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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Expertos advierten que lavar el pollo antes de cocinarlo aumenta el riesgo de contaminación cruzada por bacterias como Campylobacter y Salmonella, presentes en la carne cruda. Enzo Palombo, microbiólogo, enfatiza que el pollo ya viene suficientemente limpio y que lavarlo con agua, limón o vinagre no elimina las bacterias, solo cocinarlo adecuadamente lo hace.

Los expertos no se cansan de repetir que el pollo u otras aves de corral no deben lavarse antes de cocinarlas, pero muchas personas siguen haciéndolo por miedo a las bacterias que pueden contener.

Sin embargo, lavarlo solo empeora el riesgo, especialmente por la contaminación cruzada. De acuerdo con Enzo Palombo, profesor de microbiología de la Universidad Tecnológica de Swinburne, dos de las principales causas de enfermedades alimentarias son las bacterias Campulobacter y Salmonella, que están en la carne de ave cruda.

El pollo viene lo suficientemente limpio

El experto asegura que las razones para lavar el pollo no son más que mitos y, de hecho, ni el agua, ni el limón, ni el vinagre matarán a las bacterias que están en su superficie. Solo morirán bien cocinadas.

Además, el pollo, por muy húmedo que salga de su envoltorio, viene limpio. “Algunos creen que es necesario lavar las heces y otros residuos de la carne de pollo. Sin embargo, gracias a las técnicas de procesamiento modernas, las carcasas de pollo no requieren una limpieza adicional“, explica en un artículo para The Conversation.

“Por el contrario, las investigaciones han demostrado que lavar las aves crudas con jugo de limón o vinagre no elimina las bacterias y puede aumentar el riesgo de contaminación cruzada”, puntualiza.

¿Por qué jamás hay que lavar el pollo en la llave?

Entre todos estos mitos, el microbiólogo advierte que uno de los peores es lavar el pollo bajo el agua corriendo, ya que salpicará bacterias hacia otras superficies, pudiendo generarse contaminación cruzada y un mayor riesgo de contraer enfermedades.

Un estudio publicado en 2022 en la revista Physics of Fluids, demostró que las bacterias pueden transferirse en las gotas de agua que caigan del pollo.

Además, “descubrieron que el nivel de transmisión bacteriana aumentaba con una mayor altura del grifo y un mayor caudal de agua“, señala Palombo, “el agua aireada (que es lo que se obtiene cuando el grifo abre con mucha presión) también aumenta las salpicaduras y la transmisión de bacterias”.

Si bien no es recomendable lavar el pollo, “si insiste, considere hacerlo en un fregadero lleno de agua en lugar de bajo el grifo abierto”, dice el experto. Otra opción es usar papel absorbente, luego desecharlo y limpiar bien la superficie donde se limpió el pollo.

“Esto ayudará a reducir el riesgo de contaminación cruzada y a mantener la cocina segura. ¡Y por favor, lávense las manos después de manipular carne cruda!”, concluye.