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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Melanie Taylor, exmonja, comparte su historia en el podcast "La Vida sin Velos" Tras una velada de stand-up comedy con Paloma Salas, surgió la idea de contar su historia. Melanie relata su experiencia en las Siervas del Plan de Dios, marcada por la manipulación y rigidez moral. Luego de años de crisis vocacional, finalmente dejó la vida religiosa.

Hace 16 años, la vida de Melanie Taylor (35), era bien distinta de lo que es ahora, ya que en aquellos años, era una monja.

Mucho tiempo después, ni siquiera hubiera pensado en relatar para todo el mundo, sus impresiones en torno a la decisión que dejó una huella imborrable, pero un suceso inesperado le abrió las puertas.

Hoy Taylor, comparte su historia a BioBioChile, que puede verse en su podcast La Vida sin Velos. “No fue pensado, fue algo que se dio, de manera loca e inesperada”, anticipa Melanie Taylor a nuestro sitio web.

Una velada de stand-up comedy con la comediante Paloma Salas, permitió que Cristián Meneses, exsacerdote jesuita y Melanie Taylor, que formó parte de las Siervas del Plan de Dios (rama femenina del Sodalicio de Vida Cristiana, una comunidad religiosa de origen peruano, disuelta por el Papa Francisco en 2025) crearan su podcast.

El origen del proyecto -relata Taylor- surgió después del show, cuando Melanie en una breve conversación con Salas, le comentó que Meneses (apodado cariñosamente como Chubi) y ella, habían consagrado su vida a Cristo. Después de la revelación, la standupera los invitó a su podcast Expertas en Nada, donde fueron un par de ocasiones para relatar sus vivencias personales. Inesperadamente, cuenta Taylor, el ejercicio de contar su historia personal, les permitió sentir mucha libertad, haciendo que la conversación, les permitiera hacer catarsis de lo vivido en esos intensos años.

“Para nosotros fue una linda experiencia, pero además, la acogida del público, fue superbuena y ahí empezamos a recibir muchos comentarios de distintas personas, conocidas y desconocidas, que nos decían porque no hacemos un podcast”, expresa Taylor.

La Vida sin Velos

De esta manera, nació la Vida sin Velos, un espacio en el que descubrieron, podían hablar libremente. [“Le pusimos la Vida Sin Velos] porque es un juego de palabra en el fondo, porque estamos sin los atuendos propios de la vida consagrada, pero también estamos sin estos filtros que uno se pone, como hablar cuidando a los otros o cuidando la imagen de la iglesia como institución”.

Con relación a los escasos testimonios relacionados con exsacerdotes o exmonjas publicados en los medios, Taylor repara que no cree que es casualidad. “Quizás no hay tantos testimonios de personas que han salido, porque se te queda un chip de no hablar mal, que tampoco es nuestra idea, pero lo que sí queremos es poder hablar en libertad”, resalta a la presente redacción. “Queremos hablar como fueron las cosas, sin miedo”, añade Melanie.

“Ninguno de los dos está en una parada de hater ni menos con la herida abierta, yo creo que tiene que ver con la perspectiva que tenemos con los años”, comenta Melanie que estuvo entre 2008 y 2014 en las Siervas del Plan de Dios. “Hay un deseo de develar cosas, porque creemos que eso aporta a las personas, pero no desde la rabia ni desde el deseo de hacer daño”, acota.

El nacimiento de una vocación

Al contrario de lo que se pensaría, Taylor no se crió en un contexto religioso ni menos fue por influencia de su familia. “Siempre tuve una sensibilidad social bien fuerte, que se manifestó desde que yo era muy chica”, recuerda a BBCL. “Yo era consciente de que me sentía con el deseo muy fuerte de poder hacer algo para ayudar a las personas”.

“Por el colegio nos llevaban una vez al año a un hogar de adultos mayores y creo que sería como la experiencia que tenía de servicio, pero a los 14 años, me invitaron a un encuentro de jóvenes [organizados por el Sodalicio de la Vida Cristiana], que me marcó harto y fue bien potente”. “Me daba cuenta que yo era superprivilegiada y quería tener mi espacio donde pudiera poner mi grano de arena”, relata Melanie. “Ese fue el punto de inicio para empezar a involucrarme en otras cosas”, complementa.

