El país necesita ministros y autoridades de primera línea que conozcan profundamente sus áreas, que tengan trayectoria, experiencia política y, sobre todo, comprensión real de cómo funciona el Estado.

Chile enfrenta hoy uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Tras cuatro años de una gestión marcada por la improvisación, la inexperiencia y una mirada ideologizada del poder, el país no solo quedó estancado, sino también debilitado en áreas clave como la seguridad, la economía, la salud y la confianza institucional.

Los resultados están a la vista: ciudadanos cansados de promesas incumplidas, un Estado que no responde y problemas urgentes que siguen sin solución.

En este contexto, el próximo gobierno no puede darse el lujo de repetir errores. Se requiere con urgencia un gabinete que esté verdaderamente a la altura del desafío que demanda el Chile actual.

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No basta con buenas intenciones ni con afinidades políticas. El país necesita ministros y autoridades de primera línea que conozcan profundamente sus áreas, que tengan trayectoria, experiencia política y, sobre todo, comprensión real de cómo funciona el Estado.

Gobernar no es improvisar. No es aprender sobre la marcha mientras los problemas se agravan. Gobernar implica tomar decisiones complejas, anticiparse a las crisis, coordinar equipos, dialogar con el Congreso, ejecutar presupuestos y hacer que las políticas públicas lleguen efectivamente a las personas.

Para eso se necesita experiencia, liderazgo y conocimiento técnico, algo que estuvo dramáticamente ausente en la administración frenteamplista-comunista que está por terminar.

Chile requiere un equipo de gobierno empapado de la responsabilidad que significa administrar el país, consciente de que cada error se traduce en más inseguridad en las calles, menos oportunidades para las familias y mayor frustración social. No se trata de cuotas, experimentos ni símbolos. Se trata de gestión, resultados y compromiso con las personas.

Hoy, más que nunca, el país exige autoridades que entiendan la urgencia de recuperar el orden, reactivar la economía, fortalecer los servicios públicos y devolverle al Estado su capacidad de responder. Eso solo se logra con equipos sólidos, con vocación de servicio y con una mirada puesta en resolver los problemas reales del Chile de hoy, no en satisfacer agendas ideológicas.

Chile no necesita más diagnósticos ni excusas. Necesita un gobierno serio, competente y preparado. Y eso comienza, sin lugar a duda, por conformar un gabinete que esté a la altura del desafío histórico que enfrentamos.