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Limp Bizkit salda una deuda pendiente con sus fanáticos chilenos en nostálgico concierto

Limp Bizkit | Wikimedia Commons
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Debió pasar más de una década para que los fieles seguidores nacionales de la agrupación nü metal, Limp Bizkit, pudieran ver, escuchar y emocionarse con las canciones que hicieron reconocida a esta banda a fines de los ’90, cuando a las 21:00 horas de anoche se presentó frente a un Movistar Arena a medio llenar.

Sólo cerca de 6 mil personas concurrieron al recinto del Parque O’Higgins, un claro signo del rutilante y a la vez efímero éxito de la agrupación, pero que en una hora y 40 minutos saldó una deuda pendiente mucho más larga que la cancelación de su show en octubre pasado por una lesión en el cuello del vocalista, Fred Durst.

Si bien el grupo oriundo de Jacksonville (Estados Unidos) arribó a nuestro país en el marco de la gira de su sexto disco, “Gold Cobra”, sólo la canción que abrió el concierto, “Why try”, pertenecía a éste. En el resto, el quinteto encabezado por Durst y el retornado Wes Borland en la guitarra, se paseó por los hits híbridos del rap y metal que marcaron a una generación.

Canciones de cada una de sus tres primeras placas que respectivamente ascendieron la fama de la agrupación, fueron tocadas y respaldadas por un efervescente público. Entre ellas, “Pollution”, del Three Dollar Bill, Y’all$ (1997); “Break stuff”, “Nookie” y “Re-arranged” del Significant Other (1999), y “Take a look around”, “Hot Dog”, “My generation” y “Rollin’” del Chocolate Starfish & The Hot Dog Flavored Water (2000). Esta última, pedida anticipadamente por la gente con el ya clásico vaivén de manos empuñadas como si condujeran un automóvil.

Destacable fue la actuación de Borland quien, más allá de llamar la atención por su peculiar disfraz y estar pintado completamente de negro desde su cintura hasta las orejas y a partir de ahí de blanco hasta su cabello, interpretó ambientes sonoros y riffs distorsionados únicos, que conjugaban el merecimiento de tener frente a su fanaticada a los integrantes originales de la agrupación.

El carismático Durst hizo sentir desde principio a fin su interacción con el público, que en su mayoría era veinteañero, llegando a los 30.

En “Faith” (cover de George Michael), bailó con una mujer que se subió al escenario; en “Behind blue eyes” (canción reversionada de The Who y la única que bajó las revoluciones entre tanta distorsión de guitarra y rap coloquial) repartió latas de cerveza, y en “Full Nelson” invitó a un fanático a cantarla junto a él.

Entre insultos recíprocos del frontman y el público, algo característico en sus conciertos, Durst se sinceró manifestando que hace 15 años esperaba un momento como el vivido anoche.

De esta manera, Limp Bizkit cerró un show memorable y nostálgico para, principalmente, la generación de adolescentes que creció entremedio de dos siglos escuchando también a otros contemporáneos como Korn, Rammstein, Linkin Park y Deftones.

Con algunos de estos grupos, que ya han visitado nuestro país, Limp Bizkit compartió escenario en el recordado festival estadounidense Family Values 98.

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