¿Las fechas son significativas?, claramente, puesto que marcan un hito determinado. Pero nada de eso sería posible sin que consideremos a aquellos que forjan esos eventos.

Por estos días en que se recuerda que un 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es que como chilenos y chilenas debemos tener presente la figura de un hombre que cumplió un rol decisivo. No tan sólo porque estos derechos fueran enunciados, sino que más profundo aún, que fuesen aplicados.

El legado del diplomático Hernán Santa Cruz Barceló

Este abogado fue tempranamente reconocido por sus pares al interior de Naciones Unidas, donde llegó para hacerse cargo de la delegación chilena bajo el mandato del entonces Presidente González Videla, en 1947.

Desarrolló una activa labor para sacar adelante proyectos e iniciativas relevantes en torno a las condiciones del ser humano, lo que llevó a que Eleanor Roosevelt, pusiera su mirada en él para integrar esa Comisión de ocho especialistas de diversas partes del mundo, y redactaran lo que hoy nos sigue rigiendo como documento universal.

Santa Cruz abogó en un espacio de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial para que el mundo también mirara hacia América Latina. Esta parte del planeta tenía el derecho de exigir atención.
Entender la trascendencia de los derechos humanos implica no sólo verbalizarlos, sino que llevarlos a la práctica.

Como bien indicara Santa Cruz a lo largo de su vida, los derechos humanos fundamentales son inherentes e inalienables a la persona, y corresponde al derecho interno ajustarse a ellos y no al contrario.

Pero, ¿qué sucede hoy con los Derechos Humanos?

Pese al avance en la protección universal y regional de los derechos humanos, más la protección nacional que otorgan los ordenamientos jurídicos, el mundo se ve enfrentado a grandes desafíos que afectan dichos derechos.

No sólo estamos haciendo referencia a las dictaduras, regímenes tiránicos, autoritarios o a las guerras, pensamos también en las nuevas amenazas que enfrentan estos derechos producto de los efectos negativos del cambio climático (no existe protección universal para los llamados “migrantes climáticos”, “refugiados ambientales” o “ecomigrantes”).

Según el informe 2023 de Human Rights Watch, por ejemplo, Vanuatu lidera una iniciativa para plantear los efectos adversos del cambio climático ante la Corte Internacional de Justicia, por su propio bien y el de otros países.

Asimismo, también plantean muchas dudas y amenazas el desarrollo de la inteligencia artificial (la Unión Europea viene recién en aprobar la primera ley del mundo). También el narcotráfico, la presión migratoria y los efectos negativos que ésta implica; los populismos de ambos extremos ideológicos, entre otros.

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Hoy somos testigos de dos guerras muy mediáticas -porque hay varias otras en el mundo que no reciben la misma atención-, que nos recuerdan la importancia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Y aunque si bien es correcto criticar la incapacidad de la ONU de hacer valer estos derechos en situaciones extremas, no nos equivoquemos. La historia nos ha demostrado que la organización internacional es mucho más que su Consejo de Seguridad.

En un mundo turbulento, en que la anarquía internacional que lo ha caracterizado se acentúa, también depende de nosotros seguir presionando. Que el valioso legado que nos dejó Hernán Santa Cruz Barceló, no sólo se reconozca, sino que se materialice en favor de todas las personas.

Doctora Paulina Astroza
Universidad de Concepción
Doctora Erna Ulloa
Universidad Católica de la Santísima Concepción

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