Por Caroline Ward
Directora de Estrategia e impacto de Vibra Clásica
Vivimos tiempos donde abundan la desconfianza, la fragmentación y el cansancio. Las voces que predominan son, demasiadas veces, las del enfrentamiento. Por eso, encontrarnos con otros lenguajes -los que no gritan ni buscan distinguir entre vencedores y perdedores- se convierte en un refugio, pero también en un acto de rebeldía silenciosa. Eso es el arte y, particularmente, la música.
La música no adoctrina ni impone: abre un espacio interior donde la emoción puede volverse conversación, y donde lo común se experimenta sin exigirnos estar de acuerdo. En un mismo pulso, una sala entera respira y se dispone a escuchar.
El Gran Concierto por la Hermandad nace justamente de la convicción de que el arte puede ser una forma de activismo profundamente humana. Un activismo que propone un espacio en la ciudad para ejercitar la vida en común. De un lado, un público que se deja tocar por la música y, del otro, un coro y una orquesta que se construyen en comunidad, con respeto y escucha, a lo largo de decenas de ensayos.
Quien canta en un coro, quien escucha una orquesta o quien comparte el silencio previo a la primera nota sabe que ocurre algo difícil de explicar con palabras. Personas muy distintas se encuentran en un mismo espacio emocional. Por un momento dejamos de ser individuos aislados para convertirnos en parte de algo que nos trasciende. Escuchar juntos exige atención, respeto por el tiempo del otro y disposición a convivir sin imponerse.
En un tiempo marcado por el ruido y la confrontación, es una experiencia que nos eleva y nos permite comprender que podemos vivir de otra manera. Es una forma concreta de recordar que la vida en común no es solo debate, acuerdos y desacuerdos, también es belleza, emoción, entrega.
Este año, el Gran Concierto por la Hermandad trae una obra inédita del gran compositor nacional Sebastián Errázuriz -Raíces y Alas-, un homenaje a la mirada de Gabriela Mistral sobre las niñas y los niños. Se trata de una sinfonía que es un canto a la ternura y el cuidado.
El Gran Concierto por la Hermandad es más que un evento cultural: es una invitación a detenernos y recordar lo esencial. A bajar el volumen del mundo por un momento y reencontrarnos en aquello que nos conecta.
Nos encontraremos en el concierto -cada uno con su propia historia y sus emociones- para ensayar, aunque sea por unas horas, la sociedad que deseamos: una que escucha, que convive y que se atreve a soñar junta.
El Gran Concierto por la Hermandad se realizará el próximo 12 de enero de 2026, en el Centro Cultural Estación Mapocho, a las 20 horas. Es gratuito y abierto a todo público. Para reservar tu entrada gratuita puedes hacer en www.vibraclasica.org y puedes aportar voluntariamente sumándote a Luca por Nuca en este link.