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Síndrome de Truman Show: cuando eres el protagonista de tu propio reality

ARCHIVO | Cristóbal Escobar | Agencia UNO
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¿Has pensado alguna vez en la posibilidad de que tu vida sea un engaño? Tal como Truman Burbank descubre que el mundo en el que vive es en realidad un set de televisión y sus amigos y parientes son actores, hay los que están convencidos de que los graban las 24 horas del día porque son las estrellas de un show… un show que sucede sólo en sus cabezas.

Truman:No sé qué pensar Marlon. Tal vez me estoy volviendo loco, pero es como si todo el mundo girara en torno mío de algún modo“.

Marlon:
Eso es un montón de mundo para un solo hombre Truman“.

 Truman Show – Paramount Pictures

Truman Show – Paramount Pictures

El protagonista de la película “The Truman Show” (1998) , interpretado por Jim Carrey, es un hombre que ha sido grabado durante sus 30 años de existencia sin saberlo, porque es el centro de un reality sobre su propia vida. De algún modo empieza a sospechar que todo es una farsa: ninguna creencia es cierta, ninguna relación es verdadera y, en el fondo, está completamente sólo en un mundo creado para divertir a los televidentes.

Pero aquello que le sucede a Truman, es lo que sienten las personas que sufren del delirio de “Truman Show”, bautizado así por los doctores (y hermanos) Joel e Ian Gold debido a que varios de sus pacientes que creían ser grabados hacían referencia a la película.

El film lleva el caso de los reality show al extremo, un género que tuvo sus inicios en 1991 con la serie holandesa Nummer 28 que fue el primer programa que juntó a extraños para grabar sus interacciones. El boom se produjo a fines de los ‘90s gracias al éxito de Survivor (reality de pruebas físicas), Idols (competencia de talentos musicales) y el Gran Hermano (convivencia en una casa).

Protagonistas de la fama | Canal 13

Protagonistas de la fama | Canal 13

La primera persona en sufrir el síndrome de “Truman Show” fue registrada en Estados Unidos en el año 2003, donde fue atendida por el siquiatra Joel Gold en el hospital Bellevue. Este paciente se quejaba de que sus familiares eran actores de un programa de tv sin guión. Es más: estaba convencido de que tenía cámaras de video implantadas en sus ojos y decidió viajar a Nueva York para pedir asilo en las Naciones Unidas. Cuento corto: fue trasladado al hospital siquiátrico donde conoció a Gold.

Más allá de lo anecdótico que pueda parecer, este trastorno es bastante serio. En Australia, Anthony Waterlow (45) asesinó a su padre y a su hermana porque estaba convencido de que televisaban su vida, para cuyo objetivo sus parientes supuestamente tenían cámaras escondidas en la casa.

Y en el año 2006, William Johns III un siquiatra estadounidense -aunque parezca irónico- viajó desde Florida a Nueva York afirmando que debía escapar del “Truman Show” y una vez en la Gran Manzana, atacó a un niño de dos años que jugaba con una bicicleta y estranguló a su madre (sin matarla).

En una entrevista con el sitio británico The Telegraph, el doctor Joel Gold contó que había sido contactado por el padre de una niña que pensaba que el suicidio era la única vía de escape del show televisivo en el cual estaba atrapada.

¡Luz, cámara y acción!

Sin embargo, el delirio de “Truman Show” no es una enfermedad nueva. Joel Gold, consultado por el sitio de medicina WebMD, explicó que es una variante del delirio de persecución y de grandeza. “Es importante definir que el delirio de Truman Show es un síntoma de psicosis”, aclaró Gold.

La forma que adquieran los delirios de persecución y grandeza dependen de la época, condiciones y lugar donde se viva, pues la mente toma las ideas que existen en el contexto de la persona para distorsionarlas. De este modo, durante la Guerra Fría un individuo psicótico podría haber pensado que la KGB o la CIA lo andaba siguiendo, en los tiempos de la radio alguno habría dicho que le controlaban el cerebro a través de ondas de radio y para otros el problema puede tomar la forma de un alien que trata de abducirlos.

 Jason Rogers (CC) Flickr

Jason Rogers (CC) Flickr

Hoy en día con un número mayor de cámaras de seguridad en los espacios públicos, la popularidad de Internet y las redes sociales, los drones, los dispositivos móviles, etc. la idea de participar en un reality show sin desearlo es una historia que se vuelve fácil de incorporar en el delirio. Jill P. Weber, sicólogo clínico en el estado de Virginia, Estados Unidos, consultado por WebMD afirmó que esto no quiere decir que la televisión o los reality tengan la culpa, ya que es muy probable que esas personas se hayan vuelto sicóticas de todas maneras: con o sin esas influencias.

Las historias creadas por los sujetos que sufren este trastorno mental son de los más diversas, como el hombre que viajó a Nueva York para comprobar si las Torres Gemelas aún estaban en pie, ya que pensaba que el ataque del 9/11 no era más que ficción del show de tv en el que participaba. Sin embargo, estos relatos tienen algo en común: los protagonistas no quieren ser el centro de un reality, no desean ser grabados y no pueden escapar de ese destino que no escogieron.

 TheMachineStops (CC)

TheMachineStops (CC)

Nick Lotz, un estudiante de la Universidad de Ohio en el año 2007, creía que la gente estaba subiendo videos suyos en Internet y se convenció de que era parte de un reality show donde él era el protagonista y además tendría un premio de 100 millones de dólares si llegaba a la gran final. Según el sitio de la revista New Yorker, en unos de sus apuntes de clases Lotz escribió: “No hay monto lo suficientemente grande para hacerme seguir en esto”. De ese modo, un día decidió viajar a Nueva York para ir al Rockefeller Center a hablar con los productores de Saturday Night Live , de la cadena NBC, para pedirles que lo contrataran ya que pensaba que era la única forma que tenía de salirse del reality.

Un trastorno angustiante, que hace pensar a quien lo sufre que sus seres queridos se han coludido en su contra para hacer público cada detalle privado y donde cámaras siguen los movimientos del protagonista sin su autorización. Una enfermedad que no es nueva, pero cuya versión más moderna toma forma gracias a la tecnología y la exposición mediática.

¡Sonríe! Te estamos grabando.

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