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¿Por qué nos reímos cuando alguien sufre una caída?

Sebastián Rodríguez | Agencia UNO
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Este viernes, el presidente Sebastián Piñera ocupó un lugar destacado en todos los medios de comunicación, aunque no por motivos políticos. La causa fue sufrir una estrepitosa caída en las ruinas de un edificio en demolición, la que al ser captada con todo detalle se convirtió en un fenómeno humorístico que gatilló la creación de decenas de bromas.

Pero, ¿por qué nos provoca risa un hecho claramente doloroso como la caída de una persona?

Muchos investigadores han estudiado este fenómeno y, si bien todavía no dan con una respuesta clara, se han establecido 4 teorías principales que explican los motivos:

1. La incongruencia

Nuestra vida sigue patrones cotidianos apegados a la realidad. Cuando sucede algo inesperado que no es parte de la vida diaria -como ver a alguien vestido de forma ridícula o a una persona caer súbitamente- la incongruencia de la situación supera nuestra empatía y nos hace estallar en risas.

Para el filósofo Henri Bergson, citado por la Universidad de Cambridge, esto tiene un rol importante ya que reírnos de alguien que ha sufrido un golpe o que tiene un comportamiento extravagante es una manera de reafirmar las normas sociales. Claro, nadie quiere ser el hazmerreír de los demás, por lo que procuramos poner atención a nuestro entorno y quedarnos dentro de los esquemas considerados normales.

Pero entonces, ¿por qué no nos causa ninguna gracia ver caer a alguien de un décimo piso hacia su muerte? En ese caso el dolor extremo de la persona hace primar nuestra reacción empática con ella, aplacando la incongruencia.

¿Y quieren saber algo escalofriante? Una persona que carece de empatía, como alguien de rasgos psicopáticos, podrá reírse incluso en estas situaciones de gran violencia.

2. La superioridad

Una segunda teoría ofrece una explicación que apela a nuestra necesidad de dominar. Cuando alguien hace el tonto, ya sea por su comportamiento raro o por sufrir una caída, nos sentimos automáticamente superiores a él. Esto nos hace sentir tan bien que, de hecho, nos reímos de placer, explica el sitio especializado PsychCentral.

Pero existe una salvedad. Si la persona afectada es un familiar o amigo cercano nuestro, nuestro instinto para prevalecer quedará relegado frente a la necesidad de brindarle apoyo, por lo que no nos causará gracia. Por esto tienen tanto éxito los videos de caídas o golpes en YouTube: se trata siempre de personas que no conocemos.

3. La diversión del dolor

Sí, suena a sadismo, pero la verdad es que todos tenemos la capacidad de disfrutar -hasta cierto punto- del dolor ajeno. Según la psicóloga e investigadora del humor Diana Mahony, se trata de un concepto universal en los seres humanos, quienes nos solazamos ante la torpeza o bochorno de los demás.

“Existe mucha agresión y perversión en algunos tipos de humor. Creo que es sólo un reflejo de los aspectos negativos de la naturaleza humana”, explicó Mahony a la cadena estadounidense ABC.

Pero nuevamente, este concepto también tiene una excepción: la imprescindible voluntad de la víctima. Una cosa es ver a un skater sufriendo una caída o a un padre ser golpeado en el vientre por su pequeño hijo -ambos por su propia torpeza- pero otra muy distinta es ver a alguien siendo torturado.

4. El espejo

La última teoría es también una de las más curiosas y se relaciona con nuestra capacidad biológica para replicar las sensaciones de los demás. Está basada en estudios neurológicos realizados en los años 90, que descubrieron cómo las neuronas son capaces de reflejar los estímulos.

Según describe la revista Scientific American, cuando sufrimos una caída, nuestro cerebro envía órdenes instantáneas a las extremidades, por lo regular recurriendo a rápidas brazadas para tratar de recuperar el balance, o a contorsiones para intentar amortiguar el golpe.

Por esto, cuando vemos a otra persona caerse, algunas de nuestras neuronas se disparan como si nosotros estuviéramos sufriendo el accidente. Esto provoca algo que los investigadores han llamado “cosquilleo” cerebral, ya que se gatilla una estimulación nerviosa que al final, se manifiesta en forma de risa.

Así que la próxima vez que veas a alguien comprar terreno, no te sientas culpable. Sólo estás expresando tu coherencia, tu superioridad, tu sadismo o tu mimetismo. Bueno, quizá sí debas sentirte culpable un poquito.

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