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Isla de Pascua celebra el Tapati una genuina tradición del fin del mundo

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Isla de Pascua vive en estos días la Tapati, una de sus tradiciones más genuinas por la que una vez al año y durante quince días, dos candidatas y sus séquitos compiten para ser elegidas como reina, con pruebas culturales, artesanales o deportivas, constató un periodista de la AFP.

Los 6.700 habitantes de la isla deberán escoger si dan su apoyo a Lily, de 20 años, o a Celine, de 15 años, en función de sus afinidades, pero sobre todo, de sus lazos familiares, una difícil decisión que puede causar tensiones en una isla donde casi todos son primos entre ellos.

“Esto es una guerra, y ya empezó”, declaró Celine a la AFP, la primera noche de la competición.

Su padre asegura haber gastado el equivalente a 50.000 euros para conseguir la coronación de su hija. Y es que durante todo el año de preparación, es necesario confeccionar cientos de trajes de plumas, de conchas marinas y tejidos vegetales. Y durante los ensayos, también se debe alimentar a los competidores que bailarán, cantarán, nadarán, remarán e incluso surfearán por su reina.

Toda la energía de esta isla polinesia se concentra en las pruebas más espectaculares del certamen, como la tau’a.

Durante el tradicional triatlón, los atletas navegan en una canoa hecha en base a cañas, corren alrededor del espectacular cráter del volcán Rano Raraku, y lo cruzan a nado, todo bajo la atenta mirada de los moáis, las misteriosas estatuas de la Isla de Pascua.

Otros de los competidores se miden en el galope, y levantan grandes nubes de polvo sobre el suelo más bien pelado de la isla, donde los árboles son escasos. El caballo es un medio de transporte vigente en la Isla de Pascua, y la mayoría de Rapa Nui, como son llamados sus habitantes, son unos excelentes jinetes.

Las candidatas a reina también dirigen sus tradicionales bailes de 300 personas sobre el escenario, y deben hablar la lengua Rapa Nui, cantar, bailar, nadar y dominar todas las sutilezas del arte heredado de sus ancestros.

Las otras disciplinas se abordarán más tarde, como el acordeón o el tango, permitiendo así asegurar una competición permanente durante todo el festival, que termina cada noche a las dos de la madrugada.

En el marco de la competición, los más valientes intentarán el gran desafío del Haka Pei. Esta prueba no otorga puntos para las candidatas, pero impone respeto: los participantes construyen una especie de trineo con troncos de banano, y sobre él, deben bajar una colina a más de 80 kilómetros por hora. El único objetivo es llegar abajo sano y salvo.

Rapa Nui, como la llaman sus habitantes, es una isla chilena que reivindica su identidad polinesia y en particular su relación con el archipiélago de las Islas Marquesas, de las que según los pascuenses ellos son originarios. Sin embargo, en Isla de Pascua actualmente se habla Rapa Nui y castellano como lenguas oficiales.

Las relaciones de los pascuenses con el gobierno chileno pasaron por momentos tensos el año pasado con las protestas en reivindicación de la propiedad de las tierras, que consideran suyas por derechos ancestrales. Los isleños piden además más autonomía y la protección de sus escasos recursos naturales.

El gobierno chileno, por su parte, se comprometió a regular la entrada y residencia permanente de personas no nacidas en la isla, cuya presencia ha aumentado cerca de 30% en los últimos años, afectando la convivencia y el ecosistema.

Una compañía de baile de las Islas Marquesas, Kaipeka, participa por primera vez en la Tapati. Con su danza, los bailarines entusiasman a los 2.000 espectadores presentes -casi un tercio de los habitantes de la isla- gracias a sus “haka”, las viriles danzas de los guerreros polinesios, conocidas incluso hasta en Nueva Zelanda.

Uno de los bailarines se acerca y danza de forma muy sensual frente a la reina de la isla de Pascua coronada el pasado año, quien sin problemas se presta al juego.

Aunque separadas por miles de kilómetros, y sin contacto durante muchos siglos, las islas de la Polinesia han conservado sus artes, tradiciones y lenguas propias.

La Isla de Pascua, también conocida como “el ombligo del mundo”, se encuentra aislada en el medio del océano Pacífico, a más de cinco horas en avión de Papeete (Tahití) en el oeste, y de Santiago en el este. Pero esta lejanía no frena la llegada de los turistas.

El aeropuerto de Hanga Roa recibe un poco más de 65.000 turistas por año, lo que corresponde a la capacidad máxima de acogida de la isla, según la alcaldesa de la capital, Luz Zasso Haoa. Durante la Tapati, es perfectamente posible cruzarse con una pareja de japoneses buscando desesperadamente una habitación o un sofá para pasar la noche en el pueblo.

La fiesta terminará el 17 de febrero, con una suerte de Carnaval en la capital Hanga Roa. Los pascuenses, junto a los turistas, desfilarán casi desnudos, la mayoría de ellos tapados con una simple cubierta vegetal en forma de hilo.

Se pintarán sus cuerpos el uno al otro con colores preparados a base de aceites naturales para asustar o seducir, en un exotismo perfectamente asumido.

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