Dormir mal, sentir un cansancio que no mejora con el descanso o perder el interés por lo que antes se disfrutaba son situaciones que muchas personas normalizan mientras siguen trabajando y cumpliendo con sus responsabilidades diarias. Sin embargo, detrás de esa capacidad de seguir funcionando existe un malestar que requiere apoyo psicológico.
Así lo advierte la psicóloga y docente Verónica Aliaga, de Adipa, en el marco del Mes de la Salud Mental. Su mensaje es directo: funcionar no significa estar bien.
La advertencia llega en un momento complejo para el país. La duodécima ronda del Termómetro de la Salud Mental, un estudio de la Asociación Chilena de Seguridad (Achs) y la Pontificia Universidad Católica, muestra que la salud mental de los chilenos alcanzó sus peores niveles desde la pandemia.
Es momento de pedir ayuda psicológica
Según Aliaga, una persona puede mantener su rutina durante meses y aprender a convivir con el malestar. Esto puede hacer que llegue tarde a consultar, al creer que lo que le pasa “no es para tanto”.
“Muchas veces el malestar se vuelve parte de la rutina y dejamos de reconocerlo como una señal de que necesitamos apoyo. Nos acostumbramos a dormir mal, a estar irritables, a sentir un cansancio que no mejora con el descanso o a vivir con la sensación de que nunca podemos bajar la guardia“, señala la psicóloga.
Para ella, tampoco basta con mirar si alguien cumple con sus obligaciones. “Alguien puede responder a todas sus responsabilidades y, al mismo tiempo, estar dejando de descansar, disfrutar o sentirse conectado con su propia vida”, afirma.
Por qué no se suele pedir ayuda psicológica
Por ello, la recomendación de la especialista es fijarse en qué cambió respecto de cómo se sentía habitualmente la persona, cuánto tiempo lleva ocurriendo y cuánto esfuerzo le cuesta sostener el día a día.
Si los cambios persisten, aumentan o generan sufrimiento, es momento de buscar apoyo. “No necesitamos llegar al punto de no poder más para tomar en serio lo que nos pasa”, sostiene.
La especialista reconoce que a la dificultad para reconocer el malestar se suman la vergüenza y el miedo a ser juzgado, además de la tendencia a minimizar el sufrimiento con frases como “hay personas que están peor” o “seguro se me va a pasar”.
Por otro lado, la dificultad también puede estar relacionada con la forma en que se viven los vínculos.
De acuerdo con el Termómetro de Salud Mental, una de cada cuatro personas entre 30 y 39 años en Chile se siente sola.
Para la docente de Adipa, este fenómeno no se explica simplemente por estar físicamente sin compañía. “Podemos tener pareja, familia y una vida social activa, y aun así sentir que no hay espacio para hablar honestamente de lo que nos pasa. La compañía no siempre se traduce en conexión emocional”, explica.
Barreras para acceder a apoyo
La soledad persistente puede aumentar el malestar emocional y, al mismo tiempo, quienes atraviesan ansiedad o depresión pueden tender a aislarse, dejando de buscar compañía o teniendo mayores dificultades para conectar con otros.
Por eso, señala, además de preguntarse cuántas personas rodean a alguien, es necesario observar cómo vive esos vínculos: si se siente escuchado, si puede expresar lo que le ocurre sin temor a ser juzgado y si tiene a quién recurrir cuando necesita apoyo.
La profesional destaca que también existen barreras concretas para acceder a ayuda, como el costo de la atención, la falta de profesionales disponibles, la falta de tiempo y las responsabilidades laborales o de cuidado.
“Postergar la ayuda no siempre refleja falta de interés por estar mejor. A veces necesitamos que alguien nos escuche, nos ayude a encontrar opciones o facilite ese primer contacto”, plantea la psicóloga.
Soledad, estrés y un deterioro generalizado
Los datos de la última ronda del Termómetro, que consultó a 2.700 personas de zonas urbanas mayores de 18 años, indican que 18,5% presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental, 5,8 puntos porcentuales más que en abril de 2025 y la cifra más alta en cuatro años.
Los síntomas moderados o severos de depresión alcanzaron un 16,2%, con una marcada brecha de género: afectan al 20,5% de las mujeres y al 11,6% de los hombres.
En tanto, la soledad percibida alta alcanzó un 21,9%, igual a las mediciones de 2021. El insomnio moderado a severo subió de 8,6% a 14,3%, el valor más alto desde agosto de 2021.
Los síntomas moderados a severos de ansiedad generalizada, una preocupación excesiva y difícil de controlar, llegaron a 17,9%, es decir, 2,9 puntos más que en 2025.
Las mayores tasas de depresión y ansiedad se concentran en los menores de 30 años.
Pese a este escenario, el 61% de quienes tienen problemas de salud mental no considera necesario consultar, lo que equivale a 1,7 millones de personas. Sin embargo, entre quienes sí accedieron a tratamiento, un 73,8% reportó una mejora.
Cómo acercarse y cuándo pedir ayuda psicológica
Ante la resistencia a buscar ayuda, Aliaga recomienda a los cercanos que un primer paso puede ser decir “te he notado más cansado estos días, ¿cómo estás?”, en vez de diagnosticar o minimizar lo que ocurre.
“Una pregunta simple como ‘¿qué necesitas?’ o ‘¿cómo te puedo ayudar?’ suele ser más útil que cualquier recomendación”, señala.
En tanto, la especialista recomienda consultar a un profesional cuando el malestar se mantiene o se intensifica y afecta el sueño, el trabajo, los estudios o los vínculos. También cuando aparecen cambios importantes en la forma de relacionarse o se consume alcohol u otras sustancias para aliviar lo que se siente.
Ante expresiones de hacerse daño, no querer vivir o desaparecer, la recomendación es buscar ayuda de inmediato. En Chile está disponible la línea de prevención del suicidio *4141, además de los servicios de urgencia.
“Esperar a no poder más no nos hace más fuertes. Solo hace más largo el camino de vuelta”, concluye la especialista.
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