A fines de julio de 2019, concretamos una idea que surgió en el marco de la presencia del artista venezolano Marcos Temoche en SACO8, y una tarde de domingo llevamos su obra, Any Where, a las oficinas de extranjería en Antofagasta para tomar una serie de fotos y videos, en una acción que se extendió por pocos minutos, pero cuyos efectos, duraron varias semanas.

Este simple gesto que buscaba denotar mediante la instalación de carpas cubiertas por colores de las banderas de Sudamérica y personas en su interior, la desprotección de los migrantes en todo el continente.

El gesto fue entendido por algunos usuarios, como una provocación por parte de partidos políticos, organizaciones sociales o grupos pro migrantes para alentar su ilegalidad mediante la difusión de material audiovisual sacado de contexto, adecuado con comentarios xenófobos y racistas.

Rápidamente, tanto el artista como la organización del festival, debieron desmentir, aunque conocidos analistas e incluso, equipos de comunicaciones de parlamentarios conservadores, ya habían emitido intolerantes opiniones de lo ocurrido sin siquiera contrastar los hechos ni indagar en sus verdaderas motivaciones.

A un año de ocurrida esta situación, Marcos recordó los acontecimientos en este video con una perspectiva crítica en torno al revuelo que provocó, y que aún genera cuando, totalmente fuera de contexto, algún usuario de redes sociales rescata para reafirmar sus discursos racistas y xenófobos.

Any Where: intervención del artista venezolano Marcos Temoche en Antofagasta, Proyecto SACO (c)
Any Where: intervención del artista venezolano Marcos Temoche en Antofagasta, Proyecto SACO (c)

No era la primera vez que enfrentábamos una situación de ese tipo. En noviembre de 2009, el artista Juan Castillo, con una larga trayectoria en Europa y Sudamérica, junto con Colectivo SE VENDE, anfitrión de aquella residencia y artistas locales, intervinieron la Plaza Colón de Antofagasta con adhesivos en las veredas del lugar.

Sin conocimiento y quizás, sin deseos de averiguar de qué se trataba, el municipio desató una serie de declaraciones sin fundamento, en momentos en que se desarrollaba un conflicto con los gremios de taxis colectivos y se analizaba la idea de la construcción de estacionamientos subterráneos en este y otros puntos de la ciudad para mitigar la congestión vehicular. En aquella ocasión, también se debió aclarar el objetivo meramente creativo y artístico de la intervención, lejos de teorías conspirativas fraguadas en la mente de algunas autoridades.

No es un tema menor. Vivimos una época en que la información se propaga con rapidez incontrolable, pero cuyo efectivo negativo es la interpretación antojadiza y el no contrastar los datos que se reciben, replicando los mismos aunque su análisis sea erróneo. Quizás eso sea justificable en algunos usuarios comunes, con el analfabetismo comprensivo de nuestro país, pero estas situaciones difícilmente encuentran explicaciones en autoridades que disponen de equipos de profesionales que debieran impedir la caída en este tipo de errores y en la paranoia de sentirse constantemente, víctimas de ataques.

Desde la militancia en sectores extremos ideológicamente y de tendencia dictatorial, se suele reaccionar de forma muy pasional a las intervenciones artísticas en espacios públicos. Sin quererlo, revelan de esta forma la ignorancia, la falta de formación y poca tolerancia hacia cualquier expresión que salga del margen establecido, rompiendo el molde de lo que, desde las cúpulas, se puede decir ni hacer. Y ese es un síntoma muy preocupante, pues si bien no existe censura previa, la amenaza constante del castigo sí genera el estigma de la autocensura.

El poder tiende a ver en los artistas a sus enemigos, algo que a veces no deja de ser cierto. En la creación está el germen de la crítica no sólo hacia el sistema político y económico en cualquiera de sus formas, sino que también a la idiosincrasia de los pueblos; muchas veces el arte es ese espejo en el que no queremos ver reflejados nuestros defectos, aunque lo alabamos cuando manifiesta nuestras virtudes. Es finalmente, una forma de expresión que nos desnuda y nos enfrenta a nosotros mismos y nuestro entorno, y ahí radica el malestar de quienes se ven contrastados en estas manifestaciones.

SE VENDE El Mercurio de Antofagasta del 25 de noviembre de 2009, Proyecto SACO (c)
SE VENDE El Mercurio de Antofagasta del 25 de noviembre de 2009, Proyecto SACO (c)

Sin embargo, la expresión artística dista mucho de ser un arma de ataque. Por el contrario, es una herramienta que busca proponer otra mirada de la realidad y muchas veces, de la contingencia, sin por eso apuntar necesariamente a un responsable. Esa no es la tarea del artista, sino que el instalar esa visión y hacernos reflexionar sobre ella.

Quizás las reacciones paranoicas y exageradas de algunos sectores sean reflejo de lo que buscan estas miradas y develan la fragilidad de las convicciones, el ego excesivo y la manía persecutoria, además de la falta de comprensión respecto de este tipo de intervenciones. La respuesta inmediata cuando esto ocurre es buscar culpables, condenar y emitir juicios destemplados que poco y nada contribuyen al diálogo y al debate sobre los objetivos de la creación. Aún menos cuando estos discursos se convierten en veladas o abiertas amenazas de censura o ataques a ciertos grupos involucrados en estas manifestaciones. Tristemente, es parte del reflejo que estas personas muestran de nuestra sociedad, uno muy patente e instalado en base a nuestros prejuicios.

Deben ser las instancias que nos ayuden a reflexionar sobre el valor del arte y la importancia de su despliegue fuera de los espacios tradicionales, alentándonos a continuar irrumpiendo con obras de calidad en los lugares en que no estamos acostumbrados a estas intervenciones y con ello, a generar los espacios de diálogo y reflexión sobre nosotros mismos, la historia y el futuro.

Equipo de Comunicaciones SACO