“Entonces empecé a ir desde los 14, me metí con todo y empecé a ir a hospitales, misiones, a dar comida a personas en situación de calle”, indica. “Voy descubriendo demasiada alegría de querer dedicarle toda mi vida, porque nada me hacía tan feliz”, detalla. “Aunque en paralelo, hubo una manipulación vocacional superfuerte de parte de las monjas, que me vieron una potencial candidata a monja”, cuestiona Melanie. “Empezaron también todo un proceso de darme un acompañamiento espiritual, de invitarme todo el rato, de llamarme, de decirme que me veían con vocación”, puntualiza.

“Jamás se me había ocurrido ser monja ni mucho menos, no tenía nada que ver con mi vida. Pero todo esto, se empezó a dar en paralelo, con estar compartiendo con las monjas, que me empezaron a buscar y que me dijeron que ven cosas en mí”, destaca Taylor a BBCL. “Viví un proceso supermanipulado, que era parte un poco de la tónica de la congregación a la que finalmente entré”, resume.

“Yo agradezco independiente de cómo se dieron las cosas, haber vivido todo lo que viví, porque fue parte de mi historia y de quien soy hoy”, rescata Melanie Taylor.

Una vida consagrada

Después de ingresar al Sodalicio, Taylor ingresó a una casa de formación en la ciudad de Chosica, en las afueras de Lima. En una zona de campo, Melanie se preparó junto a sus compañeras, para consagrar su vida a la iglesia Católica. “No salíamos mucho de la casa, solamente para ir a misa. Era una casa con un patio gigante, con una pista de atletismo y con una piscina semiolímpica para nadar”.

Según su propio relato, allá encontró una vida parecida al servicio militar, “era superestricto, nos levantábamos a las seis de la mañana a hacer ejercicio y después volvíamos a hacerlo en la tarde. Teníamos una vida superdisciplinada de oración, de estudio y de pruebas”. “Era una dinámica de miedo, con harto reto”, reconoce.

Y es más, Taylor cuenta que si uno se atrevía a defenderse, nuevamente empezaban las rondas de gritos y humillaciones, ya que se buscaba forjar el carácter. “A esa edad, no tenía como saberlo ni darme cuenta”, afirma Melanie Taylor, que ingresó a los 18 años a las Siervas.

Durante un año y medio, la dinámica “tuvo de todo”, relata la exmonja. “Había tiempos de calma, pero también fue superdifícil, en cuanto a que la dinámica era angustiosa, ya que la incertidumbre de que un día podía ser hermoso, donde todos estaban felices y al día siguiente, quedaba la cagada, porque empezaban los gritos”, expresa con amargura.

“No me ubicaba en esa forma de vida”

Después de terminar el período de preparación, Melanie fue la primera de su generación que mandaron a otro lugar, cuyo destino fue la ciudad de Guayaquil, en Ecuador. “En Guayaquil, hice toda mi vida apostólica, en el que estuve a cargo de proyectos, ahí estuve a full servicio, trabajé en pastorales, en universidades, en colegios y también hice clases, dirigí muchos grupos de jóvenes, me tocaba dar charlas y talleres, además de organizar encuentros y congresos”, explica Taylor a la presente redacción.

De ese trabajo pedagógico, Melanie recuerda con gran cariño a sus alumnas, con quienes aún les une un lazo de amistad. “Estaba feliz y de repente no me daba cuenta de miles de cosas”, comenta Taylor. Aunque con la perspectiva del tiempo, Melanie cree que ese nivel de actividades, pudo influir en que evadía los momentos de crisis que posteriormente vivió. “Me encantaba lo que hacía, pero no me ubicaba en esa forma de vida”, revela a BioBioChile. “Sentía un dolor, pero ni siquiera me atreví a mirarlo mucho, porque no quería dejar todo eso que estaba haciendo”, resume.

Eso sí, para la exsierva, la obediencia se sentía como un “yugo” patente en su vida. “El celibato no me complicaba tanto, no es que me proyectaba demasiado en una vida en pareja ni nada, pero tampoco es que decía, ‘pucha, que feliz me hace la vida célibe"”, recuerda.

Pese a que disfrutaba el contacto con los feligreses, Melanie sintió que verdaderamente no era su vocación. Así pues, pronto decidió salirse de la organización religiosa cuando una amiga cercana había decidido colgar los hábitos. La noticia se sintió como una explosión en su propio interior. “Anita, era alguien con quien me reconocía mucho como a nivel vocacional”, explica Melanie. Entonces su pensamiento fue el siguiente: “Bueno, si Anita se da cuenta que esta no es su vocación, ¿De qué me agarro yo?, se cuestionó Taylor.

