle ‘estoy mal’“. Aclara que esto también les ocurre a las mujeres, y que la pregunta clave no es cuántos amigos se tiene, sino si se puede “hablar honestamente de lo que le pasa”, señala a nuestro medio.

Las normas tradicionales de masculinidad, como la autosuficiencia y el control emocional, pueden volverse una barrera cuando una persona necesita pedir ayuda.

No significa que los hombres sean biológicamente incapaces de desarrollar relaciones profundas. La hipótesis apunta precisamente hacia lo contrario: buena parte de esas diferencias serían aprendidas socialmente.

Según Gómez, mandatos como “un hombre se las arregla solo” o “no hay que mostrarse débil” hacen que las emociones se acumulen “como en una olla a presión” y salgan de forma indirecta: irritabilidad, exceso de trabajo o consumo de alcohol. Y en Chile, agrega, pesa la creencia de ser un proveedor suficiente.

“A esto se suma el temor a perder estatus frente a los pares. Pedir ayuda o mostrarse vulnerable se vive como una pérdida de valor o de lugar, cuando en realidad la vulnerabilidad es parte de la condición humana y reconocerla es necesario para cuidarse y para relacionarse con otros”, complementa la especialista.

La psicóloga Niobe Way, de la Universidad de Nueva York, ha documentado que los niños pueden tener vínculos emocionalmente intensos con otros niños, pero que en la adolescencia algunos se alejan de esa intimidad por expectativas culturales sobre “ser hombre”. Es decir, buena parte de la diferencia sería aprendida, no biológica.

Hay otra fragilidad: para algunos hombres, la pareja es la principal y, a veces, única fuente de intimidad emocional. Si alrededor no existe una estructura independiente de amistades íntimas, una separación, divorcio o viudez puede significar perder simultáneamente a la pareja y la principal red de apoyo emocional.

¿Son realmente los hombres más solitarios que las mujeres?

La respuesta científica es: no necesariamente.

Una revisión de 75 estudios longitudinales, con datos de 83.679 personas de Asia, Australia, Europa y Norteamérica, encontró que las diferencias en los niveles de soledad varían según la etapa de la vida y el contexto, por lo que no basta con atribuirlas únicamente al sexo o la edad.

Otras investigaciones incluso han encontrado mayores niveles de soledad en determinados grupos de mujeres, especialmente durante la vejez. Esto obliga a separar dos preguntas distintas.

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¿Los hombres son necesariamente más solitarios que las mujeres? La evidencia no permite afirmarlo de manera general.

¿Existen características particulares de las redes sociales masculinas que pueden hacer que determinados hombres sean especialmente vulnerables al aislamiento? Allí la evidencia resulta bastante más convincente.

Por eso, hablar de una “epidemia masculina” puede resultar periodísticamente atractivo, pero científicamente requiere cautela.

Consecuencias físicas de la soledad

La preocupación tampoco responde únicamente al bienestar emocional.

El informe de 2023 del entonces cirujano general de Estados Unidos, Vivek Murthy, declaró una “epidemia de soledad y aislamiento”.

Según los antecedentes que recopila, el aislamiento social aumenta el riesgo de muerte prematura, y se asocia a más riesgo de enfermedad cardíaca y más de accidente cerebrovascular.

Un metaanálisis de 35 trabajos y más de 77 mil participantes, publicado en PLOS One, halló asociación entre soledad y mortalidad, algo mayor en hombres.

Esto no implica que sentirse solo cause directamente un infarto: intervienen estrés, depresión, sueño, sedentarismo y consumo de sustancias.

El punto más sensible es el suicidio. La OMS calcula unas 727 mil muertes por esta causa en 2021 y subraya que sus causas son múltiples, por lo que no cabe una explicación simple.

Con todo, en Chile, según Gómez, más del 80% de los suicidios son de hombres y su tasa supera en más de cuatro veces la femenina, con los mayores niveles en mayores de 80 años, cuando la jubilación, la viudez o la enfermedad reducen las redes.

El aislamiento social y la ausencia de redes de apoyo forman parte del conjunto de factores que preocupa a especialistas en prevención.

La dificultad está en que algunos hombres pueden llegar a situaciones de profundo deterioro emocional sin haber hablado seriamente de ello con nadie de su entorno.

Es precisamente esa combinación —sufrimiento psicológico, pocas relaciones íntimas y dificultades para pedir ayuda— lo que preocupa a especialistas sobre la salud mental, específicamente la masculina.

Señales de alerta y cómo ayudar

Por ello, Ramírez recomienda fijarse en cambios respecto de cómo era la persona: que se aleje de sus cercanos, abandone actividades que disfrutaba, descuide su cuidado personal o muestre desesperanza persistente. Ser reservado no es, por sí solo, una alarma.

Gómez suma otras señales: responder con monosílabos, más irritabilidad, mayor consumo de alcohol, uso excesivo de pantallas o frases como “da lo mismo” o “nadie me entiende”.

Ambos coinciden en que conviene acercarse sin juzgar, incluso mediante algo cotidiano como una caminata o un café, y decir algo como “te he notado distinto, ¿cómo estás?”. Si hay ideas de muerte, se debe buscar ayuda de inmediato.

Un dato aparte: la solución tampoco pasa solo por pedir a los hombres que “salgan y hagan amigos”. En la infancia, colegio y deporte obligan a convivir; en la adultez, el trabajo remoto, los cambios de ciudad y el menor peso de las organizaciones comunitarias reducen esas oportunidades. Las amistades en línea, como las de videojuegos, pueden ser genuinas, pero el problema surge cuando reemplazan toda relación profunda fuera de internet.

Entonces, ¿existe o no una epidemia de soledad masculina?

Existe una crisis mundial de conexión social, reconocida por organismos de salud y documentada en distintos países. Pero eso no equivale a decir que exista una “epidemia de soledad masculina” en el sentido de que los hombres sean, en general, más solitarios que las mujeres.

La denominada “epidemia de soledad masculina” describe, por lo tanto, algo real, pero lo hace de manera imperfecta.

Quizás la señal más importante no sea cuántos hombres dicen sentirse solos, sino cuántos tienen realmente a alguien a quien recurrir cuando todo comienza a ir mal.

Porque un hombre puede tener trabajo, pareja, compañeros, miles de seguidores y decenas de conversaciones abiertas en su teléfono. Y aun así no tener a quién llamar.

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