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Así fue la terrible vida de El Chavo del Ocho antes de llegar a la vecindad
Publicado por: Bernardita Villa
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Varias generaciones han crecido viendo al El Chavo del 8, aquel inocente personaje creado por Roberto G√≥mez Bola√Īos. Pero alguna vez alguien se ha preguntado ¬Ņcu√°l era su verdadero nombre?.

La respuesta lleg√≥ muchos a√Īos despu√©s el estreno de la serie en 1971 y de la boca de su propio creador. En libro lanzado en 1995,¬†El diario de El Chavo del 8, el comediante relata¬†la vida del personaje antes y durante su paso por la vecindad, y lo hace¬†en primera persona. Entre otras cosas, desclasifica el misterio del nombre.

Para quienes a√ļn no lo saben, el ni√Īo fue bautizado como¬†Rodolfo Pietro Filiberto Raffaelo Guglielmi.

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Adem√°s en el mismo texto se¬†clarific√≥ que a pesar de lo que todos piensan, el ni√Īo s√≠ tuvo una madre, pero esta lo abandon√≥ siendo peque√Īo.¬†‚ÄúTodos los d√≠as me llevaba a una casa que se llamaba guarder√≠a, y ah√≠ me la pasaba yo hasta que mi mam√° regresaba despu√©s a recogerme (‚Ķ) Un d√≠a no pas√≥ a recogerme. Y los dem√°s d√≠as tampoco‚Äú, cuenta en el libro.

Tras ser abandonado, el ni√Īo fue llevado a un orfanato pero se escap√≥ del lugar.¬†‚ÄúLa encargada principal era la se√Īora Martina, la cual siempre estaba de mal humor y les pegaba a todos los ni√Īos. A m√≠ una vez me sac√≥ sangre de la nariz y luego se enoj√≥ porque manch√© mi ropa con la sangre‚ÄĚ, cont√≥.¬†

El “Chavo” comenz√≥ a vivir en las calles antes de llegar a su querida vecindad, donde pas√≥¬†los peores d√≠as de su corta vida.¬†¬†‚Äú-Los ni√Īos de la calle- Ten√≠an una bolsa de pl√°stico, la cual ten√≠a algo adentro; algo que ol√≠a parecido a los talleres que pintan autos”, relat√≥ recordando que vio c√≥mo muchos de sus amigos mor√≠an y que cada vez que ten√≠a miedo, se met√≠a a un barril o basurero.

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Para suerte del ni√Īo, una se√Īora mayor sinti√≥ pena por √©l y lo llev√≥ a vivir al departamento n¬ļ 8 en una vecindad.¬†‚Äú(…) le temblaban mucho las manos (‚Ķ). Ella siempre dec√≠a: ‚ÄėDios tendr√° que hacerme el milagro de que alguna vez me dejen de temblar las manos‚Äô. Una vez llegu√© a la vivienda y me di cuenta que ya no le temblaban las manos; y ella toda estaba quietecita, quietecita. Creo que la enterraron al d√≠a siguiente‚ÄĚ, relat√≥.

Y as√≠ comenz√≥ su historia…

 

 

 

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