“Ahí creo que me permití hacer la pregunta después de muchos años”, reflexiona. “No me había atrevido hacerme esa pregunta antes, me la había hecho muy al inicio, pero había recibido una respuesta superviolenta”, declara Taylor. “Lo metí todo debajo de la alfombra, porque no estaba permitido nomás, porque esa ya era mi vocación y tenía que quedarme ahí”.

En ese momento, Melanie Taylor acudió a su consejera espiritual, Sandra, quien notaba los signos de que sus dudas vocacionales eran serias. “Después supe que ella estaba presionada para mantenerme, pero ella como ser humano y con todo el cariño que nos teníamos, se dio cuenta de mi crisis”, detalla.

Todavía más, Taylor sintió que debía abandonar el país y regresar a Perú, para seguir con el proceso de abandonar los hábitos. Así pues, después volvió donde todo había empezado, pero a un hospital naval, cuyo ritmo pausado, le permitió aclarar su vida y permanecer en un retiro que terminó con su salida de la rama femenina de el Sodalicio de Vida Cristiana dos meses después.

“Me sentía como un bicho raro”

Viendo el tiempo para atrás, Melanie cree que el estilo de vida de una monja no era lo suyo. “Sentía que era una camisa de fuerza”, describe a BBCL. A todo esto, Taylor expresa que al momento de tomar la decisión, fue con “mucho miedo, fue supervertiginoso, era una montaña rusa, a veces sí, a veces no, tampoco es que fue superclaro los dos meses, pero claro, de repente me moría de miedo”, revela.

“[Sentía] que me estoy confundiendo, no sé qué, pero volvía como a la calma y veía superclaro que no era ahí, que me anulaba el miedo de salir, pero lo tenía claro que ahí no era”, complementa.

Al momento de dejar el hábito, Melanie afirma que fue “un momento superbizarro, pero superbonito para mí”, explica. En ese sentido, cree que la mística que rodeaba al hábito, que era como ver un signo de Dios en el mundo, era una responsabilidad demasiado grande, ya que la gente la buscaba para encontrar refugio. No obstante, este pensamiento fue haciendose menos ideal y en el último tiempo, prácticamente sentía que el hábito le pesaba, “me sentía como un bicho raro”, asevera.

“[Sentía] que quería pasar piola, no quería tener que hablar a nombre de nadie, quería ser yo”.

Ya con 24 años, Melanie Taylor abandonó el hábito, que prácticamente estaba unido a su identidad como mujer. Así pues, al regreso a Chile, le preguntaron cuándo y dónde quería sacárselo, por lo que eligió que se lo iba a sacar camino al aeropuerto. “Llegué con una ropita y entré al baño del aeropuerto, me acuerdo que entré al baño de personas con discapacidad, porque me dio nervios entrar al público y como que hubiera gente que me viera entrar de monja y me viera a salir de civil, me dio pudor esa sensación”, afirma.

En un ritual muy personal, se fue sacando las cosas, revelándose que ahora no hablaba a nombre de nadie. “Fue loco salir de ahí, me acuerdo que me miraba en los vidrios del aeropuerto y no me reconocía”, remarca Taylor.

16 años después

Después de volver a su vida de “civil”, Melanie estuvo trabajando 7 años en un colegio de San Bernardo. “Me ayudó mucho la pega, ahí fue precioso, porque estuve a cargo de proyectos sociales, de grupos juveniles, yo igual seguí en la misma lógica un poco. Cuando salí, obviamente, me saqué el hábito, pero yo seguía siendo la misma persona y ese proceso de deconstrucción y de reencontrarte se demora un rato. Entonces, obviamente, yo salí supercreyente todavía por un par de años”, confiesa.

“Ese trabajo me ayudó a reconectar mucho conmigo”, indica Taylor Charme. “[Ahí] tuve la claridad de que lo que me había llevado a la vida consagrada, era superpropio mío y tenía que ver con los anhelos que seguían supervivos y que yo pude vivir con más intensidad, libertad y autenticidad que en las monjas”.

“Fueron años de ir desarmando y construyendo mi nueva versión, porque obvio que la cabeza se demora”, afirma pensativa.

Consultada sobre quién es hoy Melanie Taylor, la exsierva toma unos segundos y contesta: “soy una mujer muy apasionada, que se empeña en las causas que le hacen vibrar el corazón”. Así también, desde que salió de la vida religiosa, Melanie señala que creó un emprendimiento que se llama Vive Ubuntu, un juego de cartas para conectar emocionalmente con las personas. “Mi aporte a la sociedad, es poder acompañar procesos internos desde lo humano, es lo que hoy me hace más feliz”, cierra.